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Por Graciela Moreno para BAE Negocios
En el taller de San Telmo del orfebre Juan Carlos Pallarols hay alguien que lo acompaña y trabaja sin descanso. Con perfil muy bajo, la mayor de sus siete nietos aprendió el oficio y lo ayuda en todo. Su nombre es Meritxell; fue elegido por su abuelo, en honor a la virgen patrona de Andorra.
La primera foto que tiene Meritxell con un martillo en el taller es de cuando tenía un año y medio. “Es una tradición repetir la misma foto todos los años con mi abuelo, hasta hacerla sola. Él siempre supo que iba a ser yo quien seguiría sus pasos. Me crié en el taller, los otros nietos eligieron otros caminos y algunos son muy chiquitos aún. Para mí trabajar juntos es un orgullo. Él aprendió con su abuelo y me enseñó a mí. Desde chiquita empecé como un juego y sin darme cuenta pasó a ser un trabajo”, explicó su nieta que firma Meritxell M. Pallarols.
Cuando habla de su abuelo se nota un respeto y un amor únicos. Agradece en cada minuto la posibilidad de disfrutarlo todos los días. Vive solo a una cuadra del taller y como es una apasionada nunca falta. En una de las paredes centrales del taller hay una frase pintada a mano que dice: “Jugando con el Aby”, es así como lo llama.
“Es muy valioso para mí compartir todos los días con él, es un regalo hermoso de Dios que me va a quedar para siempre. Aprender siendo la nieta lleva una presión un poco compleja, por el hecho de que quiero que mi abuelo esté orgulloso y me gustaría asemejarme un poquito a lo que es él, aunque sea en un 10%”, confesó emocionada.
Contó a BAE Negocios cuáles fueron las primeras piezas que hizo: “A los 8 años empecé a hacer mis primeros anillitos de plata y los vendía a $50 a la gente que venía al taller”. Para completar su formación decidió ir a la escuela técnica Raggio, la única que tiene en CABA, la especialidad de técnico en la industria de la joyería y orfebrería.
Al principio, Meritxell tenía otro trabajo, pero un día se dio cuenta de que pasaba más tiempo en el taller. Cuando comenzó el aislamiento por la pandemia, su nieta decidió que no vería a nadie para poder estar tranquila con su abuelo en el taller.
Contenta, detalló: “Me pasé la pandemia en el taller, hacíamos de todo para pasar el día. Hasta escudos hicimos, teníamos el taller para nosotros. Lo que se le ocurría, lo hacíamos. Cuando pasó la pandemia mi abuelo me pidió que me quedara a trabajar con él y yo feliz”.
A las técnicas que aprendió en la Raggio le sumó las horas de aprendizaje junto a su abuelo. La lista de trabajos en los que participó es enorme: “Hay una tradición de 300 años de hacer las cosas de una manera. Trabajé en los últimos bastones presidenciales de Javier Milei, de Mauricio Macri, de Alberto Fernández y de Cristina Fernández de Kirchner. Cuando se hizo la cara de Eva Perón, fui con mi abuelo y trabajé en La Rural. Cada pieza que hizo con ayuda del pueblo, como los bastones presidenciales que cincelaba la gente, me fui con él a acompañarlo a muchos lugares del país. Soy su compañera de ruta desde que tengo memoria”.
Cuando su abuelo hizo una réplica del sable del General José de San Martín, ahí lo acompañó su nieta. “Fue muy interesante cada paso del sable, armarlo desde el principio al fin fue muy complejo y fui parte de eso. Ahora estamos trabajando con el cáliz y la patena para el Papa León XIV. Si Dios quiere, el año que viene haremos el próximo bastón presidencial, porque el Aby siempre los hace antes”, dijo la nieta de Pallarols.
El cáliz del Papa León XIV contiene balas de la Guerra de Malvinas
El maestro orfebre contó cómo diseñó lo que le entregará al Papa: “La patena tiene el escudo del Papa actual. El cáliz está hecho con material bélico de todas las guerras de este siglo y del pasado, como la Guerra de Malvinas, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil Española. La guerra no tiene ningún sentido, por eso desde chico trabajo por la paz del mundo. Tengo balas de la guerra de Israel y Palestina, de Rusia y Ucrania. De Malvinas tengo una caja entera de balas”.
El secreto de las rosas de Pallarols
Desde chica estaba ansiosa en aprender los secretos de cómo se hacen las famosas rosas de Pallarols. Un día lo logró: “Finalmente me enseñó el secreto para hacer las rosas, tienen una complejidad. Le pedía, le pedía y en el momento que él quiso me la enseñó. Aprendí a hacer el cabito, luego las hojitas y me regaló la primera que hicimos juntos. Es una gran alegría que me haya transmitido sus saberes. Mi abuelo es mi persona favorita, después de mis hijos”.
El arte de los Pallarols tiene futuro asegurado.
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