Your browser doesn’t support HTML5 audio
La muerte de Nicolás Maquiavelo -más bien, de su filosofía- anunciada en el Foro de Davos por Javier Milei, parece ir a contramano de las actitudes del presidente norteamericano, Donald Trump, líder mundial indiscutido para el mandatario argentino.
En Suiza, Milei buscó con su discurso marcar una ruptura filosófica con la forma tradicional de hacer política. Según el mandatario argentino, el pensamiento de Maquiavelo —centrado en el realismo político y la separación de la moral de la gestión del poder— representa un modelo agotado. Esta filosofía, para él, ha justificado la intervención estatal, la falta de principios éticos en la economía y reniega de la superioridad moral del libre mercado.
Claro que al mismo tiempo, Milei aprovechó su estadía en Suiza para remarcarle al mundo que Trump es el líder de esta época y que la Argentina seguirá atada a las decisiones geopolíticas del mandatario republicano.
Pero aquí surge una complicación. Trump, lejos de la ataduras “morales”, decidió aplicar la “Realpolitik”. Aunque él no utiliza ese término académico, su estilo de “negociador” es una versión moderna y cruda de esta doctrina.
La Realpolitik (política de la realidad) es una forma de hacer política basada en intereses prácticos, el poder y las circunstancias materiales, dejando de lado la ideología, la moral o la ética.
Para Trump el interés nacional (América First) está por encima de todo. Si una alianza (como la OTAN) o un tratado ambiental (como el de París) no beneficia económicamente a EE. UU. de forma inmediata, Trump no tiene reparos en cuestionarlo o abandonarlo, sin importar la “solidaridad internacional”.
Trump prefiere el trato directo y transaccional, incluso con líderes como Vladimir Putin. “¿Qué me das y qué te doy?”, sostiene el republicano. Por eso, el uso de aranceles contra China o incluso contra aliados (como México o la Unión Europea) es una forma de ejercer el poder para forzar resultados políticos.
El republicano cuestiona y hasta a abandonado organismos multilaterales, prefiriendo acuerdos bilaterales donde EE.UU., al ser la potencia más grande, tiene toda la ventaja en la mesa de negociación.
Un ejemplo de Realpolitik en tiempo real es el reciente retroceso de Trump con los aranceles a Europa debido a la presión en el mercado de bonos del Tesoro, ante la venta masiva de algunos países europeos.
Pragmatismo puro: el interés de mantener la economía a flote es superior al deseo de castigar a Europa con aranceles por el tema Groenlandia.
El Consejo para la Paz, liderado por Trump y firmado por Javier Milei, es una muestra de descreer en los organismos internacionales tradicionales.
Pero, aunque haya muerto Maquiavelo, Milei también se rinde ante la política real. Poco después de destacar el liderazgo mundial de Trump volvió a defender los acuerdos comerciales con China, el principal enemigo del estadounidense. Ocurre que el presidente necesita que el gigante asiático le renueve el swap.
Trump también hizo cambiar de discurso a Milei con el tema Venezuela, alterando su posición inicial sobre la transición democrática en ese país. El republicano ya acordó con el gobierno liderado por la ex vicepresidente de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, dejando en espera a Corina Machado, la elegida por Milei para liderar el país caribeño. Se impuso la política real.
El presidente argentino considera que el pragmatismo despojado de valores (característico de la tradición maquiavélica) es lo que ha llevado a Occidente a abrazar ideas colectivistas y “socialistas” que, según su visión, solo generan pobreza. La política debe estar subordinada a la ética liberal. Pero en Washington siguen otro camino.
Milei podrá haber anunciado la muerte de Maquiavelo, pero Trump se asegura de que goce de buena salud.
Leé más notas de Jorge Cicuttin
Compartir esta noticia

