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Una familia de Río Gallegos le está dando una lección de entereza a toda la comunidad. Tras un incendio que redujo a cenizas su vivienda, Gabriel Macías no se quedó de brazos cruzados esperando un milagro; este viernes, bajo una lluvia que moja pero no detiene, lideró un operativo familiar para limpiar el terreno y volver a empezar desde cero.

Con el barro en las botas pero la frente en alto, los Macías representan esa fibra íntima de la persona que, ante la adversidad más extrema, saca fuerzas de donde no hay para “ponerle el pecho” a la situación.
El escenario en la calle San José Obrero 465 fue de una actividad frenética.

Gabriel, acompañado por sus hermanos y sobrinos, trabajaba incansablemente retirando los restos de lo que alguna vez fue su casa,. Según relató el propio damnificado a La Opinión Austral, la logística para remover los escombros ya está en marcha gracias a la ayuda de conocidos que facilitaron un contenedor y un camión para dejar el predio en condiciones esta misma semana. El objetivo es humilde pero urgente: limpiar todo para poder levantar, aunque sea de a poco, una pequeña pieza y una cocina que les devuelva la autonomía perdida tras el siniestro.

El vecino hablando con La Opinión Austral. FOTO: JOSÉ SILVA/LA OPINIÓN AUSTRAL

A pesar de que el panorama material es desolador, la respuesta de los vecinos de la capital de Santa Cruz ha sido un bálsamo para el dolor de la pérdida. Macías destacó con emoción que la solidaridad de la gente ha sido “muy buena”, logrando recolectar una gran cantidad de ropa y calzado para su familia.

Sin embargo, el camino de la reconstrucción requiere de materiales pesados que hoy, debido a la coyuntura económica, son difíciles de costear. Lo que más se necesita en este momento son maderas, tirantes y chapas, elementos fundamentales para techar un nuevo comienzo. Gabriel es plenamente consciente de la realidad que atraviesa el bolsillo de los trabajadores, señalando que, aunque saben que “la situación no está muy buena”, la gente siempre aparece para dar esa mano necesaria, indicó a La Opinión Austral.

Bomberos trabajando en el lugar del suceso. FOTO: POLICÍA SANTA CRUZ

Mientras el sueño de la casa propia vuelve a gestarse entre vigas y clavos, la familia se encuentra dispersa pero contenida. Gabriel se aloja temporalmente en la casa de su hermana, lindera al terreno afectado, mientras que su sobrino ha sido recibido por otro familiar.

Las donaciones de muebles y electrodomésticos, que incluyen desde mesas y colchones hasta una heladera, están siendo resguardadas en lo de su hermana ante la falta de un espacio cubierto propio. Es un rompecabezas de solidaridad donde cada pieza encaja gracias a la voluntad de un barrio que no deja solo a quien lo ha perdido todo.
La jornada en Río Gallegos no es fácil; el clima es cambiante y la lluvia va y viene, dificultando las tareas de remoción de materiales quemados. Pero para Gabriel, el cansancio físico es secundario frente a la convicción de recuperar su hogar. Con una determinación que conmueve, aseguró que seguirán trabajando “abajo de la lluvia” para terminar lo antes posible. No hay espacio para el lamento estéril cuando hay una familia que reconstruir y un futuro que reclamar entre los escombros.

Los vecinos mirando al interior de lo que era la morada. FOTO: JOSÉ SILVA/LA OPINIÓN AUSTRAL

Al final del día, lo que queda no son solo las chapas retorcidas o la madera carbonizada, sino la certeza de que la resiliencia es un motor indomable.

Gabriel Macías lo resumió con una frase que resuena con fuerza en el corazón de cualquier persona que ha tenido que empezar de nuevo: “la esperanza es lo último que se pierde… y esa nunca la voy a perder, jamás“. Aquellos interesados en colaborar con esta causa pueden acercarse directamente al domicilio en San José Obrero 465, frente al centro comunitario del Carmen, para ayudar a que esa esperanza se transforme, finalmente, en paredes y techo, o al alias: ayudamacias01 a nombre de Inés Alejandra Pérez, sobrina del vecino que terminó con lo puesto.

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