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Un complejo crimen registrado en Río Gallegos, en 2023, comenzó a ser juzgado este jueves en las instalaciones de la Cámara Oral. Se trata de la muerte de Franco Cuevas, un hombre que ingresó a una concesionaria y fue asesinado por el propietario tras veinte minutos de discusión.
Por el caso se encuentra imputado, con prisión domiciliaria, Roberto Neil, quien este jueves fue sentado en el banquillo de los acusados para comenzar a ser juzgado en un hecho calificado por algunos como legítima defensa y por otros como homicidio agravado.
La causa llegó con esta última calificación tras la modificación que, en su momento, realizó el Juzgado de Recursos a cargo de Nelson Sánchez y, desde las nueve y media de la mañana de este jueves, el tribunal de la Cámara Oral comenzó a juzgar a Neil.
El tribunal estuvo presidido por María Alejandra Vila; junto a ella, el vocal titular Jorge Yance y Yamila Borquez, quien ocupó el lugar de vocal subrogante.
Desde el inicio de la jornada, el clima fue tenso. En la primera fila del público del recinto se ubicaron los familiares del acusado. En la segunda, los seres queridos de Franco Cuevas. Los primeros llevaron un cartel que no pudieron desplegar, mientras que los restantes vistieron remeras que pedían justicia por el joven que murió dentro de la concesionaria.
A los costados del tribunal estuvieron las partes involucradas en el caso: de un lado, la defensa representada por Mariana Barbitta y Matías Gutiérrez; del otro, la fiscal de Cámara Verónica Zuvic, su adjunta Aldana Ulloa y la querella representada por Jorge Trevotich. Junto a él, Rosa Zúñiga, madre de Franco Cuevas, quien en reiteradas oportunidades se mostró acongojada, dejó caer lágrimas y debió abandonar la sala tras sufrir una leve descompensación.
Un murmullo constante dominó el recinto, que se acrecentó con el ingreso de Neil. Apareció con un rostro entre firme y desafiante. Una pulsera santoral se divisó cuando los agentes del área de Traslados del Servicio Penitenciario Provincial (SPP) le retiraron las esposas antes de que se sentara junto a sus abogados.
El acusado lucía muy diferente a la foto usada en notas anteriores para ilustrarlo. Vestía una camisa cuadrillé, jeans tipo vaquero y mocasines negros que, cada tanto, cruzaba mientras estaba sentado para dar su versión de los hechos.
El debate comenzó tras la lectura de la acusación. Inició con una batería de planteos de nulidades presentada por la defensa de Neil, en torno a la instrucción de la causa y también a la presencia de Trevotich y Zúñiga como querellantes, ya que, en una oportunidad, cuando la causa había sido elevada a juicio, mostraron un presunto “desinterés” de la parte.
En igual sentido, quienes defienden a Neil aseguraron que su cliente “no fue oído” y que no fue notificado cuando se incorporaron algunas pruebas. Todo este primer tramo del juicio resultó engorroso para los familiares, quienes, ansiosos pero confundidos, mostraban gestos de no entender lo que ocurría.
Tanto Zuvic como Trevotich desestimaron lo solicitado por la defensa, y el tribunal decidió darle la razón a la querella y a la Fiscalía. De igual modo, Barbitta adelantó que aún está la reserva del caso federal, es decir, que podría resolverse en otra instancia tras la finalización de este debate.
Luego llegó uno de los momentos más tensos del juicio: la indagatoria al acusado. Fue consultado si quería usar su derecho a declarar y, tanto sus seres queridos como los de Cuevas, comenzaron a murmurar mientras la secretaria de Cámara le leía sus derechos.
La indagatoria
El silencio se apoderó de la sala. Neil fue custodiado por dos agentes del Servicio Penitenciario Provincial que se colocaron detrás de él cuando se sentó en el banquillo. Neil comenzó relatando cómo había empezado aquel día: contó que fue a la casa de sus padres a darles la medicación antes de ir a la concesionaria donde, minutos después, ocurriría el hecho que terminó con la vida de Franco Cuevas, uno de los integrantes de la vivienda ubicada a metros del local. Con un tono que variaba entre cándido e inocente para quien lo escuchó, sostuvo que solo se defendió y que él sería la verdadera víctima del episodio.
Durante su declaración, Neil relató con detalle los antecedentes del conflicto con la familia Cuevas, originado por la disputa de un terreno vecino a su concesionaria.
“El terreno originalmente pertenecía a una señora de apellido Ortiz. Yo compré una parte en 2011 y ellos ocupaban la otra. En 2005 ya existía una orden de desalojo contra ellos”, explicó.
El acusado aseguró que los Cuevas firmaron un acuerdo de desalojo con prórroga, pero no se retiraron. “Lejos de irse, me mandaron a matar”, afirmó Neil ante el tribunal.
El empresario afirmó que nunca tuvo intención de despojarlos, sino que buscaba mantener su negocio sin conflictos: “Yo compré mi terreno, lo pagué, lo trabajé. Solo por levantarme e ir a trabajar terminé con mi vida destruida. Ellos firmaron que se iban y no cumplieron”.
Durante la audiencia, Neil presentó una fotografía en la que se observa a Cuevas con un arma, y la entregó a la jueza Vila como parte de su defensa. Sin embargo, la familia de la víctima aseguró que la imagen fue generada con inteligencia artificial (IA), lo que abre un nuevo punto de controversia en el juicio.
En reiteradas oportunidades encogió los hombros, como si lo que hizo fuera la única alternativa que le quedaba tras -según sus palabras- sentirse “acorralado” cuando Cuevas lo insultó durante veinte minutos y él solo le pedía que se retirara del lugar. “Yo quería que se vaya para empezar a laburar”, aseveró.
Cuando explicó cómo fue el momento en el que sintió “la explosión”, Rosa Zúñiga se retiró del recinto durante algunos minutos tras vivir ese instante tórrido, tanto por lo movilizante como por el ambiente cargado que se respiraba.
Sobre los momentos previos, Neil afirmó que “en todo momento me estaba puteando, me dijo que a mi señora y que a mi mamá hay que violarlas”, y agregó que cuando Cuevas se le acercaba tenía olor a alcohol: “tenía el perro, pero yo pensé que tenía un cuchillo”.
Apoyado con registros fílmicos proyectados en la sala, Neil fue sentado frente al público y de espaldas al tribunal. Con ayuda de un puntero láser, señaló momentos en los que Cuevas hacía ademanes de intentar sacar algo de entre sus prendas.
Algo curioso es que, tanto en los videos como mientras estaba frente al proyector, Neil mantenía una mano dentro del bolsillo.
Durante esta exhibición hubo algo significativo: la presencia de Carla Cuevas, hermana de la víctima fatal, quien desde el fallecimiento de su familiar ha sido la voz de la familia en los medios. Mientras todos observaban el video, ella miraba fijamente a Neil, apretando los puños, como conteniendo la ira.
“Lo único que faltó es que me c… a tiros. Si me pegaba una trompada y se iba, no pasaba nada”, dijo y cargó contra la víctima. “Él no era buena persona, ya tenía denuncias; sabía de algunos hechos, como cuando golpearon a un anciano solo por ser testigo de un hecho donde él estuvo involucrado. Por eso yo no denunciaba”, declaró ante el tribunal, y reflexionó: “debería haber denunciado las amenazas”.
En otro tramo de su indagatoria, el acusado aseguró que, en una oportunidad, “me dijeron que si ellos se iban de la casa usurpada me iban a quemar el rancho”.
Cabe recordar que el conflicto entre los Cuevas y los Neil surge de una resolución firmada por el juez Francisco Marinkovic sobre el desalojo de la vivienda de la esquina de French y Congreso, donde reside la familia Cuevas, tal como adelantó La Opinión Austral la semana pasada.
“Por el caso perdí todo; si no fuera por mi familia no tendría nada. Me arruinaron la vida”, dijo casi entre lágrimas, algo que fue recibido con gestos de desaprobación por la familia de la víctima.
Neil aceptó responder algunas preguntas de la Fiscalía, pero no de la defensa, algo que tomó por sorpresa a los presentes.
La defensa había solicitado una reconstrucción o inspección en el lugar del suceso, pero esto no fue aprobado. De igual manera, con perspicacia, Vila le permitió reconstruir la mecánica del hecho en la sala, con un integrante del Poder Judicial haciendo las veces de Franco Cuevas.
Tras reconocer el arma de fuego, tanto el trabajador judicial como Neil se colocaron frente a frente y, según el acusado, Cuevas sacó la pistola de la campera usando la mano derecha. Ante esta situación, él, también con su mano derecha y luego con la izquierda, logró girar el cañón del arma hasta que sintió lo que calificó como la primera “explosión”. Según su testimonio, el forcejeo fue intenso y se produjeron varios disparos mientras ambos intentaban controlar el arma. “Yo soy zurdo asique no podía tener toda la fuerza con la derecha porque se me acusa de haber tirado con las dos manos“.
Una cuestión que llamó la atención a la Fiscalía fue el cuestionamiento de Zuvic al accionar de Neil en una de las oportunidades en las que Cuevas se retiró de la concesionaria: “¿Por qué no cerró la puerta principal?”, fue lo que planteó la representante del Ministerio Público.
Los primeros interventores
El juicio pasó a cuarto intermedio hasta las 16 horas cuando las partes nuevamente se reunieron en la sala para comenzar con los primeros testimonios. Quienes lo hicieron fueron efectivos policiales que, de una u otra forma, formaron parte de la primera intervención.
Se trató de un grupo de tres agentes de la fuerza de seguridad que fueron los primeros en llegar tras el llamado de Neil. Todos ellos coincidieron en que el acusado estaba en estado de nerviosismo y uno de ellos llegó a decirles: “ahí está la m… esa” señalando el lugar donde había quedado el arma de fuego, entre dos camionetas que estaban en exhibición en la dársena delantera de la concesionaria.
Una palabra relevante fue la de Julio Álvarez, comisario y jefe de la Seccional Segunda en aquel momento. Él aseguró que si bien vio a Neil nervioso no fue necesario la fuerza para trasladarlo a la dependencia policial.
Además, todos coincidieron en que momentos después llegaron familiares del acusado y que tuvieron que impedir que ellos ingresen a la concesionaria para resguardar la escena del crimen.
El itinerario del juicio indica que, posiblemente, mañana en la mañana ya declaren los peritos que trabajaron en la instrucción de la causa, como por ejemplo Roxana Contreras que realizó la autopsia en los restos de Cuevas y los alegatos podrían ser por la tarde o el lunes, si así lo resuelven las partes con el tribunal por una cuestión logística.
En los pasillos de la Cámara se habla de un caso complejo donde no sería consistente la declaración de Neil, dejando de lado el principio de la navaja de Ockham, o ley de la parsimonia, que establece que ante varias explicaciones posibles para un fenómeno, la más simple suele ser la más probable entendiendo que este se trataría de un hecho típico.
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