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Por Jorge Cicuttin

Esperanza. La palabra clave. Esperanza que la situación mejore, que la malaria quede atrás. Esperanza que el esfuerzo, el sufrimiento, tenga su recompensa.

“La malaria se terminó”, anunció Javier Milei en el Congreso. También dijo que, esta vez sí, a mediados de año la inflación arrancará con cero.

Esperanza. Una condición fundamental para gran parte de los votantes de Javier Milei. No es un cheque en blanco. Rara vez esto existe en política. Es un estado de ánimo. La pregunta que ya se hacen en el Gobierno es si se está llegando al límite. Si este 2026 que arranca es bisagra. ¿La esperanza tiene un límite?

En la Casa Rosada reciben encuestas de analistas cercanos que le empiezan a preocupar. Todos marcan una caída en la imagen del presidente, con una preocupación creciente por el empleo y la caída de los ingresos familiares, junto a la corrupción, tema al que nada bien le hizo el escándalo por el viaje de la esposa de Manuel Adorni en el avión presidencial.

Las más pesimistas advierten que la imagen de Milei cayó 10 puntos en lo que va del 2026. En general reconocen que la imagen positiva del mandatario está por debajo de los 40 puntos y la negativa en 55 y subiendo. Un 60% cree que el mes que viene la inflación seguirá aumentando. Un 54% cree que no está haciendo los cambios necesarios para mejorar la situación económica, punto que en noviembre pasado era del 43%.

Un analista cercano al oficialismo reconoce en estricto “off” que “quienes decían que había que esperar, ya están criticando a Milei y dicen que no lo van a votar”.

La vuelta de las vacaciones -para algunos- y el regreso de las clases muestran los bolsillos más flacos que el año pasado. El “no hay plata” dejó de ser una frase ingeniosa para convertirse en la realidad de muchos. Y eso golpea al gobierno. En muchos casos, la esperanza ya no es un escudo que permita esquivar las balas.

Esta situación se replica en el mundo empresario, más allá del apoyo a la reforma laboral y el achicamiento del Estado, crece el pesimismo por el cierre de empresas y el aumento de los despidos.

Esta situación de bolsillos que cada vez responden menos se refleja en un dato que la semana que pasó se replicó en casi todos los medios. La morosidad de los hogares argentinos en el pago de tarjetas de crédito y préstamos bancarios alcanzó un récord del 9,3% a fines de 2025, triplicando los niveles de 2024 y marcando el punto más alto desde 2010. Esto está afectando más a las billeteras virtuales, con un 25% de mora.

Datos claves:

  • El 9,3% de los créditos familiares presenta retrasos en los bancos tradicionales.
  • En el sector no bancario (Fintech/Billeteras), la irregularidad supera el 20-25%, indicando mayor vulnerabilidad en sectores no bancarizados.
  • Las causas: Tasas de interés elevadas (más del 120% de Costo Financiero Total) y salarios que no acompañan la inflación.
  • Las tarjetas se utilizan para gastos corrientes como alimentos y medicamentos.
  • El aumento del endeudamiento familiar supera el promedio de mora del sector privado (5,5%).
  • El Banco Central reporta que las familias son el principal motor del deterioro de la cartera financiera actual

La reactivación no se ha dado en la magnitud en que esperaba Milei, más allá de sus optimistas declaraciones públicas y del ataque a algunos empresarios y a los “chorros” que defienden la industria nacional y critican la apertura de las importaciones.

Un informe del Banco Provincia que se conoció en los últimos días advierte: “De cara a 2026, el panorama para el ingreso disponible seguirá siendo desafiante. La desinflación continuará apoyándose en la moderación salarial como principal ancla nominal, mientras que cumplir con la meta fiscal implicará un mayor peso de los precios regulados -particularmente tarifas de energía y transporte- dentro del gasto de los hogares. En este contexto, la mejora del ingreso disponible seguiría siendo limitada. De esta forma, el consumo seguirá enfrentando restricciones y las tensiones observadas en el crédito de las familias difícilmente se disipen en el corto plazo”.

A este escenario se suma que la mitad de la población ya responsabiliza a Milei por la situación económica. Por primera vez, quienes atribuyen el escenario negativo a las decisiones actuales del Gobierno (46,9%) superan a quienes señalan como principal responsable a la gestión anterior (41,6%), lo que marca un quiebre en la tendencia que había sostenido al oficialismo durante 2024 y 2025.

Si se empieza a perder la esperanza en que el ajuste familiar de hoy sirve para un futuro mejor, el gobierno de Javier Milei enfrenta un desafío muy complejo. ¿Cómo revertir esto, qué señales de mejora podrá dar?

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