Tras confirmarse que al Papa León XIV (Robert Prevost) “le extirparon un tumor maligno”, la Casa Rosada y el Gobierno quedaron a la espera de definiciones oficiales por parte del Vaticano respecto a su salud y a la gira programada entre el 8 y el 11 de noviembre. A pesar de que el Sumo Pontífice “tiene que estar obviamente en reposo y tienen que hacerle estudios” para evaluar si el tumor estaba encapsulado, la Santa Sede aún no comunicó cambios en sus actividades. No obstante, la posibilidad de una reprogramación —reconocida por la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva— genera fuertes especulaciones políticas, ya que si la visita se posterga podría concretarse en año electoral, “un escenario por demás complicado” para el oficialismo. Dentro de la Casa Rosada el viaje proyectado genera lecturas encontradas: mientras algunos dirigentes lo veían como “un bálsamo político para cerrar el año”, otros advierten que la presencia papal estaría atravesada por “fuertes cuestionamientos de la Iglesia por temas sociales como jubilados, discapacidad, la pobreza”. Aunque se señala que “los Papas suelen ser mucho más diplomáticos que los obispos” y que en el caso de León XIV “no es su característica tanto la de crítica”, en el plano político ya se evalúa el impacto negativo que tendría una eventual postergación en la antesala de la campaña.

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