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En el marco del 50° aniversario del golpe de Estado, la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) dio a conocer un mensaje titulado “Nunca más a la violencia de la dictadura y siempre más a una democracia justa”.

El documento, con fecha del 10 de marzo pasado y elaborado por los obispos reunidos en la 202ª Comisión Permanente de la CEA, propone una reflexión sobre el período marcado por el terrorismo de Estado entre 1976 y 1983. En ese sentido, los obispos subrayan que la memoria no puede ser fragmentaria ni selectiva, sino “íntegra y luminosa”, capaz de iluminar el presente y prevenir la repetición de los errores del pasado.

“¿Qué es lo que no podemos olvidar? El dolor de los familiares que enfrentan la muerte violenta de un hijo o pariente, sabiendo que ese dolor se multiplica si se trata de un ‘desaparecido’, al no poder tocar su cuerpo, ni llorar ante él. La libertad para una Nación nunca se construye por la vía de la violencia y la violación de los derechos humanos de otros hermanos y hermanas. La memoria del terrorismo de Estado ha de conducirnos hacia una vida democrática más justa”, manifiestan.

El Episcopado advierte sobre el riesgo de “dar vuelta la página” sin un verdadero ejercicio de memoria y destaca la necesidad de mantener viva la conciencia colectiva, especialmente en las nuevas generaciones. Recordar, sostiene, implica reconocer el dolor de las víctimas, en particular el de los familiares de desaparecidos, cuya herida permanece abierta ante la ausencia de verdad plena y justicia.

Asimismo, los obispos reconocen que este proceso de memoria requiere también una autocrítica que involucre tanto a la sociedad como a la propia Iglesia.

“Reconocemos la gravedad de lo acontecido en esos años violentos y comprendemos que la memoria exige una autocrítica, de la sociedad y la Iglesia presente en ella”, mencionan.

En otro tramo del mensaje, el Episcopado reafirma que la democracia no puede limitarse a un sistema formal, sino que debe orientarse al bien común y al desarrollo humano integral. En esa línea, advierte que “la democracia se envilece cuando deja a alguien afuera” y cuestiona las situaciones de pobreza, exclusión y vulnerabilidad que afectan a amplios sectores de la población.

El texto pone especial énfasis en la necesidad de garantizar el acceso al trabajo digno, la educación de calidad y la protección de los más vulnerables, especialmente niños, adolescentes y jóvenes frente a problemáticas como el consumo problemático y la trata de personas. Para los obispos, una democracia auténtica se construye desde la inclusión y la promoción de la dignidad de cada persona.

También destacan el rol central del trabajo como eje de la cuestión social, no sólo como fuente de sustento, sino como ámbito de realización personal y de contribución al bien común.

En un contexto social atravesado por tensiones y polarización, el Episcopado alerta sobre el crecimiento de actitudes autoritarias y discursos que promueven la confrontación. Frente a este escenario, los obispos llaman a recuperar el valor del diálogo sincero, respetuoso y constructivo como herramienta fundamental para la resolución de conflictos. Subrayan la importancia de “desarmar el lenguaje”, evitando expresiones que hieran o excluyan, y promoviendo en cambio palabras que construyan paz y esperanza.

El mensaje insiste en que la violencia no sólo se expresa en acciones, sino que comienza en el discurso, por lo que resulta imprescindible erradicar toda forma de agresión verbal que pueda derivar en mayores fracturas sociales.

“Tenemos que volver a elegir el diálogo para abordar los conflictos y los desacuerdos, sin caer en polarizaciones estériles. ¡Del insulto de cada día al que piensa distinto, líbranos, Señor! Se torna peligroso acentuar la culpa ajena para proclamar la propia inocencia y justificar una agresión indeterminada. Debemos renunciar a todo tipo de violencia, sabiendo que su espiral comienza con el discurso y escala hacia la acción. No podemos naturalizar la violencia en las redes sociales, en nuestros barrios, en el Congreso de la Nación”, señalan.

En el cierre, el documento retoma el anhelo de “ser Nación” como una tarea pendiente que requiere compromiso, unidad y una visión compartida de futuro. Para ello, señalan la importancia de una presencia activa y eficiente del Estado, orientada a garantizar derechos, promover la igualdad y asegurar la participación de todos los ciudadanos.

En ese marco, reafirman el valor de la Constitución Nacional como base de la vida democrática y destacan la necesidad de un proyecto de desarrollo que priorice la dignidad humana, la paz social y la prosperidad, con especial atención a los sectores más vulnerables, como los niños y los ancianos.

El mensaje concluye con una reafirmación: “‘Nunca más’ a la violencia de la dictadura y ‘siempre más’ a una democracia justa”, como compromiso permanente de la sociedad argentina en la construcción de un futuro basado en la memoria, la verdad y la justicia.

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