En diálogo con BAE Negocios, Giordano advirtió sobre el rol de las justicias provinciales en su interpretación de aspectos de la nueva ley, y que el capítulo de las enfermedades inculpables puede ser encarado en una reforma posterior.
– La Modernización Laboral ya es ley. ¿Está conforme con el texto sancionado?
– Dentro de lo positivo, hay un aspecto extralaboral que es el político. El oficialismo fue capaz de demostrar que con gestión política puede sacar reformas complejas, cosa que hasta hace algunos meses era al revés, tenía sucesivas derrotas en el Congreso, que incluso implicaban conspirar contra el equilibrio fiscal. Esa gestión política no fue solo porque ahora tiene más diputados y senadores que antes de la elección, sino que fue capaz de seducir a parte de la oposición a sumarse a la reforma. Ese es un hecho muy importante, no solo por este tema, sino por futuras reformas, incluso hasta algo que parece imposible en la Argentina, pero que es imprescindible como reformar la Coparticipación, ahora empieza a tener un viso de viabilidad en función de esta capacidad para seducir a la oposición.
En lo estrictamente laboral, sin duda creo que es el intento más ambicioso por la integralidad y profundidad de los cambios que se ha hecho en la Argentina, por ejemplo, comparado con varios intentos en los ’90. Esta vez fue mucho más potente, sin perjuicio de lo cual no hay que exagerar los impactos porque hay muchas cosas pendientes.
-¿Como cuáles?
– Por ejemplo, cómo va a ser receptada la ley en las justicias provinciales. Además, hay muchos temas que dependen de otras variables, como la negociación colectiva. Esto gatilla la negociación, pero habrá que ver cómo las partes actualizan los convenios colectivos. Es un trabajo enorme que hay que hacer en relativamente poco tiempo.
Tampoco se abordaron las enfermedades inculpables, pero pasó incluso con temas más importantes. Sigue siendo muy alta la carga impositiva sobre los salarios y, además, no hay que sobrestimar el impacto de la ley en cuanto que va a resolver todos los problemas. El empleo depende de muchos otros factores, además de lo laboral y eso habrá que verlo.
Creo que es un error cuando el gobierno dice que esto va a resolver el problema previsional. Ese sigue siendo un tema pendiente y por más bien que nos vaya en lo laboral, lo previsional tiene un problema también por el lado de los gastos que solo se resuelve con una reforma de específica.
En síntesis, es muy positiva, pero no hay que exagerar lo resultados porque aún falta mucho.
– Usted formó parte de los equipos que trabajaron en la reforma laboral en la década del ’90, cuando el oficialismo tenía mayoría en ambas cámaras. Sin embargo, no pudo y ahora Milei puede con una relación de fuerzas menos ventajosa. ¿Por qué no se pudo en esa época y ahora sí?
– En lo político, hay un cambio de época, pero también una profunda degradación en el mercado de trabajo. No quiero decir que en los ‘90 andaba bien, pero hoy anda mucho peor y por lo tanto hay una mayor conciencia respecto a los problemas. El mundo protegido por las normas laborales actuales es bastante pequeño en relación con el mercado laboral total, una proporción mucho más baja que en los ‘90 y con la expectativa de que si se sigue achicando se protege a menos gente. Cambiarla no afecta, porque ya la mayoría de la gente quedó fuera de la ley.
Hay que tener en cuenta que existe un grupo de provincias en las cuales la transformación de su matriz productiva está generando a su vez una transformación política. Son provincias vinculadas con la minería y los hidrocarburos que en los ’90 probablemente eran muy refractarias a las reformas y hoy perciben que, apostando a la producción, a la modernización les puede ir mucho mejor que con el viejo modelo. Es un cambio muy importante con consecuencias políticas y que juega a favor de esta posibilidad de reformas.
-Entre los que objetan esta reforma, se dice que la falta de creación de puestos genuinos de trabajo no obedece a cuestiones de la legislación laboral, sino al crecimiento económico. ¿Cuánto tienen de razón?
– Cien por ciento de razón, por eso digo que no hay que sobreestimar los impactos de la reforma laboral por sí sola. Colabora en favorecer la inversión y el crecimiento, pero si no hay mejora del entorno para la inversión, con la reforma laboral sola no alcanza.
En lo que sí ayuda es que, si se produce ese crecimiento, esas inversiones, esa expansión de la producción, sea con más contenido de empleo; le dan una señal al que tiene que contratar una persona.
– Uno de los temas más ríspidos de la ley fue el polémico artículo 44 que obligó a corregirla en Diputados…
– El tema de la enfermedad inculpable es uno de los tantos que hay que resolver. Claramente, coincido con el Gobierno en que fue un error cómo se encaró, iba en contra de la lógica de la ley, porque era una fuente de litigiosidad, cuando justamente la ley quiere eliminar la litigiosidad.
Pero eso se puede resolver en futuras reformas, simplemente copiando la legislación uruguaya, que tiene un sistema mucho más lógico y aportaría a la previsibilidad de los costos.
– En cuanto al cambio político en el Gobierno, tras su paso por la ANSeS, ¿Podría decirse que usted fue una de las primeras víctimas de esa intransigencia?
– Probablemente, como fue muy sorpresivo el triunfo (en las elecciones de 2023), el Gobierno no estaba preparado y se fueron cometiendo errores, como en lo refractario que era para ya entonces ser capaz de seducir a parte de la oposición que estaba dispuesta a colaborar, a dejarse ayudar. Eso cambió no solo con la reforma laboral, sino también con la del Código Penal. Esa capacidad de seducir es esencial para todos los cambios.
El oficialismo ahora está más fortalecido que el año pasado, pero sigue sin posibilidades de avanzar con las reformas si no consigue que lo apoye parte de la oposición. Por lo tanto, cuidar esa relación con los legisladores y los gobernadores es algo muy positivo para darle plafón a esta tarea tan difícil que es construir instituciones. En el Estado es fácil destruir, pero es muy difícil construir porque se necesitan muchos apoyos.