El frío de la mañana en Río Gallegos parecía acompañar el clima de desazón que se respiraba en las escalinatas del Tribunal Oral Federal. Minutos antes, los jueces habían dado a conocer uno de los fallos más esperados de los últimos años: Claudio Villamide fue condenado, mientras que los otros tres altos mandos imputados fueron absueltos. Para las familias de los 44 tripulantes del ARA San Juan, la sentencia marcó un nuevo capítulo en una búsqueda de justicia que comenzó el 15 de noviembre de 2017 y que, casi nueve años después, continúa dejando heridas abiertas.

Entre abrazos, lágrimas y silencios difíciles de describir, el móvil de LU12 AM680 recogió el testimonio de María Tolaba, hermana de Aníbal Tolaba, el joven sonarista de apenas 24 años que integraba la dotación del submarino y cuya vida quedó atrapada para siempre en las profundidades del Atlántico Sur.

Llegó desde Comodoro Rivadavia para presenciar el desenlace del juicio que durante meses siguió con expectativa. Sin embargo, al abandonar el edificio judicial, la sensación predominante no era de alivio, sino de frustración.

Consultada sobre el resultado, María no dudó en expresar lo que sentía. “Lamentablemente esto puede volver a ocurrir. No alcanzó a todos los acusados. Siento una gran impotencia igual porque esta tragedia que vivieron nuestras familias puede volver a pasar, puede volver a pasar y lamentablemente no hay nada que repare la pérdida que tuvimos”, manifestó con una mezcla de tristeza y resignación.

Sus palabras reflejan el sentimiento que atraviesa a buena parte de los familiares, quienes durante todo el proceso sostuvieron que las responsabilidades por el hundimiento del submarino no podían limitarse a un solo integrante de la cadena de mando.

Para María, la condena representa apenas una parte de la historia. Considera que el fallo dejó afuera a quienes, desde los niveles superiores de decisión, autorizaron la misión y permitieron que el ARA San Juan navegara pese a las deficiencias técnicas que fueron ampliamente debatidas durante las audiencias.

Sabor a poco. Me queda un sabor a poco“, resumió con serenidad, aunque sin ocultar el dolor acumulado durante casi nueve años de espera.

En su reflexión fue todavía más lejos al sostener que la responsabilidad debía alcanzar a quienes tomaban las decisiones estratégicas. “Debería haber alcanzado a lo más alto porque realmente puso la firma, puso su sello, como dicen, del sello de la guita que tanto valía, que tanto pesaba para que esas 44 vidas hoy no estén acá y no hayan podido ser. Entonces es un gran sabor a poco”, afirmó.

Durante el juicio, tanto la fiscalía como las querellas reconstruyeron las condiciones en las que navegó el submarino, las advertencias sobre su estado y las responsabilidades que, según sostuvieron, recaían sobre distintos niveles de conducción dentro de la Armada Argentina.

Mientras tanto, las familias debieron escuchar durante las últimas semanas las palabras de los imputados, quienes describieron el impacto personal y profesional que sufrieron desde el inicio de la investigación. Para María Tolaba, esas manifestaciones no pueden equipararse con el vacío que dejó la desaparición de los 44 submarinistas.

“Muchos de ellos pusieron todo lo que les tocó pasar en estos ocho años. Sin embargo, yo les quisiera recordar que hay hijas que estaban esperando a su padre para festejar sus 15, una esposa que estaba esperando a su esposo para casarse“, expresó.

Cada una de esas imágenes remite a historias que quedaron suspendidas para siempre. Cumpleaños que nunca llegaron, casamientos que jamás pudieron celebrarse, hijos que crecieron sin sus padres y madres que todavía esperan una respuesta capaz de aliviar el dolor.

En uno de los momentos más conmovedores de su testimonio, María recordó el caso de un padre que había sobrevivido a la Guerra de Malvinas pero que no logró superar la pérdida de su hijo. “Un veterano de guerra que volvió de una guerra, pero perder a su hijo de esta manera no lo resistió. Entonces me parece que pesó mucho lo que ellos pasaron en sus tragedias en estos ocho años y no lo que nos dejó el cómo arrasaron con nuestra familia”, sostuvo.

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