A sus 15 años, Angelina, una adolescente de Río Gallegos diagnosticada con linfoma no Hodgkin, cumplió el deseo que la acompañaba desde chica: conocer a Juan Román Riquelme y pisar la Bombonera. El viaje se hizo realidad gracias a la fundación Make-A-Wish Argentina y a la intervención solidaria del presidente de Boca Juniors, que se hizo cargo de pasajes, estadía y un palco para toda la familia.

El día que Angelina llegó a la Bombonera, el sueño dejó de ser una imagen lejana al sur del mapa para convertirse en una postal imborrable. Desde un palco VIP, junto a su papá, vio el triunfo de Boca por 2 a 0 frente a Tigre y, sobre todo, tuvo en el predio Xeneize delante de ella a su máximo ídolo: Juan Román Riquelme. “Fue algo impresionante. Después de tanta lucha, cumplir este sueño”, dijo, todavía con la emoción a flor de piel, frente a las cámaras del canal oficial del club.

Angelina tiene 15 años, es de Río Gallegos, y atraviesa un tratamiento por linfoma no Hodgkin, un proceso largo, exigente y duro para cualquier familia. En medio de consultas médicas, estudios y días de hospital, la ilusión de conocer la Bombonera y a Riquelme funcionó como un faro: algo que la esperaba más allá de los pasillos de clínica y de los inviernos patagónicos. A más de 2.500 kilómetros de distancia, en el sur de Santa Cruz, imaginaba una escena que parecía imposible.

La historia llegó a oídos de Make-A-Wish Argentina, la organización que se dedica a cumplir deseos de chicos y chicas con enfermedades graves. Desde ahí se tejió el puente entre el sueño de Angelina y la Bombonera. El posteo que la fundación compartió en redes contó cómo fue ese camino y puso en palabras lo que se vio en las imágenes: el momento en que la adolescente, con la camiseta azul y oro, entra a la cancha y se encuentra cara a cara con su ídolo.

Cuando Juan Román Riquelme conoció la historia, no se limitó a un saludo a la distancia. Según relató Make-A-Wish Argentina, el presidente de Boca Juniors se comprometió personalmente: apadrinó los pasajes para que Angelina y su familia viajaran desde Río Gallegos a Buenos Aires, se hizo cargo del hospedaje para que pudieran quedarse sin preocuparse por los gastos y les regaló un palco VIP para el partido entre Boca y Tigre. Ese combo de gestos convirtió un viaje médico en una experiencia de fútbol, afecto y reparación emocional.

Angelina junto a su familia vieron el triunfo Xeneize frente a Tigre.

Este sueño que nos hizo cumplir con Angelina, poder venir de Río Gallegos, Santa Cruz, a cumplir este sueño, es inexplicable”, resumió el papá de la joven en la previa del encuentro, en diálogo con el canal de Boca. Con la voz entrecortada, agregó: “Soy muy bostero, quiero mucho al club, mucho. Estoy muy agradecido, no tengo palabras, sinceramente”. Detrás de esas frases se adivinó no solo la alegría, sino también el desgaste de una “lucha muy grande”, como él mismo definió el proceso de enfermedad y tratamiento que acompañaron como familia.

Mientras la Bombonera se preparaba para la noche de fútbol, el padre contó que iban a “disfrutar el partido y pasarlo lo mejor” que pudieran. No era una frase hecha: para ellos, estar ahí significó asomarse a un mundo completamente nuevo. “Es espectacular, estamos acá, vamos a seguir disfrutando con la gente de Boca, que es maravilloso, la primera vez que estamos en el club”, destacó, antes de volver a agradecer a quienes hicieron posible el viaje, desde la dirigencia hasta cada persona que se involucró para que la familia llegara a Brandsen 805.

La familia de Angelina se llevó la foto con el ídolo, Juan Román Riquelme.

Del lado de Angelina, la emoción también fue difícil de contener. “Fue impactante, obvio. Impactante verlo ahí”, contó, todavía con la imagen fresca de Riquelme a pocos metros. Cuando el periodista le preguntó cómo había sido ese sueño hecho realidad, no dudó: “Fue algo impresionante. Después de tanta lucha, cumplir este sueño. Para mí fue, desde chica, un sueño el poder conocer la cancha y a Román y ahora lo pude cumplir”. El gesto del ídolo se completó con lo que no se ve en las crónicas: la charla, el abrazo, el tiempo que se tomó para escucharla y hacerla sentir especial.

Desde Make-A-Wish Argentina remarcaron el impacto que tienen estos momentos en chicos y chicas que atraviesan enfermedades graves. No se trata solo de una foto o de un partido, sino de experiencias que fortalecen el ánimo, devuelven ilusión y renuevan fuerzas en tratamientos que suelen ser largos, agotadores y emocionalmente desgastantes. Un deseo cumplido, explicaron, les recuerda que lo extraordinario también puede ser parte de su vida y que hay personas dispuestas a acompañarlos incluso en sus días más difíciles.

En esta historia también hubo otros nombres clave. La organización agradeció especialmente a Mariano Lavalle, un colaborador habitual en la articulación de encuentros entre hinchas xeneizes y el club, y a Romina Heis por su trabajo constante para que cada deseo llegue lo más lejos posible. Son figuras que, lejos de las luces de la Bombonera, ayudan a que esos sueños que nacen en una habitación de hospital o en una casa del sur del país terminen frente a un campo de juego repleto de banderas.

Para Río Gallegos, el relato de Angelina y su familia tiene un doble valor. Por un lado, refuerza lo que ya se sabe: el alcance gigantesco que tiene la pasión futbolera, capaz de unir a un club de la ribera porteña con una adolescente patagónica que se reconoce hincha desde que tiene memoria. Por otro, deja a la vista la importancia de las redes solidarias, de las fundaciones y de quienes, desde el deporte, eligen involucrarse de manera concreta en la vida de los demás.

El día del Boca–Tigre quedará grabado en la memoria de Angelina como mucho más que un 2 a 0. Quedará como la noche en que el linfoma, las internaciones y el cansancio quedaron, por un rato, en un segundo plano, desplazados por la alegría de estar en la Bombonera, cantar con la hinchada y abrazar a su papá en un palco que parecía hecho a medida para ellos. Quedará también como un recordatorio de que la empatía y la voluntad de hacer el bien pueden transformar un partido de fútbol en una historia de fuerza y esperanza.

En tiempos en los que la agenda cotidiana suele estar dominada por conflictos y malas noticias, historias como la de Angelina corren el foco hacia otro lado. Muestran que, cuando se suman la sensibilidad de una fundación, el compromiso de personas anónimas y la decisión de un ídolo popular de involucrarse, los sueños dejan de ser solo deseos lejanos y se convierten en combustible para seguir adelante. Porque, como sintetizó la propia organización, cuando la empatía se junta con la voluntad de hacer el bien, los sueños se transforman en fuerza y esperanza. Y, unidos, no hay deseos imposibles.

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