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El incendio que arrasó una vivienda sobre la calle Onelli dejó mucho más que paredes calcinadas y recuerdos reducidos a cenizas. Detrás del siniestro, ocurrido en la mañana del sábado, hay una historia de fragilidad, desamparo y urgencia social que hoy conmueve a Río Gallegos. Alejandro Santana, ex profesor del Colegio Salesiano, de 66 años, se quedó con lo puesto y atraviesa horas críticas mientras su familia intenta encontrarle un techo y la asistencia que necesita.
Santana vivía solo en la casa que fue consumida por el fuego. Tiempo atrás había sufrido un ACV que le dejó secuelas importantes, con movilidad reducida y otras complicaciones de salud que requieren controles y medicación permanente. El incendio no solo destruyó su vivienda, sino que terminó de dejarlo sin un lugar propio donde vivir. La primera noche posterior al siniestro la pasó en la casa de una comadre, pero esa solución fue apenas transitoria y no resuelve su situación de fondo.
Según pudo saber La Opinión Austral, en el mismo terreno donde se produjo el incendio hay un pequeño departamento que logró salvarse de las llamas. Esa unidad pertenece al propio Santana, pero actualmente está ocupada por un conocido que abonaba un alquiler informal que apenas superaba los 100 mil pesos mensuales. Tras el incendio, la familia solicitó que ese espacio sea liberado para que el dueño del terreno pueda habitarlo, pero la persona que lo ocupa se niega a retirarse, profundizando el conflicto y la angustia.
La situación económica de Santana es extremadamente delicada. Días antes del incendio había cobrado su jubilación y, tras perder todas sus pertenencias, apenas le quedaron 300 pesos. A esto se suma que, en el pasado, ya había sido víctima de distintos robos, lo que había deteriorado aún más su estabilidad personal y material. Hoy no tiene domicilio fijo, depende de la ayuda de familiares y necesita con urgencia un lugar adecuado para poder recuperarse.
En paralelo, la familia inició gestiones ante el Ministerio de Desarrollo Social en busca de algún tipo de asistencia o alojamiento alternativo. Sin embargo, la respuesta que recibieron fue desalentadora. “Nos dijeron que no nos aseguraban nada”, señalaron con preocupación, remarcando la sensación de estar solos frente a una emergencia que requiere una respuesta rápida y humana.
Más allá de la pérdida material, el impacto emocional del incendio fue profundo. El propio entorno de Santana advierte que no recibió contención psicológica tras el shock que significó ver su casa destruida. “Lo más importante ahora es que pueda tener un lugar donde quedarse y que alguien lo ayude a tomar su medicación como corresponde”, expresaron en diálogo con este medio, subrayando que su estado de salud no le permite atravesar solo una situación de semejante estrés.
Mientras tanto, la familia apela a la solidaridad de la comunidad y busca una solución que le permita a Santana volver al departamento que es de su propiedad o, en su defecto, acceder a algún tipo de alojamiento provisorio. Para quienes quieran colaborar o aportar alguna ayuda concreta, se difundió el contacto de su comadre, quien está acompañando de cerca todo el proceso y centraliza las gestiones, el mismo es: 2966640844 (Graciela).
Por último, hubo una denuncia pública por parte del núcleo cercano de Santana. Ellos indicaron en declaraciones a este diario que, horas después del suceso, el principal afectado no tuvo asistencia hasta la llegada de una ambulancia de una empresa de salud privada, tampoco se resguardo la zona donde ocurrió el siniestro, “estaba abierto para que cualquier persona pudiera ingresar”.
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