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El juicio por el hundimiento del submarino ARA San Juan continúa desarrollándose en la ciudad de Río Gallegos y, con el avance de las indagatorias, comienzan a emerger nuevos datos que vuelven a poner bajo la lupa el estado operativo del buque y las decisiones adoptadas por la cadena de mando. Tras la cuarta jornada del proceso, la abogada querellante Valeria Carreras brindó sus primeras impresiones y aseguró que varias de las declaraciones aportaron elementos que fortalecen la hipótesis acusatoria impulsada por las familias de los 44 tripulantes.

El debate se lleva adelante en el Tribunal Federal de la capital santacruceña, presidido por el juez Mario Gabriel Reynaldi e integrado por los magistrados Enrique Baronetto, Luis Alberto Giménez y Guillermo Adolfo Quadrini. En representación del Ministerio Público Fiscal intervienen los fiscales Julio Zárate, Gastón Franco Pruzán, Lucas Colla y María Andrea Garmendia Orueta. En el banquillo de los acusados se encuentran cuatro ex altos mandos de la Armada Argentina: Luis Enrique López Mazzeo, Claudio Villamide, Héctor Aníbal Alonso y Hugo Miguel Correa.

Luego de las indagatorias, Carreras visitó los estudios de LU12 AM680 para analizar el desarrollo del juicio y el contenido de las declaraciones brindadas por los imputados. Allí señaló que, si bien la querella no esperaba admisiones directas de responsabilidad, algunas exposiciones dejaron detalles que consideran relevantes para reconstruir lo ocurrido antes del hundimiento.

No esperábamos una confesión real, pero las indagatorias sirvieron para rescatar datos para nuestra hipótesis acusatoria”, afirmó la abogada. En ese sentido, destacó especialmente el testimonio de Hugo Correa, quien habría recibido el primer aviso del submarino durante la madrugada previa a la tragedia. “Fue muy fructífera la declaración de Correa, quien recibió el primer mensaje a las 12:01 de la noche desde el submarino a su celular personal informando de un incendio a bordo”, explicó.

Carreras sosteniendo la tapa de La Opinión Austral. FOTO: JUAN PALACIOS/LA OPINIÓN AUSTRAL

Carreras indicó que, durante el interrogatorio, la querella profundizó sobre las condiciones en que se produjo ese contacto. “Ante nuestra pregunta, Correa admitió que la voz del oficial Villarreal se escuchaba tensa y nerviosa”, sostuvo. Para la abogada, ese detalle contradice la idea de que se trató de una comunicación rutinaria. “Aunque quieren disfrazar la llamada como algo normal, Correa confesó que no pudo volver a dormir y entró a trabajar más temprano al día siguiente por la inquietud que sentía”, relató.

Otro aspecto que surgió durante las audiencias tiene que ver con la clasificación del mensaje recibido. Según la querella, el reglamento interno de la Armada (RIARA) lo ubica dentro de la categoría “flash”, lo que implica una comunicación de carácter urgente. Carreras también mencionó problemas técnicos que, a su entender, reflejan deficiencias estructurales en el funcionamiento del buque. “El servicio de internet en el submarino estaba cortado desde el día 14 por falta de pago de la Armada a la empresa Claro. Esto abona nuestra teoría de que, por falta de presupuesto, no se hacían los arreglos necesarios y se naturalizaba la irregularidad”, sostuvo.

La abogada también señaló contradicciones vinculadas al diseño y a la capacidad del submarino. Según explicó, el fabricante alemán habría previsto una dotación de 38 tripulantes, mientras que al momento de la misión viajaban 44 personas a bordo. “Estas irregularidades demuestran que el buque no estaba en condiciones operativas de seguridad para una misión de 25 días”, afirmó.

Carreras también se refirió al manejo del incidente inicial que habría desencadenado la tragedia. “Hubo un protocolo ante incendio que no se respetó: la orden era no ir a inmersión, pero Villamide dejó la decisión a criterio del comandante, permitiéndole venir a Mar del Plata ‘en inmersión o en superficie’”, explicó.

Para la querella, el incendio en sí mismo constituye un punto central del análisis. La abogada recordó antecedentes que, según dijo, ponen en duda la idea de que la situación hubiera estado bajo control. “El último incendio que tuvo el ARA San Juan en puerto tardó tres días en extinguirse con todas las dotaciones disponibles. No nos pueden decir que estaba controlado”, afirmó.

La abogada querellante junto a los periodistas Carlos Saldivia y Martín Muñoz Quesada. FOTO: JUAN PALACIOS/LA OPINIÓN AUSTRAL

En paralelo al análisis técnico, la abogada también denunció situaciones de tensión durante el desarrollo del juicio. “Para las familias, volver a escuchar estas mentiras es revivir el principio de todo”, expresó. En ese contexto, señaló la presencia de un auditor de la Armada dentro de la sala de audiencias. “Denunciamos la presencia de un auditor de la Armada en la sala como un elemento de presión y vigilancia sobre los procesados. El presidente del tribunal tomó nota de esto y consultará a cada testigo si se siente presionado por su presencia”, explicó.

Respecto de los cuestionamientos de la defensa sobre la falta de nuevas pericias, Carreras sostuvo que la causa cuenta con elementos suficientes para sostener la acusación. “Hay juicios por homicidio con sentencia sin que aparezca el cadáver. Aquí tenemos el ‘cuerpo del delito’, que es el submarino ubicado y filmado, además de su ‘historia clínica’ con todos los antecedentes de reparaciones defectuosas”, afirmó. En esa línea recordó que existen procesamientos confirmados por la Cámara Federal, sanciones del Consejo de Guerra y conclusiones de la Comisión Bicameral del Congreso que apuntaron a fallas de mantenimiento y a una reacción tardía de la cadena de mando.

En su evaluación del comportamiento de los acusados durante las indagatorias, Carreras fue tajante. “Se están ‘tirando la pelota’ entre ellos y escudándose en reglamentos y en la obediencia debida. Dicen ‘yo no fui’ o ‘no me correspondía’, pero la omisión también contempla el estrago doloso o culposo”, señaló. Incluso citó el testimonio de un ex comandante del propio submarino. “Un excomandante del ARA San Juan declaró que en esas condiciones solo se justificaba enviarlos a una misión si estuviéramos en guerra”, recordó.

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