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En la última noche del 1º Jamboree Mundial en Olympia, Londres, Baden Powel, el fundador del Movimiento Scout, fue declarado Jefe Scout Mundial, un título que sólo él ha tenido.

En su discurso de agradecimiento, manifestó: “Si me dieran a elegir entre todos los cargos, elijo el de Guía de Patrulla”.

En conmemoración, cada 6 de agosto se celebra el Día del Guía de Patrulla, educador o dirigente scout, según sea la denominación por asociación o país.

Actualmente en Río Gallegos existen cinco grupos y para conocer cómo llegaron a ser scouts y qué los motiva a continuar en actividad, La Opinión Austral dialogó con dos dirigentes.

Lita Garzón tiene 68 años, ha dedicado la mitad de su vida a la actividad scout y actualmente es la jefa del grupo scout Cristo Redentor. “Comencé en el año 1996 cuando se fundó el grupo, asistía como madre. Tenía a mis hijos en Cristo Redentor y como mamá empecé trabajando, acompañando, haciendo y me quedé definitivamente”, contó a La Opinión Austral.

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Lita Garzón, jefa del grupo scout Cristo Redentor.

Luego, repasó: “Pasé a ser dirigente de Chispita, después de la Unidad, antes era Tropa, ahora es Unidad. Y me seguí proyectando, me gustaba mucho, siempre me gustó mucho la vida en la naturaleza, los desafíos, los campamentos, las salidas, todo”.

En cuanto a los principales desafíos, Lita manifestó que “los más grandes que tuve fue conocer tanta gente, tantos niños que han pasado de todas las edades, tenemos chicos de 6 a 22 años, son muchas generaciones”.

“El desafío es conseguir un lugar propio”.
LITA GARZÓN, JEFA DEL GRUPO SCOUT CRISTO REDENTOR

“El educador scout es voluntario y acompaña el crecimiento de niños, niñas y jóvenes dentro del movimiento”, explicó sobre el rol.

En este contexto, año a año, el objetivo también es convocar a adultos para trabajar con los niños. “No es fácil, trabajamos ad honorem. Es difícil que la gente permanezca porque todos tienen sus problemas personales, sus estudios, su trabajo y vos no podés decirles que se queden cuando tienen otras prioridades”.

En el aspecto grupal, el desafío más grande es contar con un lugar propio para el desarrollo de la actividades del medio centenar de personas que integran el grupo scout que este 15 de agosto celebrará 30 años. “Siempre estuvimos en lugares prestados. Desde hace 15-19 años, trabajamos en el predio de la UNPA. El desafío es conseguir un lugar propio“.

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Daniela Teshka Collinao, Grisel Lamas, Camila Cárdenas, Rafael Tello, Carlos Martínez, Joaquín Opazo, Leandro Torres, y Luis, dirigentes del grupo scout San Juan Pablo II.

Por su parte, Joaquín Opazo tiene 22 años y es dirigente del grupo San Juan Pablo II, al cual se incorporó a los 14 años. “Llegué invitado por un amigo y me quedé porque encontré un lugar donde podía ser yo, aprender haciendo y tener un grupo que se bancaba en las buenas y en las malas”, contó.

“Encontré un lugar donde podía ser yo, aprender haciendo y tener un grupo que se bancaba en las buenas y en las malas”.

JOAQUÍN OPAZO, DIRIGENTE DEL GRUPO SCOUT SAN JUAN PABLO II

“Al pasar por Caminantes y después por Rovers entendí de qué se trataba realmente el movimiento. Lo que hallé en el scout y no encontré en otros espacios fue una forma distinta de crecer: acá no te dan todo resuelto. Te enseñan con el ejemplo, trabajando en equipo, equivocándote, resolviendo problemas en un campamento con lluvia, cocinando entre todos, tomando decisiones en grupo”, explicó.

“Joaco” expuso que la actividad scout le ha proporcionado valores que “se te quedan para toda la vida: la Ley, la Promesa, el servicio, el respeto por la naturaleza y por el otro. Encontré una segunda familia. Y encontré que se puede ‘dejar el mundo un poco mejor de como lo encontré’, no sólo con grandes proyectos, sino en el día a día“.

“Aprender a tener paciencia, a hacer las cosas por los chicos, a ser ejemplo con lo que hago y no sólo con lo que digo”.
JOAQUÍN OPAZO, DIRIGENTE DEL GRUPO SCOUT SAN JUAN PABLO II

Con el paso de los años, los desafíos “fueron varios y fueron cambiando con cada etapa”. “En Caminantes y Rovers el desafío era personal: aprender a organizarme, a cumplir con compromisos, a salir de mi zona de confort y a trabajar por objetivos en equipo. Ahora, como educador el desafío es otro. El mayor es combinar las responsabilidades del scout con el estudio, el trabajo y la vida personal porque esto te demanda tiempo y cabeza. Pero sobre todo el desafío es pasar de ser protagonista a ser quien acompaña. Aprender a tener paciencia, a hacer las cosas por los chicos, a ser ejemplo con lo que hago y no sólo con lo que digo”.

“El mayor desafío hoy es confiar en el proceso de los jóvenes, darles herramientas y dejarlos que la piloteen ellos, aunque duela verlos equivocarse porque ahí está el verdadero aprendizaje”, afirmó.

Para finalizar, “Joaco” afirmó: “Sigo en el movimiento porque creo en lo que hace. Porque cada vez que un chico te dice ‘gracias por enseñarme esto’ o ves a tu patrulla funcionando sola, te das cuenta que todo el esfuerzo vale la pena“.

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