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Ludmila Farías tiene 17 años, nació y se crió en Río Gallegos y desde hace dos años vive en Quilmes Oeste, provincia de Buenos Aires. Lo que comenzó como una mudanza junto a su familia terminó convirtiéndose en una situación de amenazas, hostigamiento y violencia que, según relató, se extendió durante meses y tuvo su episodio más grave la semana pasada, cuando fue baleada.

La joven, que cursa un embarazo de dos meses, contó en diálogo con LU12 AM680 y La Opinión Austral que el conflicto familiar está relacionado con un terreno perteneciente a su abuela. Según explicó, distintos integrantes de la familia tienen viviendas en el lugar, pero una disputa por la posesión de las tierras derivó en amenazas y ataques.

Amenazas y miedo

De acuerdo con el relato de la joven, las amenazas comenzaron durante 2025, cuando ella tenía 16 años. La situación llegó a afectar su vida cotidiana y sus estudios.

“Yo tuve que dejar el colegio porque, por ahí, llegaba una amenaza y a mí ya me daba miedo salir”, contó. También recordó que en algunas oportunidades debía refugiarse en un comercio o pedirle a la directora de la escuela que llamara a su mamá para que la vaya a buscar ante el temor de ser atacada.

El conflicto, según explicó, involucra a su madre, Nahir Gómez, y a la cuñada de esta, Silvia González, quien tiene una vivienda ubicada en la parte delantera del terreno que comparten. Ludmila señaló además que uno de sus tíos, Braian Gómez, pareja de Silvia González, se encuentra detenido por una causa por “intento de homicidio” vinculada al mismo enfrentamiento. Según consta en la declaración testimonial a la que tuvo acceso La Opinión Austral, Braian Gómez habría atacado con un arma de fuego —una pistola y una escopeta— a su hermano Jeremías Gómez.

En la declaración realizada el 8 de diciembre de 2025 ante autoridades policiales de Quilmes, Nahir Gómez relató además una serie de amenazas que fueron realizadas por integrantes de las familias González y Ortiz, posteriormente al enfrentamiento en el que su hermano Jeremías resultó herido.

La joven también aseguró que hubo denuncias previas, medidas perimetrales y episodios de violencia, aunque consideró que durante mucho tiempo la familia no recibió una respuesta suficiente. “Yo ahora me estoy moviendo con la Fiscalía y denuncias”, señaló.

El ataque a tiros y el pedido de justicia

El ataque contra Ludmila ocurrió alrededor de las 22 del jueves de la semana pasada. La adolescente- que hoy vive junto a novio- había ido junto a su pareja a la casa de su madre para comer. En medio de la noche escucharon disparos y, según relató, ella salió hacia el patio después de comunicarse con emergencias para denunciar la situación.

Fue entonces cuando Javier Ortiz -hermano de Silvia Rodriguez- le disparó dos veces.

“Me tiró dos tiros: uno me rozó y uno me dio en la espalda, atravesando hasta la panza”, relató la joven en la entrevista con LU12 AM680.

Después del ataque, la situación se volvió crítica. Ludmila aseguró que tuvo dificultades para ser evacuada del lugar ya que el atacante y su familia le bloqueron el paso: “Querían que yo me muera desangrada“.  Finalmente, pudieron sacarla por la parte posterior de la vivienda y trasladarla al hospital.

“Me tuvieron que hacer una tomografía y una ecografía. Gracias a Dios, la ecografía salió bien”, contó. A pesar de la gravedad de la herida, el disparo no afectó el embarazo y los estudios confirmaron que el bebé se encontraba bien.

Actualmente permanece en recuperación y enfrenta dificultades para caminar, sentarse y moverse debido a las lesiones. “Estoy intentando caminar, porque al principio no estaba preparada para caminar. Me cuesta todavía”, explicó.

En el marco de la investigación, Ludmila afirmó que Javier Ortiz fue detenido, mientras que el padre de éste, Antonio Ortiz, a quien también vinculó con el conflicto, permanece prófugo. La causa se encuentra en trámite ante la Justicia bonaerense.

La adolescente también denunció que, mientras se recuperaba, recibió mensajes y sufrió situaciones que profundizaron su angustia. Según contó, circularon imágenes suyas internada y algunas personas se burlaron de su estado.

“Lo primero que le dije a mi mamá fue que paguen. No le pido la gran cosa, pero que no quede así”, expresó. Su principal reclamo es que el ataque no quede impune y que la investigación avance sobre todas las personas que participaron de las amenazas y hechos de violencia.

Ludmila decidió hacer público su caso después de intentar durante un tiempo que su situación fuera escuchada. “Estoy agradecida con mi provincia porque ahora, gracias a La Opinión Austral, me están escuchando”, sostuvo.

A pesar de la custodia que recibió y de la detención de uno de los acusados, la joven reconoce que todavía atraviesa las consecuencias emocionales del ataque. “Ahora estoy tranquila. Me cuesta dormir porque a veces lo sueño o estoy todo el día pensando”, contó.

Con 17 años y embarazada, Ludmila intenta recuperarse de un episodio que pudo haber terminado de una manera mucho más grave. Su pedido, además de justicia, apunta a que otras personas que atraviesen situaciones similares se animen a denunciar.

“Yo no quería hablar por miedo. Pero lo mejor que le recomiendo es que hablen, que sean escuchados, que no esperen estar en otro lugar donde uno no quisiera estar”, concluyó.

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