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Tras el brutal choque que conmocionó a Río Gallegos, el saldo humano expone la cara más cruda de la imprudencia al volante: una familia destruida que lucha por salir adelante y un conductor alcoholizado que, paradójicamente, ya camina libre por las calles. Mientras la esposa y la hija del juez Carlos Albarracín se recuperan de graves lesiones, la comunidad local transforma la indignación en acción mediante una urgente cruzada solidaria.

El hermetismo inicial que suele rodear este tipo de siniestros viales ha comenzado a disiparse, permitiendo conocer la verdadera magnitud del drama que atraviesa la familia del magistrado. Fuentes oficiales y sanitarias consultadas por La Opinión Austral brindaron un panorama detallado sobre el estado de salud de los involucrados, confirmando lo que en un principio era solo un rumor: la disparidad en las consecuencias del choque es tan alarmante como indignante.

En medio de la angustia, la noticia sobre el pequeño Jerónimo representó un verdadero milagro para el entorno familiar. Según las fuentes consultadas, el niño resultó ileso y no sufrió ningún rasguño, una anomalía afortunada dada la cinemática del violento impacto. Sin embargo, la peor parte se la llevaron las mujeres de la familia. La esposa del juez, de nombre Gabriela, tuvo el alta el mismo día del incidente ya que no había más camas aunque si tiene dos costillas quebradas.

Así quedó uno de los rodados. FOTOS: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

Pero es el estado de la hija del matrimonio, una niña de 11 años que también lleva el nombre de Martina, lo que mantiene en vilo a toda la sociedad santacruceña. La menor se encuentra atravesando horas críticas en la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Regional. Los partes médicos indican que terminó con gravísimas lesiones traumáticas, destacándose una fractura expuesta de fémur que obligó a los cirujanos a intervenirla de urgencia apenas ingresó al centro de salud. Según pudo saber La Opinión Austral que le colocaron dos clavos durante la intervención, en que caso que su cuerpo tolere los dispositivos ortopédicos, no tendría que ser sometida a una segunda operación.

Debido a la enorme pérdida de sangre se le bajaron los glóbulos rojos y está siendo revisada por un equipo interdisciplinario.  Además de la complejidad del cuadro clínico postoperatorio, su pronóstico es reservado y requiere de la inmediata colaboración de la ciudadanía.

Ante este escenario de extrema vulnerabilidad, se ha articulado una campaña contrarreloj. La convocatoria para asistir a la menor está fijada para este mismo domingo 27 de septiembre, a partir de las 9:00 de la mañana, en las instalaciones del Banco de Sangre del Hospital Regional Río Gallegos (HRRG). Los requisitos para quienes deseen aportar su granito de arena y extender un brazo solidario son simples pero estrictos: ser mayores de 18 años, gozar de buena salud y presentarse con el Documento Nacional de Identidad (DNI). En tiempos donde la empatía suele escasear, se espera que la histórica respuesta solidaria de los vecinos de Río Gallegos vuelva a hacerse sentir en las puertas del nosocomio.

La contracara de esta vigilia desesperada genera un profundo malestar social. Respecto a los ocupantes del otro vehículo involucrado, las autoridades confirmaron que, según los peritajes iniciales manejaba bajo los efectos del alcohol, ya recibió el alta médica y abandonó el hospital.

Distinta es la suerte de su acompañante, quien se transformó en otra víctima directa de la negligencia de quien conducía. Este hombre terminó con lesiones de extrema gravedad, a tal punto que la infraestructura sanitaria local resulta insuficiente para tratar su cuadro. Actualmente permanece estabilizado en el Hospital Regional, pero las autoridades médicas ya confirmaron que será derivado en un vuelo sanitario a un hospital de mayor complejidad en la ciudad chubutense de Comodoro Rivadavia.

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