Este viernes se cumple un lustro exacto desde que el estuario santacruceño pareció devorarse la vida de una mujer común, en medio de un clima invernal extremo y rigurosas restricciones de circulación por la pandemia.

Lo que comenzó como la desesperada búsqueda de una madre santacruceña terminó envuelto en una de las tramas más insólitas de la crónica policial argentina, mezclando dolor familiar, especulación política, billetes de juguete y restos óseos plantados.

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