En los pasillos del Juzgado Federal de Río Gallegos, donde se desarrolla una de las etapas más importantes del juicio por el hundimiento del ARA San Juan, el reclamo de justicia volvió a adquirir un profundo sentido humano. Allí estuvo presente María Tolaba, hermana de Aníbal Tolaba, el sonarista más joven de la tripulación, quien con apenas 24 años integraba el submarino desaparecido el 15 de noviembre de 2017.
Llegó desde Comodoro Rivadavia para representar a su madre y al resto de su familia en una audiencia clave, en la que las defensas de algunos de los acusados solicitaron la nulidad de los alegatos, una medida que podría afectar el desarrollo del proceso judicial.
“Vengo en representación de muchas familias, de mi madre especialmente, que es una mujer mayor. La distancia y su edad hacen imposible que podamos llegar todos como quisiéramos”, expresó María en declaraciones al móvil de exteriores de LU12 AM680, dejando en evidencia el enorme esfuerzo que realizan los familiares para seguir de cerca una causa que ya lleva casi ocho años.
Sin embargo, el momento más impactante de su testimonio llegó cuando recordó una conversación que mantuvo con su hermano meses antes del hundimiento. Según reveló, la tragedia de noviembre tuvo un antecedente que hoy adquiere un valor determinante dentro del reclamo de las familias.
“Muchachos, hasta aquí llegamos”
María contó que durante una navegación realizada en julio de 2017 la tripulación del ARA San Juan atravesó una situación extrema que jamás trascendió públicamente con la magnitud que merecía.
Aníbal, quien cumplía funciones como sonarista -una de las tareas más importantes dentro del submarino, ya que era responsable de detectar obstáculos y amenazas bajo el agua- le relató que durante esa misión el buque sufrió graves inconvenientes para volver a la superficie.
“Tuvieron una navegación anterior en julio muy muy difícil, en la cual llegaron a despedirse, o sea, que no iban a volver ya desde esa navegación”, recordó María con evidente emoción.
Según explicó, los intentos por emerger resultaron infructuosos durante un largo tiempo y la desesperación comenzó a apoderarse de toda la tripulación. “Ellos adentro del submarino despedirse, muchachos… hasta aquí llegamos… fue un milagro que hayan vuelto de esa navegación“, afirmó.
Para la familia Tolaba, aquel episodio constituyó un antecedente gravísimo que nunca fue debidamente atendido y que podría haber evitado el desenlace fatal ocurrido pocos meses después.
“Tuvieron una navegación muy complicada y fue un antecedente gravísimo que no se tuvo en cuenta“, sostuvo.
El pacto de confidencialidad
Lejos de abrir una investigación profunda sobre aquel episodio, María aseguró que, una vez finalizada esa navegación, los tripulantes fueron obligados a guardar silencio. “Tuvieron que firmar un pacto de confidencialidad. O sea, que poco importó cómo se encontraban, cómo les había ido. Lo que importó fue ese pacto”, denunció.
Aunque Aníbal siempre fue reservado respecto de su trabajo dentro de la Armada, con el paso de los días comenzó a compartir parte de sus preocupaciones con su hermana. “Logré desde a poco que me contase eso un poco, una parte, y estaban muy preocupados. Navegaciones así no habían tenido anteriormente”, recordó.
El dolor de la familia no terminó con la desaparición del submarino. María también denunció que fueron víctimas de tareas de inteligencia y de maniobras que afectaron incluso sus recuerdos personales.
“Fue un 10 de marzo donde recibimos como si mi hermano hubiera salido del grupo… como si hubiera sido él personalmente que salió de los grupos familiares“, relató.
“Llegamos acá y solo queremos justicia. En ningún momento queremos venganza ni nada malo… solo justicia y una respuesta para todas las familias”, expresó María. Antes de concluir, recordó al joven que era su hermano mucho antes de convertirse en uno de los 44 tripulantes del ARA San Juan.
“Tenía muchos proyectos, era muy joven, quería formar una familia, quería tener su hogar. Se truncó toda su vida ahí, todos sus sueños, todas sus metas.”
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