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Con un ligero retraso y bajo un clima de marcada expectativa, este jueves se retomó en Río Gallegos el juicio oral por el hundimiento del ARA San Juan, una de las tragedias más dolorosas y sensibles de la historia reciente argentina. La audiencia número 25 estuvo atravesada por testimonios de enorme peso técnico y emocional que volvieron a colocar bajo la lupa el estado operativo del submarino, las últimas comunicaciones antes de su desaparición y las decisiones adoptadas por la Armada durante aquellas horas críticas de noviembre de 2017.
En la sala estuvieron presentes los jueces Mario Gabriel Reynaldi y Luis Giménez, mientras que Enrique Baronetto y Rodolfo Quadrini siguieron el debate de manera virtual. También participaron los fiscales Gastón Pruzan y María Garmendía, junto a los querellantes Valeria Carreras, Lorena Arias y Luis Tagliapietra.
En el banquillo de los acusados permanecieron Claudio Villamide, Luis Enrique López Mazzeo, Héctor Aníbal Alonso y Hugo Miguel Correa, imputados por incumplimiento de deberes de funcionario público, omisión de deberes de oficio y estrago culposo agravado por el resultado de muerte.
La primera declaración de la jornada estuvo a cargo del contraalmirante Enrique Balbi, figura ampliamente reconocida por haber sido el vocero de la Armada durante la búsqueda del submarino desaparecido.
Ante el Tribunal Oral Federal, Balbi repasó parte de su extensa carrera dentro de la fuerza y recordó su formación como submarinista, además de los distintos cargos que ocupó a lo largo de décadas de servicio. Uno de los primeros temas abordados por la fiscalía fue el antecedente de ingreso de agua registrado en 1994, cuando Balbi formaba parte de la flota submarina.
El contraalmirante explicó que, en aquella ocasión, solamente permanecieron a bordo doce tripulantes encargados de resolver la emergencia mientras el resto desembarcó. También aclaró que no era la primera vez que ingresaba agua a un tanque de baterías y detalló los procedimientos y entrenamientos que reciben los submarinistas para sobrevivir ante situaciones extremas, incluso cuando la nave queda sin propulsión.
A medida que avanzaba el interrogatorio, Balbi reconstruyó cómo tomó conocimiento de la pérdida de comunicación con el ARA San Juan.
Contó que fue durante la tarde del jueves 16 de noviembre de 2017, cuando un subordinado lo llamó para preguntarle si estaba al tanto de que existía un submarino sin posibilidad de establecer contacto. “Regresé al Edificio Libertad y fui a la Central de Operaciones”, relató.
Según explicó, allí le informaron la última posición conocida del submarino y le indicaron que las dificultades para comunicarse se atribuían inicialmente a las condiciones meteorológicas.
Balbi sostuvo además que, por protocolo, el submarino debía salir a superficie. Más adelante tomó intervención la querella mayoritaria, que le preguntó directamente si alguna vez recibió órdenes para ocultar información durante aquellos días de incertidumbre nacional. “Nunca me forzaron a ocultar información o a informar otra cosa”, respondió.
Uno de los momentos más delicados de toda la audiencia ocurrió cuando se exhibieron imágenes de la vela del submarino tras ser hallado en el fondo del mar. La querella solicitó que se interrumpiera momentáneamente la transmisión pública debido a la sensibilidad del material y se le ofreció a Luis Tagliapietra retirarse de la sala si así lo deseaba. El abogado querellante decidió permanecer.
Cuando se retomó la audiencia, Balbi fue consultado sobre si las imágenes permitían confirmar que el submarino sufrió una implosión. “Sí”, respondió el testigo.
La sala volvió a quedar en silencio. Posteriormente Tagliapietra avanzó sobre las formas de comunicación utilizadas por el submarino. Balbi explicó que las comunicaciones satelitales se realizaban mediante equipos específicos y aclaró que, si bien el sistema satelital era importante, la vía principal seguía siendo la comunicación HF mediante el sistema de Toninas.
Consultado sobre el SITREP emitido por el ARA San Juan a las seis de la mañana del 15 de noviembre, Balbi recordó que el mensaje informaba el ingreso de agua de mar por ventilación y el inicio de un principio de incendio.
Balbi añadió luego que el ARA San Juan había permanecido aproximadamente cuatro horas en superficie para ventilar y cargar aire antes de volver a inmersión. “A todos los submarinistas les gustaría realizarlas”, dijo al describir los ejercicios previstos para la nave.
También buscó aclarar el rol del Estado Mayor dentro de la estructura de mando naval. “El Estado Mayor no forma parte de un comandante y su tripulación; es un asesor del comandante en pos de apoyarlo”, explicó. Hacia el final de su testimonio, el tono técnico cedió lugar a la emoción. Balbi contó que conocía a la mayoría de los tripulantes y que el ARA San Juan había sido “su submarino” y expresó que “conocía a las familias” y que honra a los 44 tripulantes y que les tiene “el respeto que se merecen”.
Tras el paso de Balbi, el debate ingresó en uno de los segmentos más esperados por las partes: la declaración del ingeniero naval y abogado Gerardo Bellino, propuesto por la fiscalía como perito técnico.
Bellino, retirado de la Armada tras casi cuarenta años de servicio, explicó que fue designado por el entonces jefe del Estado Mayor para elaborar el informe pericial técnico sobre las causas del siniestro.
Su experiencia previa incluía numerosas investigaciones dentro del ámbito naval, entre ellas la pericia por el incendio del rompehielos ARA Almirante Irízar ocurrido en 2007.
Durante cerca de cuatro horas, Bellino desarrolló una extensa exposición sobre el trabajo realizado para reconstruir las condiciones operativas del submarino antes de la tragedia.
El informe pericial fue elaborado en 2019 y abordó dos ejes principales: las condiciones de seguridad náutica del ARA San Juan antes de la zarpada del 24 de octubre de 2017 y las posibles causas técnicas del hundimiento.
“Empezamos con la pericia desde que se reparó la media vida del submarino”, explicó.
“Hicimos una radiografía del buque y determinamos las pruebas pendientes. Eran aproximadamente ocho pruebas”, detalló.
Bellino aclaró que resulta relativamente habitual que queden pruebas pendientes luego de trabajos de reparación complejos, aunque una de sus afirmaciones terminó convirtiéndose en uno de los puntos más fuertes de toda la audiencia. “La limitación de los 100 metros era peligrosa”, sostuvo.
La frase cayó con peso dentro de una causa donde justamente las restricciones de profundidad y las pruebas no realizadas aparecen reiteradamente mencionadas por testigos, peritos y querellas. Por momentos, la extensa exposición técnica derivó en cruces y discusiones entre el perito, algunos defensores y uno de los magistrados, en medio de explicaciones altamente específicas sobre sistemas navales, procedimientos y análisis de documentación técnica.
Lo que viene
Concluida la audiencia, el Tribunal dispuso un cuarto intermedio hasta el próximo 1 de junio, cuando continuarán las declaraciones testimoniales. El cronograma judicial ya comenzó a marcar el ingreso del proceso en su tramo final. Según pudo saber este medio, el 3 de junio podrían producirse ampliaciones de indagatoria de los acusados. Luego de nuevas jornadas testimoniales, el 4 de junio será el turno de las familias de las víctimas.
También trascendieron las fechas previstas para los alegatos: el 22 de junio expondrá la fiscalía, el 23 lo harán las querellas y el 25 será el turno de la defensa de Villamide. La defensa oficial alegará el 6 de julio y el 8 de ese mes los acusados tendrán la posibilidad de pronunciar sus últimas palabras antes del cierre del debate. Después de eso, el tribunal contará con veinte días hábiles para emitir el veredicto teniendo en cuenta que, también en el medio, estará el receso invernal.
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