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La sala del Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Río Gallegos volvió a convertirse este martes en el epicentro de uno de los procesos judiciales más sensibles de la Argentina contemporánea. Desde las 9:30 de la mañana, jueces, fiscales, querellantes, defensores y familiares retomaron las audiencias por el hundimiento del submarino ARA San Juan, la tragedia que en noviembre de 2017 terminó con la vida de 44 tripulantes y dejó un profundo impacto en la sociedad argentina.

Se trató de la vigésima tercera audiencia del debate oral, contabilizando además la inspección ocular realizada días atrás en el ARA Santa Cruz, el submarino gemelo del San Juan, una medida que sigue teniendo repercusiones dentro del juicio.

Julio Zárate, Lucas Colla, Gastón Pruzan, María Garmendia, Lorena Arias y Luis Tagliapietra. FOTO:LEANDRO FRANCO / LA OPINIÓN AUSTRAL

En la sala estuvieron presentes los jueces Mario Gabriel Reynaldi y Luis Giménez, mientras que Enrique Baronetto y Rodolfo Quadrini siguieron el desarrollo del debate de manera remota. La querellante Valeria Carreras también participó vía Zoom. Por parte de la fiscalía actuaron Gastón Pruzan y María Garmendía, mientras que Lorena Arias y Luis Tagliapietra representaron a las querellas.

En el banquillo de los acusados permanecieron los ex oficiales Claudio Villamide, Luis Enrique López Mazzeo, Héctor Aníbal Alonso y Hugo Miguel Correa, imputados por incumplimiento de deberes de funcionario público, omisión de deberes de oficio y estrago culposo agravado por el resultado de muerte.

Claudio Villamide y Juan Pablo Vigliero. FOTO:LEANDRO FRANCO / LA OPINIÓN AUSTRAL

La jornada estuvo marcada por una sucesión de testimonios técnicos que volvieron a poner bajo la lupa el verdadero estado operativo del submarino antes de su última misión.

El primero en declarar fue el comandante Daniel Corvalán, quien tuvo funciones dentro del ARA San Juan y respondió inicialmente preguntas formuladas por la defensa de Claudio Villamide. Consultado sobre el rol de un comandante dentro de la nave, Corvalán explicó que “es el responsable directo de lo que sucede en la nave” y agregó que tiene “plena capacidad de tomar las decisiones”.

La defensa avanzó luego sobre las condiciones en las que el testigo había entregado el submarino durante su gestión. Corvalán reconoció que la nave presentaba algunas fallas, aunque sostuvo que se encontraba “operable” y aclaró que todavía había pruebas pendientes por realizar. En ese contexto, se le exhibió un mensaje oficial fechado en mayo de 2016 donde se detallaban resultados posteriores a ejercicios operativos. Según explicó el testigo, en ese informe se indicaba que los objetivos habían sido cumplidos.

El comandante Daniel Corvalán dio su testimonio a través de Zoom. FOTO: TRIBUNAL ORAL FEDERAL

A medida que avanzaba su declaración, Corvalán fue describiendo distintos procedimientos y controles realizados en el submarino, entre ellos prácticas operativas y pruebas funcionales vinculadas al mástil de comunicaciones HF en inmersión. El comandante insistió en que, al momento de entregar el ARA San Juan, la nave se encontraba “adiestrada” y “en condiciones de salir a navegar de manera segura”.

Sin embargo, el tono de la audiencia cambió cuando tomó intervención la fiscalía y comenzaron a aparecer informes técnicos sobre limitaciones y fallas pendientes.

Consultado sobre la restricción que tenía el submarino para navegar a 100 metros de profundidad, Corvalán confirmó que la limitación existía porque aún debía ingresar a dique seco para realizar la prueba de profundidad correspondiente.

Ricardo Gatón Morillo, abogado defensor de Luis López Mazzeo. FOTO:LEANDRO FRANCO / LA OPINIÓN AUSTRAL

La fiscalía exhibió entonces un informe de estado de la nave confeccionado por el propio comandante, donde se enumeraban diversas tareas pendientes.

Entre ellas aparecía la necesidad de realizar la prueba de máxima velocidad, revisar el subsistema HF de comunicaciones —afectado por contaminación derivada del ingreso de agua a las baterías— y solucionar problemas vinculados al periscopio de ataque, cuyo sistema de aumento no funcionaba correctamente.

La documentación presentada siguió sumando elementos sensibles al debate. Un informe fechado el 4 de marzo de 2016 señalaba que el detector de dióxido de carbono tenía pendiente la calibración de sensores, al igual que el medidor de oxígeno, dos instrumentos fundamentales durante navegaciones prolongadas.

Posteriormente se incorporó otro documento, fechado el 16 de febrero de 2017, donde se registraban problemas en las computadoras de baterías luego de una falla que provocó la quema de 60 fusibles.

Además, se mencionó que el sistema de transmisión de potencia emitía un ruido anormal. “No debía hacer ese ruido”, reconoció Corvalán durante su exposición.

Segundo testimonio

La segunda declaración de la jornada estuvo a cargo del capitán de navío Sebastián Andrés Marcco, submarinista especializado en comunicaciones y actualmente en actividad dentro de la Armada.

Marcco ingresó a la fuerza en 1990, realizó el curso de submarinista en 1997 y comandó el ARA Salta entre 2015 y 2018. Además, integró el Consejo de Armas Submarinas, un ámbito donde se discutía periódicamente el estado operativo de las unidades.

Durante su testimonio recordó reuniones mantenidas en 2017 donde ya se analizaban problemas técnicos del ARA San Juan. “No recuerdo exactamente qué se dijo del San Juan, pero sí que nos hablaron de pruebas pendientes”, declaró.

El capitán de navío Sebastián Andrés Marcco durante su exposición. FOTO: TRIBUNAL ORAL FEDERAL

Luego agregó: “En el consejo de abril de 2017 se hablaba de pruebas pendientes en el ARA San Juan. Estaba orientado en el estado de situación que necesitaba reparaciones para seguir operando, lo mismo que pasaba en el Salta”. Marcco relató además que mantenía una relación cercana con Pedro Martín Fernández, comandante del submarino al momento de la tragedia. “Después de almorzar nos quedábamos hablando del estado de las unidades”, recordó.

En esos encuentros, según contó, Fernández le transmitía distintas preocupaciones operativas vinculadas a las limitaciones técnicas del submarino. “El capitán Fernández quería hacer cosas que quería reparar para poder ir a más profundidad y hacer otras pruebas de ejercitación”, afirmó y luego lanzó una frase que resonó con fuerza en la sala: “Ellos estaban limitados a la profundidad de cien metros”.

Hipótesis

La audiencia cerró con la declaración de Ciro García Repetto, hombre de extensa trayectoria dentro de la Armada, donde trabajó durante 38 años y participó del Consejo de Armas Submarinas. Su exposición se concentró especialmente en las horas posteriores a la desaparición del ARA San Juan y en las hipótesis internas que comenzaron a analizarse dentro de la fuerza.

“Trabajamos sobre hipótesis. Estábamos shockeados y nos preguntábamos qué había pasado”, relató y explicó que se revisaron mensajes navales y comunicaciones emitidas por la tripulación para intentar reconstruir la secuencia previa al hundimiento.“El mensaje de las 6 de la mañana fue el que nos comunica el evento sobre el inicio del incendio”, indicó.

Según sostuvo, el contenido del mensaje transmitía que la situación todavía permanecía bajo control.

“Lo explicó muy bien y da a entender que tiene el submarino bajo control”, señaló e incluso destacó un dato que considera clave dentro de la interpretación técnica de aquellas comunicaciones: “No pidió apoyo. Es contundente, hay que verlo fríamente. Sin el diario del lunes, si uno lee esto entiende que está bajo control”.

Ciro García Repetto dio su testimonio a través de la plataforma Zoom. FOTO: TRIBUNAL ORAL FEDERAL

Sobre las posibles causas del hundimiento, García Repetto compartió además una hipótesis personal basada en su experiencia profesional.

“Yo creo que estaba pesado el submarino, pudo haber tenido un blackout”, sostuvo y según explicó, una falla total de energía en un contexto de cansancio extremo y estrés podría haber dificultado la reacción inmediata de la tripulación.“Eso genera en una dotación que está cansada, estresada… por eso falta la reacción”, afirmó.

El ex integrante del Consejo de Armas Submarinas remarcó la importancia del factor humano dentro de una situación crítica en inmersión. “La pérdida de plano es importante cuando no se reacciona rápido. Es un submarino grande. Acá hay estrés y cansancio”, concluyó.

Con el cierre de esta nueva audiencia, el juicio volvió a dejar sobre la mesa una tensión permanente entre dos posturas contrapuestas: quienes sostienen que el ARA San Juan estaba operativo pese a sus limitaciones y quienes afirman que las fallas acumuladas hacían inviable que continuara navegando.

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