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Al cumplirse 50 años del golpe de Estado de 1976 en Argentina, el testimonio de José Catrihual con La Opinión Austral, permite poner en palabras una historia marcada por la persecución política y la violencia estatal en la región.
José es hijo de Exequiel Catrihual, nacido el 13 de abril de 1933 en Gobernador Costa, Chubut. Trabajador de YPF, se desempeñaba en la Playa de Tanques de Caleta Olivia. Estaba casado con Beatriz Avilés y juntos conformaron una familia de cinco hijos: Gladys, José Luis, María Magdalena, Hugo Alberto (fallecido) y Mirta Susana.
Según relató su hijo, Exequiel se había afiliado al Partido Comunista junto a su compañera, en un contexto político que luego derivaría en persecuciones sistemáticas.
Detención y persecución en 1977
El episodio que marcó a la familia ocurrió en 1977, cuando Catrihual fue detenido por razones políticas mientras trabajaba en YPF.
Inicialmente fue demorado en la Comisaría de Cañadón Seco, donde fue torturado y violentado con el objetivo de amedrentarlo. Posteriormente, su domicilio fue allanado por la Policía Federal de Comodoro Rivadavia, en un operativo realizado delante de toda su familia.
“Entraron armados, rompieron todo y se lo llevaron”, recuerda José, quien siendo niño presenció parte del procedimiento e incluso fue llevado por los efectivos hasta el lugar donde se encontraba su padre.
Traslados y detención sin causa
Tras su detención, Catrihual permaneció en dependencias policiales y luego fue trasladado junto a otros compañeros —Aldo Olivares, Eugenio Obreque y Juan Domingo Rivarola— primero a Rawson y posteriormente a la Unidad 15 de Río Gallegos.
Allí permaneció detenido durante aproximadamente seis meses, en un contexto donde, según el relato, no existían causas judiciales concretas que justificaran la privación de la libertad.
José Catrihual remarca que su padre nunca quiso profundizar en lo vivido durante ese tiempo, aunque reconoce que fue víctima de torturas, como ocurrió con muchos detenidos políticos durante la dictadura.

“No hay peor cosa que no poder trabajar”
Más allá del encierro, las consecuencias más duras llegaron tras la liberación. La persecución continuó de manera indirecta a través de la exclusión laboral.
José fue contundente al describir esa etapa: “No hay peor cosa que para un hombre no poder trabajar, no poder ejercer un derecho laboral”.
Según su relato, su padre fue cesanteado y quedó marcado, lo que le impedía sostener un empleo estable. “Mi papá había conseguido trabajo en otra empresa, pero duró cinco o seis meses y lo echaron. La misma inteligencia de aquellos tiempos iba y visitaba los lugares donde trabajaba”, explicó.
En ese contexto, remarcó que las oportunidades eran prácticamente nulas: “No podían conseguir trabajo. La opción que les daban era irse del país”.
Ante esta situación, Exequiel Catrihual debió reinventarse en distintos oficios para sostener a su familia. “Tuvo que empezar de cero, como zapatero, ayudante de albañil, lo que fuera para salir adelante”, recordó su hijo visiblemente emocionado.
El impacto en la vida familiar
El golpe económico y social impactó de lleno en la vida cotidiana. Con cinco hijos, la familia atravesó años de esfuerzo y organización para subsistir.
“Siempre fuimos a la escuela y siempre comíamos, pero con mucho sacrificio”, señaló José.
Mientras su padre realizaba trabajos informales, su madre, Beatriz Avilés, sostenía el hogar con la venta de empanadas. Los hijos también colaboraban: “Con mi hermano íbamos todos los fines de semana a vender. Íbamos y volvíamos todo el día”.
Uno de los recuerdos más duros que emergió con el tiempo fue la venta de un diente de oro para poder comprar alimentos, reflejando el nivel de necesidad que atravesaron.
La reconstrucción de la memoria
Durante muchos años, José Catrihual evitó hablar de lo sucedido. El dolor lo llevó al silencio, especialmente en fechas sensibles como el 24 de marzo.
Sin embargo, con el tiempo y a partir de espacios de memoria en Caleta Olivia, decidió compartir su historia. “Antes no quería hablar de este tema. Después entendí que era importante contar lo que pasó”, expresó.
Ese proceso también le permitió transmitir la memoria a las nuevas generaciones de su familia.
El regreso al trabajo y los últimos años
Con el retorno de la democracia, Exequiel logró ser reincorporado a YPF en 1983. Primero volvió a desempeñarse en la Playa de Tanques de Cañadón León y luego retomó su puesto en Caleta Olivia.
Se jubiló como empleado de la empresa estatal y falleció el 26 de julio de 2004.
El valor de la democracia
En el cierre de su testimonio, José Catrihual deja una reflexión que atraviesa generaciones: el costo humano que tuvo la recuperación democrática en Argentina.
Aseguró haber perdonado, pero no olvida. “Mi corazón no tiene odio, rencor ni resentimiento”, afirmó, aunque remarcó el daño profundo que dejó el terrorismo de Estado.
“La democracia costó sangre y muy poca gente la valora”, concluyó.
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