Al cumplirse el primer aniversario de su muerte, el mundo recuerda a Francisco como el Papa que puso la humildad y la misericordia por encima de la condena. Desde misas tradicionales hasta un festival de música electrónica religiosa que reunió a 120.000 personas en Plaza de Mayo, su espíritu inclusivo sigue presente en cada homenaje.
El Papa de los humildes nunca abandonó su esencia argentina ni su compromiso con los más necesitados. Durante su papado, se convirtió en un símbolo universal al denunciar la desigualdad social y abrazar a los migrantes, marcando un nuevo paradigma de cercanía y humanidad en la iglesia.
Rompiendo con la tradición de las suntuosas grutas vaticanas, sus restos descansan por decisión propia en una tumba sencilla en la Basílica de Santa María la Mayor de Roma. Hoy su historia nos invita a reflexionar sobre cómo continuará su mensaje transformador en el tiempo.

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