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Myriam Gramisci tenía 14 años cuando su hermano Donato partió hacia Malvinas. Pasaron más de cuatro décadas hasta que pudo llegar por primera vez a las islas, visitar su tumba en el Cementerio de Darwin y cerrar una parte de la incertidumbre que acompañó a su familia desde 1982.
La semana pasada, Myriam viajó a Malvinas junto a un grupo de veteranos y familiares de caídos. No lo hizo sola: llevó consigo una bandera muy especial, entregada por la Agrupación 2 de Abril de Avellaneda y el Museo Municipal Malvinas. Se trata de una réplica de la bandera que la Selección Argentina mostró durante el Mundial 2026 después del partido ante Inglaterra, con la frase “Las Malvinas son argentinas”.
En diálogo con LU12 AM680 de Río Gallegos, la mujer contó detalles de su viaje a Malvinas y recordó la historia de su hermano, Donato Manuel Gramisci, nacido el 25 de julio de 1962 en Capital Federal, hijo de Leonardo Roque y Rolindes Martins. Soldado conscripto del Regimiento de Infantería Mecanizado 7 de La Plata, Donato murió durante el combate de Monte Longdon, en la noche del 11 al 12 de junio de 1982. Sus restos fueron identificados años después y actualmente descansan en el Cementerio de Darwin, en el sector B, fila 5, cruz 6.
El viaje “estaba pendiente desde el día cero, pero es difícil”, relató Myriam. La bandera que llevó pertenecía a los amigos de su hermano de Avellaneda, quienes se la entregaron para que pudiera llevarla hasta las islas.
Los años que pasaron sin respuestas
La vida de Donato había sido difícil desde muy joven. Había dejado la escuela, trabajado desde niño y pasado parte de su infancia y adolescencia viviendo con distintos familiares. Sin embargo, tenía un proyecto para cuando terminara el servicio militar: trabajar y ayudar a su hermana mayor y a su sobrina. “Siempre dijo que su proyecto era volver, salir del servicio militar, trabajar para comprarle una casa a nuestra hermana mayor que tenía una nena, para ella y para la nena”, rememoró.
Cuando comenzó la guerra, la familia Gramisci prácticamente no tenía información sobre su destino. Myriam recordó que su hermano atravesó momentos difíciles durante el servicio militar y que incluso había desertado temporalmente antes de ser encontrado y trasladado nuevamente al regimiento.
“Él era clase ’62, pero la estaba pasando muy mal en el servicio militar. Salía poco porque vivía castigado”, recordó. Después de abandonar el servicio, permaneció escondido durante un tiempo hasta que fue encontrado y llevado nuevamente al Regimiento 7. Desde allí partió hacia Malvinas y llegó a las islas el 14 de abril de 1982.
La familia recién supo que estaba en Malvinas varias semanas después. “Nos enteramos mucho tiempo después por un amigo de él. Pensábamos que seguía escondido en algún lugar”, contó.
Durante años, tampoco conocieron cómo había muerto. En 2016, ella pudo encontrarse con Sergio Delgado, compañero de pozo de Donato, quien le relató lo ocurrido durante el combate. Poco antes de viajar a Malvinas, además, conoció a Félix Álvarez, quien también pudo aportar detalles sobre aquellos últimos momentos.
Según le contaron, Donato murió intentando proteger a Sergio, quien había sido herido por una granada.
“Él prácticamente dio la vida por su amigo Sergio porque los ingleses tiraron una granada que le lastimó la pierna. Sergio lloraba del dolor y mi hermano, para contenerlo, para calmarlo, se subió arriba de él y lo abrazó. En ese momento, llegó un inglés y lo mató con un sable-bayoneta”, contó con congoja durante la entrevista.
Para Myriam, conocer esa historia cambió la manera de mirar la vida y la muerte de su hermano. “No soy una argentina más, soy una argentina que lleva el apellido de un héroe de Malvinas, de alguien que dio la vida por la patria, que dio la vida por un amigo. Imaginate qué persona resultó ser mi hermano”, expresó.
El abrazo pendiente en el Cementerio de Darwin
El viaje a Malvinas significó el primer contacto físico con el lugar donde descansan los restos de Donato.
“Desde enero de 1982, es la primera vez que yo tengo un contacto con él, con su tumba, lamentablemente. Pero bueno, gracias a Dios lo pude hacer”, señaló.
La emoción comenzó incluso antes de pisar las islas. Desde la ventanilla del avión, Myriam pudo observar el territorio que durante 44 años había marcado parte de su historia familiar. “Se me caían las lágrimas, pero no quería condicionar a mis compañeros a que se pusieran tristes también. Entonces me puse los lentes de sol y me quedé así apoyadita”, relató.
La imagen de las islas desde el aire la conmovió especialmente. Había imaginado un gesto para ese primer momento en tierra: “Mi idea era bajar del avión y pisar el suelo de Malvinas y agacharme y darle un beso al piso. Pero estábamos tan controlados, había tantos militares por todos lados, todos mirándonos con perros, que me dio miedo”, contó.
Finalmente, decidió guardar ese gesto para otro lugar cargado de significado. “Dije, bueno, voy a dejar este beso para Monte Longdon o para el cementerio”, relató.
El momento más emotivo llegó en el Cementerio de Darwin, cuando finalmente encontró la tumba de su hermano. Allí, frente a la cruz blanca que lleva su nombre, Myriam se sentó y dejó salir todo lo que había contenido durante décadas.
“Lo primero que hice fue pedirle perdón por no haber ido antes. Le hablé, le dije lo que pude, lloré un montón”, recordó.
“Yo en todos estos años no lloré mucho porque tuve que ser la fuerte de la familia”, contó. Sin embargo, frente a la tumba de Donato se mezclaron el dolor, la tristeza y el orgullo.
“El viento, la nieve, la desolación… se me juntaron muchas cosas. Pero te puedo decir que a pesar de todo lo feo y triste que sentí, me ganó el orgullo”, expresó.
La identificación de los restos de Donato se produjo recién en 2018. Para su hermana, saber dónde estaba enterrado permitió cerrar un capítulo, aunque el viaje también abrió una nueva necesidad: “Quiero volver”, afirmó.
En ese sentido, pidió que los familiares de los caídos y los veteranos tengan mayores posibilidades de visitar el Cementerio de Darwin. “Tendría que haber menos trabas y tendría que ser más fácil. El gobierno, los municipios, el Estado tendría que estar más presente”, sostuvo.
“Que esto no se pierda”
Para Myriam, la memoria de Malvinas no puede quedar limitada al 2 de abril. En ese sentido, destacó el trabajo que realizan los veteranos y familiares en escuelas y espacios comunitarios para transmitir sus experiencias a las nuevas generaciones.
También destacó el impacto que tuvo la bandera llevada por los jugadores de la Selección Argentina durante el Mundial 2026 y suya replica fue trasladada hasta las islas. Para ella, el vínculo entre fútbol y memoria de Malvinas permitió que el tema volviera a ocupar un lugar central en la conversación pública.
“Nosotros como familiares o los veteranos estamos haciendo lo nuestro. Ahora falta la parte gubernamental”, afirmó.
En ese marco, hizo un pedido para que la historia de los caídos y de los veteranos continúe siendo transmitida cuando las actuales generaciones de familiares ya no estén.
“Los padres ya quedan muy poquitos, los hermanos ya estamos en una edad que también en breve vamos a partir. Quedan nuestros hijos, los hijos de los veteranos. Entonces que esto no se pierda”, concluyó.
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