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Las intensas ráfagas que azotan desde la madrugada al interior de Santa Cruz obligaron a activar operativos especiales en distintos puntos de la provincia. En La Esperanza, uno de los sectores más castigados por el temporal, la División Unidad Operativa Caminera desplegó una serie de intervenciones preventivas que incluyeron recomendaciones a la comunidad, patrullajes constantes y la asistencia directa a un vecino cuya vivienda se encontraba en riesgo de apertura por la fuerza del viento.
El operativo estuvo encabezado por el Subcomisario Moreno, junto al Oficial Subinspector Monier, quienes trabajaron bajo las disposiciones impartidas por la Superioridad y en coordinación con el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) Provincial, que mantiene activa una alerta meteorológica naranja por vientos intensos. Las ráfagas, en algunos sectores, superaron ampliamente los 100 km/h y provocaron inestabilidad en estructuras y elementos expuestos.
Durante la jornada , los efectivos recorrieron la zona para advertir a los vecinos sobre las medidas de seguridad necesarias ante este tipo de eventos climáticos. Entre las recomendaciones se insistió en asegurar chapas, tanques, cartelería y cualquier objeto suelto susceptible de ser levantado por el viento; limitar la circulación por rutas; evitar actividades al aire libre; y mantenerse alejados de árboles inclinados, postes inestables y cables caídos. También se recordó la importancia de seguir solo información oficial del Servicio Meteorológico Nacional y del COE Provincial.
En paralelo, se difundieron los números de emergencia para la población: Protección Civil (103), Policía (101), Bomberos (100) y las líneas de guardia de La Esperanza. La prioridad, remarcaron desde la fuerza, es evitar incidentes que puedan derivar en daños materiales o lesiones durante la tormenta.
Pero la jornada no solo estuvo marcada por tareas de prevención. En uno de los patrullajes, el personal de la Caminera detectó que la vivienda de un vecino presentaba riesgo de apertura en una ventana que ya había sufrido daños a principios de año, durante otro temporal similar. Las ráfagas volvían a comprometer la estructura, amenazando con desprendimientos y filtraciones.
Los agentes actuaron de inmediato: reforzaron el cierre, aseguraron el sector afectado y colaboraron con el vecino para evitar que el viento produjera un daño mayor. La intervención permitió estabilizar la zona comprometida y prevenir un incidente que podría haberse agravado con el correr de las horas. Se trató de una tarea realizada en plena contingencia, cuando las condiciones climáticas complicaban cualquier manipulación y exigían pericia y rapidez.
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