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Pese a no estar en los planes de muchos, Juan Manuel Cerúndolo ratificó hoy su gran momento ascendente y, tras haber sacado del torneo a Sinner, inscribió su nombre en los octavos de final de Roland Garros.
El tenista argentino, que venía de sacar de competencia al número uno del mundo y hoy, tras una ardua batalla, batió al español Marin Landaluce por 6/4, 6/7, 7/6, 6/7 y 7/6, en casi 6 horas de partido.
Distinta suerte corrió su hermano, Francisco, quien tropieza siempre con la misma piedra. Nunca logra plasmar su extraordinario talento y se termina enredando con sus propios fantasmas.
Y, además, repite papelones que lo dejan expuesto, como insultar y echar del estadio a su coach: y no fue la primera vez, sino una más de muchos. Hoy le tocó el turno al uruguayo, Pablo Cuevas, quien tropieza siempre -a su vez- terminó su vínculo contractual.
Otra cosa distinta le sucedió a Francisco Comesaña, quien tuvo suerte dispar y finalizó perdiendo en un partido épico frente a Mateo Berrettini por 6/7, 7/5, 7/6, 4/6 y 7/6 en 5 horas y 18 minutos de juego.

Comesaña, a diferencia de Francisco Cerúndolo lo dejó todo en cancha y más y no tuvo la cuota de suerte n necesaria para poder cerrar un partido que tuvo en sus manos pero en donde hoy va a poder apoyar muy tranquilo su cabeza en la almohada pues se entregó al máximo.
Cerúndolo, el único argentino que continúa en el certamen, enfrentará al italiano, Mateo Berrettini por un lugar en los cuartos de final de un torneo que hoy está más abierto que nunca y del cual es imposible predecir a un favorito.
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