En los últimos años la presencia de mujeres en el Vaticano se consolida como un cambio más profundo que excede el gesto simbólico. Mujeres laicas, latinoamericanas y con trayectoria intelectual comenzaron a influir en la manera en que Roma interpreta la realidad social, política y cultural del mundo. En ese escenario se inscribe la figura de Emilce Cuda, la teóloga argentina que hoy ocupa un lugar clave en la estructura vaticana.

El Papa León XIV confirmó este giro al nombrar a Cuda, junto a Ana María Bidegain, Sofía Nicolasa Chipana Quispe y Mónica Santamarina, como consejeras del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, un organismo central para la agenda del nuevo pontificado.

Cuda trabajó con el Papa en la CAL centrándose en la “construcción de puentes” entre el norte y el sur global.

Emilce Cuda, la voz argentina que piensa América Latina desde Roma

Nacida en Buenos Aires en 1965, Emilce Cuda es doctora en Teología, profesora universitaria, laica, casada y madre de dos hijos. Reside en Roma, donde se desempeña como secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina (PCAL), un cargo estratégico que la mantiene en diálogo permanente con obispos, organizaciones sociales y comunidades católicas de toda la región.

Emilce Cuda.

Lejos de un rol administrativo, Cuda cumple una función clave: ayuda a interpretar la compleja realidad latinoamericana, donde vive casi la mitad de los católicos del mundo. Desde esa perspectiva, insiste en que el continente no puede analizarse solo desde la caridad o la emergencia social, sino a partir de problemas estructurales como la desigualdad, las democracias frágiles y los conflictos políticos persistentes.

Su aporte marca un quiebre: Roma deja de hablar sobre América Latina y comienza a pensar desde América Latina, incorporando sus categorías, tensiones y desafíos.

Cercana a Francisco y referente de la teología del pueblo

En 2021 el papa Francisco designó a la teóloga argentina Emilce Cuda como “jefa de oficina” de la Comisión Pontificia para América Latina del Vaticano.

Cuda fue una de las colaboradoras cercanas del Papa Francisco y compartió espacios de trabajo con León XIV cuando este se desempeñaba como prefecto del Dicasterio para los Obispos. Además, integra la Pontificia Academia para la Vida y la Pontificia Academia para las Ciencias Sociales, ámbitos donde se abordan temas centrales como la dignidad humana, la justicia social y la ecología integral.

Reconocida dentro de las corrientes más progresistas del catolicismo latinoamericano, Cuda es una de las principales exponentes de la teología del pueblo, una corriente que vincula el compromiso evangelizador con la doctrina social de la Iglesia y la realidad concreta de los pueblos. Escribió un prólogo del libro “Una alegría que nadie nos podrá quitar del Arzobispo de Buenos Aires y ex obispo de Santa Cruz y Tierra del Fuego, Jorge García Cuerva.

Emilce Cuda.

La influencia de Emilce Cuda se refleja fuera de los despachos. En enero de 2026 coordinó un encuentro del Papa León XIV con Hugo Eurnekian, Alejandro y Bettina Bulgheroni y José Luis Manzano, empresarios del sector energético que operan en América Latina y el Caribe, en el marco de la iniciativa Construir Puentes, impulsada por la PCAL.

El encuentro de los empresarios, entre ellos los argentinos, con el Papa León.

Allí se abordaron temas como justicia climática, transición energética, cuidado ambiental y trabajo digno, con una mirada ética que buscó pasar de una lógica extractiva a una responsabilidad de custodia de la creación.

Ana María Bidegain: poder, sinodalidad y decisiones reales

La uruguaya Ana María Bidegain, doctora en Historia por la Universidad Católica de Lovaina, aporta otra mirada clave. Con una extensa trayectoria en el Movimiento Internacional de Intelectuales Católicos (MIIC–Pax Romana) y en organismos juveniles como el MIEC y la JECI, Bidegain pone el foco en una pregunta incómoda para Roma: quién decide y cómo se decide dentro de la Iglesia.

Ana María Bidegain.

Recientemente distinguida con el Lifetime Achievement Award del Princeton Theological Seminary, Bidegain advierte que hablar de sinodalidad y participación resulta insuficiente si el poder sigue concentrado. Su voz laica cuestiona discursos atractivos que no se traducen en cambios reales.

Sofía Chipana: la voz indígena que rompe una inercia histórica

Sofía Chipana, teologa aymara.

La boliviana Sofía Nicolasa Chipana Quispe, teóloga aymara e integrante de la Comunidad de Sabias y Teólogas de Abya Yala, introduce una novedad histórica. Su formación y su experiencia surgen directamente de los pueblos originarios y no de los circuitos académicos europeos.

Chipana cuestiona con firmeza una Iglesia que durante siglos pensó el mundo desde categorías occidentales, incluso cuando hablaba de diálogo cultural. Su presencia en espacios vaticanos rompe una lógica persistente: hablar de los pueblos sin permitirles hablar por sí mismos.

Mónica Santamarina y el peso del laicado femenino global

La mexicana Mónica Santamarina, presidenta de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC), representa al laicado organizado a escala global. Desde una red presente en decenas de países, interpela a la estructura eclesial con una pregunta concreta: qué lugar real ocupan hoy las mujeres laicas en las decisiones de la Iglesia.

Mónica Santamarina.

Su trabajo pone sobre la mesa temas como liderazgo femenino, corresponsabilidad y coherencia social, no desde la teoría, sino desde la experiencia cotidiana de miles de mujeres en comunidades y organizaciones.

Cuatro mujeres en el Vaticano

Cuda, Bidegain, Chipana y Santamarina no forman un bloque homogéneo ni responden a una estrategia única. Sin embargo, juntas evidencian un cambio relevante: el Vaticano empieza a escuchar a mujeres que ayudan a definir los problemas antes de buscar soluciones.

La prefecta Simona Brambilla.

Este desplazamiento silencioso del poder no ocurre en el vacío. Se inscribe en una serie de nombramientos impulsados primero por Francisco y sostenidos por León XIV, como el de Simona Brambilla al frente del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada, un cargo históricamente reservado a cardenales.

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