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El brutal episodio ocurrido en la provincia de Santa Fe, donde un adolescente asesinó a balazos a un compañero de escuela tras haber sido víctima de bullying, sacudió a la opinión pública. En ese contexto, desde Río Gallegos, la presidenta de Co.Mu.N.A y referente patagónica en el Observatorio Nacional de Discapacidad, Celeste Argumosa, analizó la situación y trazó un diagnóstico contundente.
“El hecho trágico y lamentable que ocurrió en Santa Fe, en el día de la fecha, yo creo que hay que hacer un llamado de atención”, sostuvo en diálogo con La Opinión Austral. Para la especialista, lo ocurrido fue la consecuencia de un proceso previo de vulneración. “No es de menor tenor la situación que vivió o que tuvo que transitar este adolescente para llegar al punto de entrar a una institución educativa y empezar a ejercer este tipo de violencia, de disparar”, remarcó.
La gravedad del caso, que según los primeros testimonios indicaría que el joven habría tenido la intención de atacar a su propio entorno, marca, según explicó, un punto de inflexión. “Por los testimonios, el chico había ido a matar a sus amigos. Yo creo que esto es un llamado de atención para que todos los padres, los educadores, la sociedad en general empiece a detenerse un poco y a replantearse qué estamos haciendo nosotros por estos niños y adolescentes”, expresó.
Desde su experiencia en distintas instituciones educativas de Río Gallegos, Argumosa aseguró que el bullying no es un fenómeno ajeno a la realidad local. “Me pasó trabajando en diferentes instituciones educativas de la ciudad donde observé que había diferentes situaciones de bullying, pero en la misma institución, por no desprestigiarse, por no dar qué hablar, escondía estas situaciones que eran bastante graves”, afirmó, poniendo el foco en una problemática que muchas veces se silencia.
En ese sentido, cuestionó con dureza la falta de compromiso colectivo. “Creo que volvemos a tocar el tema de la empatía, del desinterés por parte de la sociedad. Si a mí no me toca, no me ocupo. Si a mí no me toca, no me involucro”, señaló, y agregó que quedarse en la queja sin accionar agrava el problema.
Para la referente, el interrogante central debe dirigirse hacia los distintos actores del sistema. “Uno también tiene que decir cuál es el rol que ocupa el docente en la institución, cuál es el rol de la familia, cuál es el rol del directivo. ¿Cómo no se detectó que había un problema con esta criatura?”, planteó, dejando en evidencia la necesidad de revisar los mecanismos de contención y detección temprana.
Otro punto clave en su análisis es la naturalización del maltrato. “¿Cómo podemos naturalizar viralizar un maltrato a un niño, a un adolescente como pasó? He visto videos donde a este chico lo maltrataban. ¿Cómo podemos permitir que suceda esto? ¿Cómo podemos naturalizar la burla hacia el otro?”, cuestionó, ampliando el foco no solo al ámbito escolar, sino también al social y laboral.
En esa línea, advirtió que el problema trasciende la edad. “No solamente pasa con los niños y adolescentes. Pasa también con los adultos en los lugares de trabajo. ¿Cómo hoy se naturaliza tanto el chiste, la broma, cuando en realidad no es un chiste? Del otro lado hay una persona que está sufriendo”, sostuvo.
El impacto de las redes sociales también aparece como un factor determinante. “Hoy hasta los mismos padres están desconociendo a sus hijos porque están sumergidos en la tecnología, en una pantalla. El consumo es desmedido de lo que son las redes sociales”, explicó. Y fue más allá al señalar que esos espacios digitales muchas veces amplifican la violencia: “No hay un parámetro donde vos decís hasta acá llega el libertinaje de una red social, donde yo puedo subir videos molestando a un compañero o riéndome de un defecto físico”.
Al referirse al caso de Santa Fe, aportó una mirada que busca comprender el trasfondo del hecho. “Yo creo que este chico no tenía amigos, él los tomaba como amigos porque eran el grupo de pertenencia que quizás él siempre quiso. Cuando lo logra, se da cuenta de que no era eso lo que quería, y por eso llega al punto de dispararles”, reflexionó.
En un pasaje más personal, la referente también compartió su propia experiencia. “A mí me pasó en la escuela. Me tuve que bancar que me molestaran, que me tiraran papeles con saliva, que me escondieran los útiles, que se rieran de mí por ser gordita o por usar anteojos”, relató. Y agregó: “Quizás si en su momento se hubiera trabajado un poco más, hoy no estaríamos hablando de bullying”.
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