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El prolongado y dramático operativo que paralizó a la provincia de Santa Cruz durante casi una semana tuvo su momento más cargado de humanidad, dolor y desahogo profesional en la palabra de las fuerzas de rescate. Luego de confirmarse la recuperación de los cuerpos de los dos hermanitos de 10 y 12 años en la zona rural de Palermo Aike, las autoridades operativas brindaron una conferencia de prensa en la que la rigurosidad técnica dio paso a una profunda emoción colectiva. En ese contexto, el comisario Pablo Aguirre, jefe del Departamento de Grupos Especiales de la Policía provincial, no pudo contener las lágrimas al repasar la entrega ilimitada de sus hombres en las heladas aguas del río Gallegos.
El jefe policial explicó con precisión técnica cómo la recolección de testimonios y los relevamientos de la jornada previa permitieron reconfigurar el área de inmersión para dar con el paradero de los pequeños, quienes habían desaparecido tras caer al cauce en el sector conocido como La Toma. El profesional detalló que la delimitación del denominado “punto cero” fue la clave que orientó las maniobras de buceo táctico hacia el lecho fluvial, donde la presencia de vegetación y troncos sumergidos retenía a las víctimas.
Al momento de detallar la compleja mecánica de las maniobras subacuáticas y el trabajo de remoción realizado a oscuras y al tacto, el comisario Aguirre precisó el desenlace de las tareas: “Evidentemente, la información recabada (por el miércoles) ayer y marcar el punto cero hizo énfasis en esa zona. Se trabajó sobre posibles enganches en el fondo submarino y, al hacer eso, se pudieron liberar los menores, en el transcurso de ese arduo trabajo subacuático”.
En su exposición ante los medios de comunicación, la autoridad policial graficó cómo las corrientes cambiantes del río y el flujo del agua incidieron en el desplazamiento de los cuerpos una vez concretada la maniobra de desenganche. Asimismo, remarcó que las brigadas terrestres complementaron la tarea peinando minuciosamente ambos márgenes del cauce hídrico para asegurar la efectividad del procedimiento.
Sin embargo, el instante de mayor tensión emotiva se produjo cuando el comisario Aguirre hizo una pausa para poner en valor la entrega extrema, la resistencia física y el compromiso ético demostrado por los efectivos que le dependen directamente, quienes operaron en turnos maratónicos desafiando la hipotermia y el agotamiento psicológico. Con la voz quebrada por el dolor contenido durante cinco jornadas, sostuvo: “Quiero resaltar el equipo de trabajo del Departamento de Grupos Especiales. Empezamos a trabajar desde el momento uno. Nos quedamos hasta que los equipos de respiración se quedaban sin aire. Quiero resaltar el excelente recurso humano, quedó demostrado que está a la altura de las circunstancias, y quiero reconocer a cada uno de los efectivos que me dependen”.
La conmoción del jefe de la unidad operativa terminó de conmover a los presentes cuando desnudó su faceta más íntima y se puso, en primera persona, en el lugar de la familia devastada que aguardaba a la vera de la ruta. Quebrado por las lágrimas pero con la templanza de quien sabe que cumplió con el deber más sagrado de la fuerza, expresó: “Nuestra misión era que sus padres puedan despedir a sus hijos. Yo tengo dos hijos y no me gustaría estar en su lugar. Nosotros trabajamos como si fueran nuestros hijos y la idea era terminar. Todo el equipo está muy cansado, pero no importa”.
Hacia el tramo final de la rueda de prensa, y al momento de sopesar el balance de una de las emergencias más complejas registradas en la historia reciente de la capital santacruceña, el comisario ponderó la trascendencia del trabajo interinstitucional y el diseño estratégico desplegado en el campamento de Palermo Aike. En la misma línea, remarcó la importancia de la organización del operativo al ratificar: “Acá es donde se coordinaron todas las tareas. Esto es planificación y coordinación, y llegamos a buen puerto para que sus padres puedan despedir a sus hijos”.
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