La comunidad de Río Gallegos despidió este martes 28 de abril a Rodrigo Maximiliano Vargas, el joven de 22 años que falleció el pasado 26 de abril en la Ciudad de Buenos Aires tras una ardua batalla contra la leucemia. Su historia conmovió profundamente a vecinos, amigos y familiares, quienes lo acompañaron en cada etapa de su lucha.
Alrededor de 150 personas se acercaron a la necrópolis local para darle el último adiós. El sepelio se realizó a las 17:00 horas, luego de una misa de cuerpo presente, en un clima de profundo respeto y dolor. Previamente, sus restos fueron velados desde las 9:00 hasta las 17:00 en la cochería Del Sur.
Rodrigo era sordo y cursaba el Profesorado de Educación Especial en el IPES, donde era ampliamente reconocido por su compromiso, vocación y espíritu de superación. Su historia de vida dejó una huella significativa en la comunidad educativa y en quienes lo conocieron.
El joven había comenzado a presentar complicaciones de salud hacia fines de 2025. En enero de este año fue derivado a Buenos Aires, donde permaneció dos meses sin que se lograra un diagnóstico certero. Tras regresar a Río Gallegos, su estado empeoró hace dos semanas, lo que motivó una nueva derivación urgente a la capital del país. Finalmente, falleció en el Hospital Güemes.
Su madre, Marlene Ampuero, es agente municipal del área de tránsito, por lo que varios compañeros de trabajo se hicieron presentes para acompañarla en este difícil momento. También participaron amigos, familiares y compañeros de estudio, quienes recordaron a Rodrigo como un joven solidario, alegre y perseverante.
Desde la Dirección General de Seguridad y Protección expresaron su pesar a través de redes sociales: “Con profundo pesar lamentamos el fallecimiento de Rodrigo Maximiliano Vargas, hijo de nuestra compañera Marlene Ampuero. Acompañamos a su familia y seres queridos, haciéndoles llegar nuestras más sinceras condolencias”.
Uno de los mensajes más emotivos fue el de su tía, Silvia Soto, quien compartió un recuerdo cargado de amor: “Así te quiero recordar, con esa alegría. Estuvimos muy juntos este último tiempo, disfrutando cada momento. Me enseñabas lengua de señas, me alentabas siempre. Fuiste un gran luchador de la vida, siempre queriendo salir adelante con tus proyectos y tantas cosas que quedaron pendientes pero disfrutaste la vida como vos querías, dando tanto amor, tanto cariño a los demás. Si hubiera muchos Rodrigos, el mundo sería mejor. Vuela alto, mi amor”.
La partida de Rodrigo deja un vacío inmenso en su entorno, pero también el recuerdo de una vida marcada por la fortaleza, el cariño y la lucha constante ante la adversidad.
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