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Un momento de tensión se vivió durante la mañana de este miércoles en la localidad de Río Turbio, cuando una alarma por principio de incendio movilizó a los servicios de emergencia en el corazón del barrio Lupino. El hecho, que afortunadamente no dejó víctimas lamentables ni daños estructurales mayores, volvió a poner en foco la importancia de la prevención en el uso de los artefactos de calefacción durante los días fríos del sur patagónico.
El suceso se desencadenó minutos después de las diez de la mañana en una finca particular ubicada sobre la calle Juan Domingo Perón. Allí, el contacto fortuito entre un material de fácil combustión y las superficies de un calefactor encendido generó una rápida propagación de humo y llamas en el ambiente principal de la vivienda. Ante la emergencia, la propia dueña de casa actuó con notable entereza para sofocar el foco ígneo inicial antes de que se extendiera al resto de la propiedad, según pudo saber La Opinión Austral.
La alerta fue recibida de inmediato por la central de operaciones, activando el protocolo de respuesta rápida. Personal de la División Cuartel 9° de Bomberos de la Policía de Santa Cruz partió hacia el lugar del hecho, desplegando un operativo que se extendió entre las 10:20 y las 10:44. Al arribar a la vivienda, los efectivos aseguraron el perímetro y procedieron a completar las tareas técnicas de rigor: verificación del estado general del inmueble, enfriamiento de los sectores entibiados por el fuego, remoción del material dañado para evitar rescoldos y ventilación forzada del lugar para evacuar los gases acumulados.
De manera coordinada con el personal, una ambulancia con equipo médico asistió a la moradora en el lugar. Aunque la situación no revestía gravedad extrema, los profesionales de la salud dispusieron el traslado preventivo de la mujer al nosocomio local para realizarle los chequeos correspondientes y evaluar una posible inhalación de monóxido de carbono o humo.
Las pericias técnicas concretadas posteriormente por los especialistas de bomberos confirmaron la hipótesis accidental: el origen de las llamas se debió al rozamiento o cercanía extrema de ropa u otro material inflamable con la estufa. Una vez concluidos los trabajos de ventilación y descarte de puntos calientes que pudieran generar una reignición, la vivienda fue declarada totalmente asegurada y devuelta a sus ocupantes.
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