El accidente ferroviario ocurrido en España entre un tren Irio y una formación AVE dejó un saldo preliminar de casi 70 fallecidos y mantiene a las autoridades en la búsqueda de más víctimas y desaparecidos debido al estado de destrucción de los vagones.
Entre las víctimas confirmadas se encuentra la argentina Martina Contigran, de 32 años y oriunda de San Juan, quien viajaba junto a su hermano, mientras que otro ciudadano argentino, Agustín Randazzo, de 51 años, permanece desaparecido.
El siniestro se produjo en la línea de alta velocidad que conecta Madrid y Sevilla.
De acuerdo con la reconstrucción técnica y los registros de las conversaciones difundidas, ambos convoyes partieron de la estación madrileña de Atocha con seis minutos de diferencia, transportando a 147 y 397 pasajeros respectivamente.
Un fallo informático del sistema LZB detuvo a varias formaciones en un tramo de 63 kilómetros y el centro de control asumió las operaciones.
El operador de Atocha permitió que el tren AVE reanudara la marcha a velocidad normal en lugar de aplicar la marcha a la vista a 40 kilómetros por hora exigida por la normativa ante estas incidencias.
Simultáneamente, el tren Irio quedó detenido en la vía sin que los operarios supieran cómo reiniciar el sistema, evidenciando una grave falta de capacitación y respuestas improvisadas en los manuales.
Durante 17 minutos, el tren AVE recorrió 25 kilómetros a una velocidad de hasta 200 kilómetros por hora sin recibir ninguna advertencia sobre la presencia de la otra formación detenida en el medio del trayecto, lo que derivó en una colisión por alcance que provocó el descarrilamiento de los vagones y dejó expuestas las fallas críticas de control humano y comunicación en la infraestructura ferroviaria europea.
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