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En la bahía de Puerto San Julián avanza un proyecto pionero: la primera granja marina de algas del país.

Hace algunas semanas, la fundación Por el Mar llevó adelante la cosecha de cachiyuyo. Este es un paso clave en un ensayo que busca abrir camino a una nueva actividad vinculada a la acuicultura en la Patagonia.

“Es la primera vez que se cultivan algas marinas en la Argentina. Tenemos como principal objetivo encontrar nuevas formas de producir en nuestra provincia, agregando valor a partir de un aprovechamiento sustentable de los recursos naturales”, explica Mariano Bertinat, coordinador de la fundación en Santa Cruz.

El proyecto se basa en el cultivo de Macrocystis pyrifera, conocida como huiro gigante o cachiyuyo. Esta macroalga forma extensos bosques submarinos y cumple un rol fundamental en los ecosistemas marinos.

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En San Julián está la primera granja marina de algas del país.

La experiencia comenzó con el cultivo de algas microscópicas en laboratorio, provenientes de esporas recolectadas del mar. Luego avanzó a su etapa de desarrollo en la bahía de San Julián. Tras sólo unos meses de crecimiento, las algas alcanzaron el tamaño esperado y permitieron realizar la primera cosecha.

La primera producción se destinará a la elaboración experimental de bioestimulantes agrícolas. Este producto natural busca mejorar la calidad del suelo potenciando sus procesos biológicos y parámetros físicos.

A diferencia de los fertilizantes tradicionales, los bioestimulantes no agregan nutrientes artificiales, sino que estimulan las capacidades naturales del suelo. Para elaborarlos, las algas cosechadas se cortan en pequeñas porciones y se dejan reposar en un proceso de fermentación que permite obtener el extracto.

Las Macrocystis Pyrifera tienen un enorme potencial productivo. A nivel mundial se utilizan para fertilizantes naturales, cosméticos, productos farmacéuticos y suplementos alimenticios.

También se estudia su uso para elaborar pellets destinados a la alimentación de ganado. Esta alternativa podría resultar especialmente útil en regiones como la Patagonia durante el invierno. Por ahora, el proyecto de San Julián se enfoca en el desarrollo de bioestimulantes, una de las aplicaciones más accesibles desde el punto de vista productivo.

Más allá de su potencial económico, el proyecto también tiene un objetivo ambiental. Los bosques de macroalgas son ecosistemas fundamentales del mar patagónico. Producen oxígeno, absorben carbono y sostienen gran parte de la biodiversidad costera.

Santa Cruz tiene un enorme potencial para generar valor a partir del mar. Si bien es un proceso desafiante que requiere tiempo y desarrollo, estos avances nos confirman que es posible producir cuidando el ambiente”, explicó Bertinat.

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