La comunidad se reunió en la Parroquia San José Obrero para celebrar una misa en memoria del querido Padre Juan, quien dejó una huella imborrable como guía espiritual, padre y amigo entrañable de los fieles.
Durante la ceremonia se destacó su sencillez y su capacidad de estar presente en los momentos de mayor dolor, manteniendo siempre una mirada misericordiosa que acercaba a Dios a la vida cotidiana de las familias.
Los testimonios resaltaron su entrega total y su legado de amor hacia los más necesitados, recordándolo como un hombre que vivía lo que predicaba y que dedicó su energía a construir una iglesia viva en los barrios.
Con profunda emoción, los presentes llamaron a mantener encendida la llama de fe que él inició, siguiendo el ejemplo de un hombre que enseñó que la iglesia no son las paredes, sino la gente misma.
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