En cuanto terminó el partido supe que teníamos que hacer una tapa especial, no porque fuera mi trabajo o estuviera pautado para cada vez que juega la Selección, sino por lo que genera Messi: su figura, su carrera, su pasión y tenacidad. Con casi 39 años, fue a pelear una pelota en el minuto 95 como si de eso dependiera algo más grande, un país entero.
La primera idea que me vino a la mente fue una composición que ya hice cientos de veces y la ejecutaron mejor que yo miles de veces otros diseñadores: la figura del 10 en distintas poses, festejando sus goles. Pero rápidamente traté de recordar cada uno de esos goles, buscarlos y revivirlos me llevó a un viaje de emociones. Fue en ese instante en el que me di cuenta que la tapa tenía que hacer revivir esas emociones en quien la mirara.
Porque cada gol de Messi en los mundiales tienen millones de gritos y abrazos entre familiares y desconocidos, la ilusión y el deseo de un nuevo mundial. Por él, por nosotros, por Argentina.
En la versión preliminar de la tapa, en el cuadro central estaba Lio con un manto celeste y blanco, una pelota en sus manos y una corona en su cabeza. El rey del fútbol. Pero aún es muy temprano, todavía “es muy joven”, todavía le quedan más victorias. Por eso la reemplazamos por una foto del grito desaforado en su último gol, como si fuera el primero, con “el tiempo” rendido a sus pies.
Emmanuel Quiroga es director de Arte de La Opinión Austral
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