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Por Horacio Mizrahi

Con la escalada que tomó la confrontación entre el Gobierno y el Grupo Techint, que lidera Paolo Rocca, tras la decisión de un consorcio privado de adjudicar a una empresa india la provisión de caños para un gasoducto dedicado para exportar gas natural licuado de Vaca Muerta, volvió a quedar en el centro del debate la disyuntiva entre la promoción de la industria nacional y la competitividad que necesita el desarrollo de la economía argentina.

El precedente más cercano de una obra similar, atravesada por tensiones,  es el ex gasoducto Néstor Kirchner (rebautizado Perito Moreno), un ducto desde Tratayén, en Neuquén, hasta la localidad bonaerense de Salliqueló, para aumentar la disponibilidad de gas local y reducir las importaciones, tanto de GNL como de Bolivia.

Las obras comenzaron en 2022 y finalizaron, en tiempo récord, menos de un año después. La empresa estatal Enarsa fue la encargada de diseñar y licitar el proyecto, algo que para mejorar la competencia realizó en forma separada: por un lado los caños y por otro las obras, además de otros insumos menores.

Los pliegos para la adquisición de cañerías fueron publicados el 23 de febrero de 2022, es decir un día antes de la invasión rusa a Ucrania que disparó los precios del gas y de todos sus insumos asociados. La compra se dividió en dos “renglones”. El primero para caños de 36 pulgadas -algunos pocos de diferentes espesores. El otro fue de tubos de 30 pulgadas -en menor cantidad- para el ducto Mercedes-Cardales, una obra complementaria.

Por otro lado, la licitación establecía una cláusula por la cual el oferente tendría los beneficios de la Ley de Compre Argentino, en caso de cumplir con una serie de requisitos en relación al origen de los bienes.

El 31 de marzo de ese año se realizó la apertura de ofertas con un solo interesado: la empresa Siat del Grupo Techint, que ofertó para ambos renglones 436 millones de dólares, de los cuales 407 corresponden a 582 km de caños para el GPNK. Si bien hubo consultas de otras compañías, por la urgencia de la obra los plazos de entrega eran muy cortos (debían iniciarse a 90 días de la firma del contrato).

Sin embargo la firma de contrato se demoró. Luego de que la entonces vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner planteó, en la fiesta por los 100 años de YPF, que Techint debería fabricar la chapa para los caños en Argentina, en lugar de traerla de Brasil, la interna política del Frente de Todos estalló. Matías Kulfas, entonces ministro de Producción y enfrentado al ala “cristinista” del Gobierno, filtró una acusación -en off the record-, sin sustento técnico, en la que acusaba a Enarsa, conducida Agustín Gerez -en ese momento cercano a La Cámpora-,  de favorecer a la empresa de Rocca en desmedro de otros supuestos proveedores locales, que en realidad no producían tubos de esas dimensiones ni tenían las certificaciones necesarias para la industria del gas.

Como resultado, Alberto Fernández echó a Kulfas y se inició una causa judicial que finalizó cerrada por no encontrar delito alguno pero que demoró el proceso e hizo que la firma del contrato recién se realice el 16 de junio, casi en simultáneo con la licitación para la construcción del ducto.

Dos obras parecidas con resultados distintos y un mismo protagonista

El conflicto suscitado por la decisión de Southern Energy, el consorcio que encabezan PAE y la noruega Golar, del que también forman parte Pampa, YPF y Harbour, de adjudicar a la empresa india Welspun la provisión de caños para un gasoducto “dedicado”, de 480 km, entre Vaca Muerta y el Golfo de San Matías, muestra los desafíos de articular las obras de infraestructura y la industria nacional, en forma virtuosa.

El gigante indio presentó la  oferta más baja, con 203 millones de dólares, mientras que la de Tenaris Siat fue un 46 por ciento superior, de acuerdo con lo que trascendió, quedando en el último lugar, detrás de otras firmas chinas. Luego la empresa de Rocca intentó mejorar e incluso igualar la propuesta pero lo hizo fuera de plazo, según explicaron desde Southern Energy.

Si se compara la oferta inicial de Tenaris por metro de caño para este gasoducto dedicado con la que presentó casi cuatro años atrás, en otro contexto internacional, para el ex gasoducto Kirchner, la diferencia es un 13 por ciento menor en el proyecto de exportación, aunque debe aclararse que existen otras variables que podrían incidir, como plazos de entrega, espesor y forma de pago, entro otros.

En aquella oportunidad, un contexto geopolítico complejo y las urgencias por tener la obra para reducir importaciones de gas, permitieron a Tenaris quedarse con el proyecto sin competencia, a lo que debe sumarse una política oficial que buscaba promover el desarrollo de cadenas de valor y proveedores locales para que la expansión de Vaca Muerta genere más empleo y cree nuevas oportunidades para empresas nacionales.

En cambio, en el marco del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) que apoyaron las grandes empresas, como Techint, con exenciones impositivas a la importación de insumos para los proyectos y una política de hidrocarburos centrada en la maximización de beneficios, las cosas fueron diferentes.

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