Your browser doesn’t support HTML5 audio

La madrugada del 25 de mayo de 2024 quedó marcada para siempre en la memoria de la familia Mansilla. Rubén, un ex integrante de la Policía de Santa Cruz y padre de tres hijos, había salido a divertirse a un conocido local bailable de Río Gallegos. A pocos metros del establecimiento, en pleno centro de la capital santacruceña, fue brutalmente golpeado y quedó tendido sobre la vía pública. Días después, murió en el Hospital Regional Río Gallegos.

Más de dos años después, el caso llegó a juicio. Durante dos jornadas, la Cámara Oral escuchó a policías, familiares, especialistas, abogados, querella y Fiscalía. También se analizaron registros de cámaras de seguridad y distintos elementos incorporados a la causa.

El miércoles, el debate tuvo una definición que provocó sensaciones completamente diferentes entre las dos familias. La Fiscalía solicitó doce años de prisión para Luka Seijas, acusado como autor del hecho, pero retiró la acusación contra Facundo Ismael Díaz al considerar que no existían elementos suficientes para sostener su participación. Díaz recuperó la libertad.

Para la familia Mansilla, ese momento fue un golpe difícil de asimilar. Adrián Mansilla, hermano de Rubén, habló con La Opinión Austral después de los alegatos y realizó un fuerte descargo sobre lo ocurrido dentro de la Cámara Oral, cuestionó la decisión de liberar a Díaz y sostuvo que la lucha de la familia todavía no terminó. “Sentimos que la justicia volvió a matar a Rubén al dejar libre a Díaz; lo siguen enterrando”, afirmó.

Un juicio atravesado por el dolor

La jornada de alegatos se desarrolló bajo un clima de tensión. En el interior de la Cámara Oral estuvieron familiares de la víctima y de los acusados, además de los integrantes del tribunal, representantes del Ministerio Público Fiscal, la querella y las defensas.

Luka seijas sosteniendo un rosario mientras escuchaba los alegatos. FOTO:LEANDRO FRANCO / LA OPINIÓN AUSTRAL

Para Adrián, hubo situaciones durante el juicio que resultaron particularmente dolorosas. Al referirse al altercado registrado una vez finalizada la audiencia, explicó que se trató de un malentendido originado por una expresión realizada por una persona que trabajaba en el lugar.

“El altercado que hubo fue un malentendido. Al momento de terminar el juicio le dijo a un policía ‘un juicio menos’. Después nos pidió disculpas, pero no fue el momento ni la situación de decirlo. Él se refería a que había finalizado el juicio, pero la verdad es que para nosotros nunca terminó porque todavía sigue. Fue una falta de tacto total”, sostuvo.

Un familiar de Mansilla pidiendo explicaciones a la fiscal. FOTO:LEANDRO FRANCO / LA OPINIÓN AUSTRAL

Para la familia, la muerte de Rubén no puede quedar reducida a un expediente que termina cuando finaliza una audiencia. El duelo continúa y, especialmente para sus hijos, las consecuencias del crimen permanecen presentes. Adrián también cuestionó el trato recibido por los familiares de la víctima durante las audiencias.

“Hacia nuestra familia hubo mucho maltrato. Por ejemplo, no nos dejaban pasar agua y los familiares de Seijas andaban con botellas de agua adentro; yo lo vi todo. Si nosotros murmurábamos algo, nos castigaban y no nos dejaban decir nada. No se pusieron en el lugar nuestro, que somos las víctimas. El primer día del juicio a mi tía le llamaron la atención y la sacaron solo por tener una foto de mi hermano”, manifestó.

La referencia está vinculada a uno de los momentos que quedaron registrados durante la primera jornada del debate, cuando una familiar de Mansilla exhibió una imagen de Rubén dentro de la sala tal como lo informó La Opinión Austral.

El cartel con el rostro de Rubén Mansilla, sostenido por una familiar. FOTO: LEANDRO FRANCO/LA OPINIÓN AUSTRAL

Para los seres queridos del ex policía, esa fotografía representaba mucho más que una imagen: era la presencia de un hombre que ya no podía estar allí para defenderse ni contar su propia historia.

Como dato, una vez que terminó la jornada de los alegatos, ya en la explanada de la Cámara Oral. Adrián dijo que el abogado de Seijas, Gabriel Giordano, abordó a la familia mansilla y “burlándose quiso saludarnos, cuando les negamos el saludo nos dijo que investiguemos al hospital, como riéndose, como burlándose, eso no lo puede hacer. Es un desubicado que no tuvo respeto” aseveró el hermano de la víctima.

El encuentro con el padre de Seijas

Durante el juicio también se produjo un encuentro entre Adrián y el padre de Luka Seijas. El hombre se acercó y le tomó la mano. Adrián explicó a La Opinión Austral qué ocurrió en ese momento.

La sala de juicio durante el debate. FOTO: LEANDRO FRANCO/LA OPINIÓN AUSTRAL

“Él me agarró la mano porque me quedó mirando fijo y me pidió que lo dejara hacerlo; me pidió perdón nada más. Pero el perdón no me lo tiene que pedir a mí, se lo tendría que haber pedido a sus hijas, a mis sobrinas. Por más perdón que pida, le arrebataron la vida a mi hermano con una maldad tremenda”, expresó.

El momento se produjo en medio de una causa que, desde el inicio, estuvo atravesada por el dolor de dos familias. De un lado, los seres queridos de Rubén Mansilla, quienes reclaman una condena. Del otro, los familiares de los jóvenes acusados, que acompañaron a sus hijos durante el proceso judicial. La tensión fue evidente durante las dos jornadas.

La liberación de Díaz

Uno de los momentos centrales de los alegatos fue la decisión de la fiscal Verónica Zuvic de no mantener la acusación contra Facundo Ismael Díaz.

La representante del Ministerio Público sostuvo que no existían elementos suficientes para acreditar que Díaz hubiera participado en el ataque. En su análisis, señaló que las imágenes no permitían individualizarlo directamente como autor de la agresión y que no había elementos que demostraran coautoría o participación secundaria. La familia Mansilla no comparte esa conclusión.

La fiscal de Cámara Verónica Zuvic, explicando el pedido de cese de prisión preventiva de Díaz. FOTO:LEANDRO FRANCO / LA OPINIÓN AUSTRAL

Le recriminamos el hecho de dejar absuelto y darle la excarcelación a Díaz. Ella dice que no tiene pruebas de que participó, pero él siempre estuvo ahí, él vio cuando Seijas le pegó la patada. Si hubiese sido otra persona, llama a la ambulancia o a la policía, pero él agarró y se fue, dejando a mi hermano tirado y agonizando. Eso es abandono de persona. No sé qué más pruebas quieren si se ve en los videos”, sostuvo Adrián.

Para la familia, la presencia de Díaz en el lugar y su posterior accionar deberían haber sido suficientes para mantener la acusación. La Fiscalía, en cambio, entendió que no podía sostener una imputación penal sin alcanzar el grado de certeza necesario. La diferencia entre ambas posiciones fue uno de los momentos más fuertes de la jornada.

Facundo Díaz durante el debate. FOTO:LEANDRO FRANCO / LA OPINIÓN AUSTRAL

“¿Con qué necesidad esperaron dos años?”, respondió Adrián al ser consultado sobre el tiempo que transcurrió hasta que finalmente se resolvió la situación procesal de Díaz, cargando duramente contra Fernando Zanetta, el juez que había instruido la causa y agregó: “Es injusto porque él participó del hecho. Sentimos que la justicia volvió a matar a Rubén al dejar libre a Díaz; lo siguen enterrando”.

La discusión por la atención médica

Otro de los puntos abordados durante los alegatos fue la atención médica que recibió Rubén Mansilla después de haber sido encontrado inconsciente. La defensa de Seijas puso especial énfasis en aspectos vinculados con la actuación de los profesionales de la salud que intervinieron en la atención de la víctima.

Adrián defendió a los médicos que asistieron a su hermano. “Los médicos excelente, siempre nos informaron todo. La doctora (María) Watson lo dejó bien claro. El que llamaron después, el legista de barba que pidió el abogado de Seijas, supuestamente era un experto, pero nunca trató a mi hermano. La misma fiscal le preguntó cuál era su función porque no tenía nada que ver con lo que ofrecieron. Fue una estrategia para embarrar la cancha”, afirmó.

Gabriel Giordano escuchando atentamente. FOTO: LEANDRO FRANCO/LA OPINIÓN AUSTRAL

Durante el debate, un médico legista había analizado aspectos vinculados con la historia clínica de Mansilla y había planteado la posibilidad de que se investigara una eventual responsabilidad médica.

La defensa utilizó esos elementos para intentar introducir dudas respecto de la relación causal entre la agresión y el fallecimiento. La Fiscalía, sin embargo, sostuvo que no hubo una interrupción del nexo causal y descartó que la muerte pudiera ser encuadrada como consecuencia de una atención médica deficiente.

El cuestionamiento a los doce años

La Fiscalía solicitó doce años de prisión para Luka Seijas, al entender que fue el autor del homicidio en ocasión de robo.

Para la familia de Mansilla, esa pena resulta insuficiente y Adrián fue contundente al ser consultado sobre el pedido de la representante del Ministerio Público. “Es injusto. A un hombre que le pega a una mujer le dan 12 años, a uno que roba ovejas le dan 10, y por matar a una persona dan lo mismo. Parece que la vida de una persona no vale nada. La justicia es injusta con la causa de mi hermano porque no piensan en la familia que hay atrás”, sostuvo.

El planteo de la familia se relaciona no solamente con la muerte de Rubén, sino también con las consecuencias que el crimen dejó sobre sus tres hijos. Rubén era padre de Pablo, Milagros y Maia.

Adrián Mansilla escuchando los alegatos. FOTO:LEANDRO FRANCO / LA OPINIÓN AUSTRAL

“Mis sobrinos están sufriendo mucho. Rubén se vivía por sus hijos. Hace años falleció la mamá de ellos por una enfermedad y ahora se quedaron sin su papá porque se lo arrebataron. Mi mamá, Lili, es ama de casa y vive con mi papá que es retirado; el sueldo no alcanza para nada hoy en día”, contó Adrián.

Detrás del expediente judicial, de las pruebas y de las discusiones jurídicas, permanece esa realidad familiar: Tres hijos que perdieron a su padre. Una madre que perdió a su hijo. Hermanos que todavía intentan comprender cómo una salida nocturna terminó convirtiéndose en una tragedia.

El respaldo a la querella

Durante los alegatos también se produjo una fuerte discusión alrededor de la intervención de la abogada querellante Elba Soria. La fiscalía cuestionó algunos aspectos de su exposición y solicitó la nulidad de su alegato. La familia, en cambio, respaldó el trabajo de la letrada.

“Ella es una excelente profesional, siempre nos contuvo y nos comunicó todo. Lo que pasa es que la maltrataron mucho y no la dejaron terminar, cerraron todo rápido con la excarcelación de Díaz y la pena que pidió”, expresó Adrián.

Elba Soria, en l jornada del miércoles. FOTO:LEANDRO FRANCO / LA OPINIÓN AUSTRAL

La querella había sostenido una posición más severa que la Fiscalía y reclamó una respuesta penal más contundente. El debate jurídico quedó marcado así por distintas interpretaciones sobre la prueba, la participación de cada acusado y la calificación legal que corresponde aplicar.

Otro de los aspectos que generó interrogantes para la familia fue la decisión de los dos acusados de no prestar declaración durante el juicio.

Adrián considera que el silencio de los imputados no resulta comprensible. “Yo creo que si una persona es inocente, declara. Si no hicieron nada, se presentan y lo dicen, no se quedan callados ajustándose a derecho”, manifestó.

En términos jurídicos, los acusados tienen derecho a no declarar y esa decisión no puede ser utilizada por sí misma como una prueba de culpabilidad. pero para la familia de Rubén, la ausencia de una explicación directa constituye una situación difícil de aceptar, especialmente cuando el caso llegó a juicio más de dos años después del crimen.

Gabriel Giordano hablando con su cliente Luka Seijas. FOTO:LEANDRO FRANCO / LA OPINIÓN AUSTRAL

La jornada terminó con una sensación amarga para los familiares de Rubén Mansilla. La liberación de Facundo Díaz, el pedido de doce años de prisión para Luka Seijas y las discusiones producidas dentro y fuera de la sala dejaron heridas abiertas.

La familia deberá esperar ahora la resolución del tribunal para conocer qué decisión tomará respecto de Seijas y cuál será el desenlace judicial de un expediente que comenzó aquella madrugada del 25 de mayo de 2024, cuando Rubén salió a divertirse y terminó agonizando en una calle del centro de Río Gallegos.

Por eso, lejos de cerrar el capítulo, anticipó que la familia continuará reclamando. “Vamos a seguir luchando hasta que paguen lo que realmente tienen que pagar por matar a mi hermano”, concluyó.

Leé más notas de La Opinión Austral