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Por Francisco Nutti (Diario Crónica)
La precariedad económica que enfrentan muchos adultos mayores en la Argentina alcanzó niveles nunca antes vistos. Según un informe reciente del Observatorio de la Deuda Social de la UCA -enmarcado dentro del análisis de la deuda social-, un tercio de los jubilados realiza trabajos informales “por necesidad”.
Para comprender la situación desde adentro, Crónica recabó diferentes testimonios que revelaron el duro momento que les toca atravesar, en medio de la crisis financiera. Y es que las changas hoy son un salvavidas que les permiten no dejar de lado los medicamentos o los alimentos, indispensables para la vida diaria.
Los números no mienten. La jubilación mínima, junto con el bono de $70.000, en octubre de 2024 es de $314.320,56, una cifra demasiado baja si se tiene en cuenta que una familia “tipo” necesita $964.620 para no ser considerada pobre. “Trabajé toda la vida de carnicero y lo que cobro hoy de jubilación lo suelo destinar a los remedios. Mis hijos, una vez por semana, me traen comida y yo los fines de semana suelo ir al Parque Rivadavia o a la calle Corrientes a cantar tango para después pasar la gorra”, señaló Humberto, de 76 años.
De acuerdo con su relato, el hombre -nacido y afincado en el barrio porteño de Caballito-, suele guardar “como un tesoro” el dinero que recauda para cuando sus bolsillos quedan flacos. “Yo cantaba en las peñas y como muchas deajaron de hacerse ante la pérdida de poder adquisitvo, salí a hacerlo en otros lados. A veces los turistas me dan dólares o reales, pero también están los que te dan monedas o solo unos aplausos, aunque todo suma para subsistir y salir adelante”, indicó.
Por su parte, Omar, de 68 años, precisó que comenzó a hacer changas después de la pandemia cuando se quedó sin dinero y la jubilación de empleado de comercio le quedó corta para llegar a fin de mes. “Empecé como ciruja, a juntar pallets de madera para convertirlos en huertos o macetas. Mis hijos me crearon las redes sociales y así fui como empecé a vender. Hoy cada pallets se comercializa a $25.000, por lo que si vendo cuatro, en un mes me hago $100.000, lo que equivalen a dos compras medianas en el supermercado”.
“El emprendimiento se llama @huertasluba20 y a los clientes los conseguí de boca en boca, ofreciendo en el barrio”, destacó el adulto mayor, quien vive en Ciudad Evita y vende productos por su zona, Aldo Bonzi y Tablada. “Esto me deja algo de dinero, pero me lleva bastante tiempo, ya que debo pintarlos por dentro, pasarles una lijada y reciclarlos por completo”, concluyó. En tanto su esposa Mabel, de 64 años, y jubilada como ama de casa, encontró una veta comercial al poner un centro de estética donde antes estaba la pieza de su hijo. “Es mi medio de vida y contribuyo a la economía familiar”, reconoció.
Asimismo Eduardo, de 70 años y ex empleado de seguridad en un local de comidas rápidas, contó que utiliza su tiempo libre para salir con su automóvil y facturar viajes a través de una aplicación. “Un día llegué a casa y no tenía nada en la heladera. Ahí hablé con un amigo que me sugirió dedicarme a esto. Si bien no es lo que quisiera, porque ya trabajé durante toda mi vida, no me queda otra. Hoy esto me sirve para comprar todo lo que no tengo e incluso para hacerle regalos a mis nietos, aunque tampoco sobra mucho”, sostuvo el jubilado.
Jubilados, en la lona
El estudio revela que el 41% de los hogares con mayores de 60 años enfrenta insuficiencia de ingresos, lo que evidencia una crisis económica que afecta directamente a este grupo poblacional.
Los datos son contundentes. Los ítems más destacados del estudio incluyen el empleo inestable, la inseguridad alimentaria, y un notable malestar psicológico, especialmente en los estratos socioeconómicos más bajos. Cabe destacar además que muchos jubilados que no realizan changas dependen de la ayuda de familiares, pero hay quienes no tienen esa opción.
Así, muchos se ven obligados a reinventarse, realizando tareas como cuidar a nietos o preparar viandas para colegios, actividades que no solo les permiten mantenerse activos, sino que también les ayudan a complementar sus ingresos.
El informe destaca que los mayores de 65 años representan el 4,5% de la población ocupada en Argentina, es decir, unas 600.000 personas. Sin embargo, la precariedad de estos trabajos es alarmante, con un 33% de los empleos en este grupo siendo informales.
La situación es más crítica para las mujeres mayores de 65 años, donde uno de cada cuatro se encuentra en esta situación de subempleo.
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