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La desaparición de Mario Andrés Forquera, de 46 años, generó preocupación en el Alto Valle de Neuquén y derivó en una investigación por un homicidio de extrema violencia. Según la acusación fiscal, a cargo de María Guadalupe Inaudi, el hombre habría sido desnudado, atado, amenazado con una escopeta en la boca y arrojado a un chiquero, donde habría sido atacado por los cerdos.

Por el hecho están imputados Ricardo Cuevas, Diego Zalazar y Daniel “Samuel” Di Lena. Sin embargo, el cuerpo de Forquera posiblemente no habría sido encontrado sin la intervención de su expareja y madre de sus dos hijos, quien advirtió que algo no estaba bien cuando el hombre dejó de comunicarse.

Mario Andrés Forquera (46) tenía signos de una muerte violenta.

Faltó al cumpleaños del hijo

La primera alerta se produjo el 7 de julio, cuando uno de los hijos de la pareja cumplió años. Mario, a quien la fiscal Inaudi describió como “un papá presente”, no se comunicó con su familia. La falta de contacto llamó inmediatamente la atención de su expareja, quien comenzó a investigar por su cuenta.

Además, Forquera cumplía años el 8 de julio y, para esa fecha, era habitual que mantuviera comunicación con sus hijos y con la mujer.

De joven en una plaza y tomando cerveza.

Ante la incertidumbre, la expareja se comunicó con el sobrino con quien Mario convivía en la capital neuquina. El joven le confirmó que tampoco tenía noticias de él y recordó el último mensaje que había recibido, enviado el 4 de julio: “Perdón, se me está por apagar el celu y estoy en Senillosa. Y no voy a llegar a buscarlo, no me va a dar el tiempo”.

A partir de que sabía que Forquera solía reunirse a consumir alcohol en una chacra de Senillosa con antiguos compañeros de trabajo de Añelo, comenzó a revisar redes sociales. De esa manera, llegó hasta el perfil de Ricardo Cuevas, a quien Mario llamaba su compadre.

El detenido Cuevas sentado junto a su defensora Cornejo. FOTO: EMILIANO ORTIZ/RÍO NEGRO

Cara a cara con Cuevas

La mujer no se limitó a esperar novedades en su casa. El 13 de julio viajó por sus propios medios hasta el predio de la familia de Cuevas, que se encuentra ubicado en el Parque Industrial de Senillosa, al fondo de la calle Formosa, locación donde fue registrado por última vez Forquera.

En ese lugar, habló con quien ahora se encuentra imputado por homicidio doblemente agravado por alevosía y ensañamiento. Sin embargo, Cuevas le aseguró que había visto a Forquera “hacía aproximadamente diez días”.

Uno de los detenidos por el crimen de Mario Forquera ingresando a la sala. FOTO: EMILIANO ORTIZ/RÍO NEGRO

Ese dato fue luego cotejado por la fiscalía y resultó determinante. El mismo día, Cuevas le había manifestado a la Policía que no veía a Forquera desde hacía dos años. Más tarde modificó su versión y afirmó que Mario había pasado por su chacra unos días antes, donde le habría robado un taladro y un lechón antes de retirarse.

Además, el sospechoso entregó a los investigadores un número telefónico que resultó ser falso y que habría tenido como objetivo entorpecer la búsqueda.

Di Lena ingresando a la sala 15 escoltado por un policía. FOTO: EMILIANO ORTIZ/RÍO NEGRO

Las contradicciones detectadas a partir de las averiguaciones de la mujer, junto con el testimonio de una persona que habría presenciado la golpiza inicial tras una discusión por el supuesto robo, llevaron a la Policía a concentrar la investigación en la chacra.

 

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