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Un día como hoy, hace 40 años atrás, más de 15 millones de argentinos protagonizaron una jornada inolvidable. Pudieron elegir presidente después de 7 años y 7 meses de dictadura. Desde entonces, el país concurrió a las urnas en 10 oportunidades, de forma ininterrumpida, para elegir al ocupante del sillón de Rivadavia.

La recuperación
Un año y medio antes de las elecciones, “la sociedad argentina no sólo revivió y se expresó con amplitud sino que se ilusionó con las posibilidades de la recuperación democrática”, dice el historiador José Luis Romero. 1982 fue el año bisagra, profundizado ese deseo luego del agónico intento de perpetuarse en el Poder por parte de los militares, encabezados por Leopoldo Galtieri, invadiendo las Islas Malvinas y llevando a la Argentina a una guerra perdida de antemano, que se cobró 649 vidas.
Esa derrota además de quedar para siempre como una marca en los corazones de los argentinos, también significó el principio del fin de una dictadura que ya se había vuelto insostenible.

El pueblo “perdió el miedo” impuesto por el terrorismo de Estado con 30 mil desaparecidos y salió a las calles a reclamar. Tras la rendición en Malvinas asume Reynaldo Bignone como jefe de Estado. Este en julio levanta la veda política y los partidos hacen visible la Multipartidaria que habían formado en búsqueda de recuperar la democracia.
En octubre se destacó la “marcha por la vida” organizada por todas las ramas de los derechos humanos. Luego fue el turno de la “marcha de la resistencia” y en diciembre llega la “marcha por la democracia“, organizada por la Multipartidaria que convoca a más de 100.000 personas. En esa marcha hay represión y en ella muere un obrero metalúrgico, Dalmiro Flores.
El año 1983 también se caracterizó por la movilización, además de los paros parciales de parte del sindicalismo, a raíz de la crisis económica imperante. En aquel momento la deuda externa llegaba a los USD 40 mil millones.
La tensión se volvió insostenible y Bignone anunciaba, en febrero de 1983, la convocatoria a elecciones. Al mismo tiempo dicta un decreto de “auto-amnistía“, tratando de evitar que hubiera revisión de los hechos ocurridos durante la democracia, afirmando que serían “juzgados por la historia”. Generó el rechazo absoluto de todos los partidos, especialmente el radicalismo, donde ya emergía como figura importante Raúl Alfonsín, negando toda validez de dicho decreto.
La campaña
El Partido Justicialista y la Unión Cívica Radical serían los grandes protagonistas de la campaña electoral. Ítalo Luder encabezaba la fórmula del primero, Raúl Alfonsín la del segundo. Fue ante un Luna Park repleto que este último improvisa el abrazo con sus manos, que luego se convertiría, junto al recitado del Preámbulo de la Constitución (para subrayar la necesidad de cerrar las cicatrices producidas por la represión) en símbolo de una campaña que será recordada históricamente, por el contexto que la marcó.
“Más que una salida electoral, es una entrada a la vida”, decían los afiches en blanco y negro, en los que se dibujaba una puerta misteriosa… “Borom Bom Bom, vamo’ la hinchada de la nación”, rezaba otro, color amarillo y tono futbolero. Así recordaba Valeria a la BBC que vivió aquella campaña electoral con los ojos de una niña de 9 años.
Jornada histórica
Aquel domingo 30 de octubre aún perdura en la memoria de los argentinos que lo protagonizaron. Doce fórmulas presidenciables y más de 15 millones de votantes, configuraron la jornada. Las reglas electorales, establecidas por la Ley 22.847 del dictador Reynaldo Bignone, estableció un sufragio indirecto. Las crónicas de ese día dan cuenta de un escrutinio lento, los datos tardaban en llegar y, como suele suceder, los búnkers de los dos protagonistas proclamaban la victoria.
Finalmente se dieron a conocer los resultados, Raúl Alfonsín triunfaba con el 51,75% de los votos frente al 40,16% del peronismo. Pero el 30 de octubre trascendió en la historia más allá de los resultados. El pueblo volvía a elegir presidente y recuperar una democracia que ya no estaba dispuesto a perder.
Alfonsín asumió el 10 de diciembre de ese año, la fecha no fue casual. La eligió el mismo, luego de muchas negociaciones con el gobierno militar. Es el Día Internacional de los Derechos Humanos, elegirlo para la asunción fue un gesto simbólico. También decidió reemplazar el balcón de la Casa Rosada por el del Cabildo para dar su discurso luego de la jura. Allí, frente a una multitud pidió por la Paz y la Justicia. La democracia se comenzaba a vivir y esas calles llenas de alegría se volvían el retrato de una promesa, donde todo estaba por pasar.
40 años
No fue fácil transitar estas cuatro décadas. Pero la sociedad defendió su convicción de que, más allá de los desaciertos y errores, no existe mejor sistema de gobierno que el basado en la Democracia. De forma ininterrumpida, los argentinos han sabido cuidarla y fortalecerla, no sin ello haber vivido momentos muy críticos que tensaron a las instituciones, sin que ello logre quebrarla.
Desde Alfonsín hasta Alberto Fernández, todos los jefes de Estado que se fueron sucediendo vivieron momentos críticos desde lo institucional y sin dudas desde lo económico. Aunque hubo algunos eventos claves que marcaron, con especial énfasis, lo importante que fue fortalecer la democracia. Entre ellos, sin dudas está aquella Pascuas de abril de 1987 y la frase de “la casa está en orden” de Alfonsín tras resolver la rebelión militar de los “carapintadas”. O los cacelorazos del 2001 que terminaron con la renuncia anticipada de Fernando De la Rúa, cuya sucesión se logró resolver con una singular sucesión de presidentes en pocas semanas hasta que, en manos de Eduardo Duhalde se completó el mandato que dejó vacante el presidente radical, más allá de las innumerables tensiones producto de las diversas crisis económicas que transitó el país.
40 años son pocos para una Nación, pero haber llegado hasta acá simboliza una incipiente madurez como sociedad. En tiempos en que todo se cuestiona, el desafío es profundizar la construcción colectiva de igualdad, respeto y compromiso como país y los argentinos han demostrado estar dispuestos a hacerlo.
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