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La NASA sigue de cerca la evolución de El Niño ante las señales de un posible episodio de intensidad excepcional. Los satélites detectaron un aumento de hasta 1,7 °C en la temperatura del Pacífico oriental y variaciones de hasta 40 centímetros en el nivel del mar. En octubre, la NOAA estimó en un 83% la probabilidad de que el fenómeno alcanzara una intensidad récord entre octubre y diciembre, mientras crece la atención por sus posibles efectos en las lluvias de Argentina y la región del Litoral.

El fenómeno climático se produce por el calentamiento anormal de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial y puede alterar la circulación atmosférica, los vientos y los patrones de precipitaciones en distintas partes del mundo. Su impacto varía según la región y la época del año, por lo que el seguimiento de las condiciones oceánicas resulta clave para anticipar posibles consecuencias.

Qué revelan los satélites de la NASA sobre el avance de El Niño

Una de las primeras señales identificadas apareció en enero de 2026, cuando los instrumentos detectaron una onda Kelvin cerca de Micronesia. Este movimiento transporta agua cálida desde el oeste hacia el este del océano Pacífico y puede contribuir al desarrollo de El Niño.

A medida que estas ondas avanzan, los vientos alisios pueden debilitarse y favorecer la acumulación de calor en el Pacífico oriental. A comienzos de abril, las mediciones satelitales registraron un aumento de entre 30 y 40 centímetros en el nivel del mar en algunas zonas. En contraste, cerca de Indonesia y el norte de Australia, la superficie oceánica se encontraba entre 15 y 20 centímetros por debajo de los valores habituales.

“Las ondas Kelvin son como el latido del corazón de El Niño”, explicó Josh Willis, científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. Estas observaciones permiten seguir los cambios en el océano y comprender mejor cómo evoluciona el fenómeno.

La agencia espacial estadounidense también analiza la temperatura y la altura de la superficie marina para mejorar el conocimiento de los procesos que pueden influir en las condiciones meteorológicas globales.

El impacto en los ecosistemas marinos y las lluvias de Argentina

Las consecuencias del calentamiento del Pacífico también se reflejan en los ecosistemas oceánicos. Las imágenes del satélite PACE muestran cambios en el color del agua, con tonalidades más azules en algunas áreas del Pacífico ecuatorial respecto de 2025. Esta variación está asociada con una menor presencia de fitoplancton, microorganismos fundamentales para la cadena alimentaria marina.

Durante El Niño, el debilitamiento de los vientos puede reducir el ascenso de aguas profundas ricas en nutrientes. Esta modificación limita el desarrollo del fitoplancton y puede repercutir en otras especies que dependen de estos organismos para alimentarse.

“Algunas personas piensan que el agua es simplemente azul, pero es asombroso la multitud de colores que puede tener el océano”, señaló Matthew Kehrli, integrante del equipo científico de PACE.

En Argentina, uno de los principales focos de atención está puesto en el Litoral, donde El Niño puede favorecer períodos de precipitaciones superiores a los valores habituales y aumentar el riesgo de crecidas e inundaciones. Sin embargo, la intensidad y la distribución de las lluvias dependen de otros factores atmosféricos y regionales, por lo que no es posible atribuir un escenario específico únicamente al fenómeno.

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) sigue la evolución de las condiciones climáticas para evaluar posibles efectos en el país. Mientras tanto, la NASA continuará utilizando sus observaciones satelitales para estudiar los cambios en el océano y aportar información que permita mejorar el seguimiento de este episodio potencialmente extraordinario.

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