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Cientos de jóvenes de parroquias, colegios y clubes parroquiales participaron este sábado en la Jornada “No más chicos descartables”, realizada en la Unión de Empleados de la Justicia de la Nación. La iniciativa convocó también a dirigentes barriales, animadores, Cáritas Buenos Aires y la Unión de Clubes Parroquiales para reflexionar sobre la realidad de las infancias, adolescencias y juventudes de los barrios populares.
Durante el encuentro tuvieron lugar expresiones artísticas, bailes y espacios de intercambio en los que los jóvenes compartieron sus experiencias de vida, el recorrido realizado en sus comunidades y sus desafíos cotidianos.
El momento central estuvo a cargo del arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, quien apeló a una conmovedora historia para invitar a renovar el compromiso con quienes atraviesan situaciones de mayor vulnerabilidad.
El arzobispo comenzó recordando la visita que realizó a una adolescente internada en un hospital porteño tras haber intentado quitarse la vida arrojándose desde el cuarto piso de su departamento.
“Hace unos días, una semana, estuve en uno de los hospitales de la ciudad de Buenos Aires, territorialmente, en uno de los hospitales de de CABA, y visité a una chica, a la que vamos a llamar ‘Roxana’. Roxana tiene 15 años y se había querido suicidar tirándose del cuarto piso de su departamento. Se había fracturado los dos brazos y, milagrosamente, los médicos dijeron que iba a salir adelante”, manifestó.
“Cuando hablé con ella, me decía que no tenía más ganas de vivir, me decía que no era la primera vez que lo había intentado, y que, como la otra vez le había salido mal, quizá tirándose a un cuarto piso, el resultado era bueno. Pero que en realidad había descubierto que no servía para matarse” describió y sostuvo: “Roxana bajó desde el balcón, y tuvo ese brutal accidente que, gracias a Dios, no le quitó la vida, aunque para ella fue la peor noticia. Y pensé en un evangelio en el cual también alguien, desde muy arriba baja, pero baja los brazos de Jesús, y creo que ahí está la propuesta que, como Iglesia, y todos aquellos que compartan los valores del evangelio, tenemos que tener para que no haya más ‘roxanas’“.
“En nuestros pibes siempre hay un sueño, hay un motorcito interno. Hay un héroe dormido y, a veces, hay que despertarlo”.JORGE GARCÍA CUERVA, ARZOBISPO DE BUENOS AIRES
También, tras leer el evangelio de San Marco sostuvo: “También este hombre, del que no conocemos su nombre, bajó desde las alturas, pero bajó a los brazos de Jesús. En primer lugar, muchos de nuestros pibes pueden caminar, con lo cual uno diría, no es el problema de ellos. En realidad, estamos hablando de parálisis más profundas, parálisis ligadas a la falta de educación, parálisis ligadas a la falta de oportunidades, parálisis ligadas a la falta de un estado presente e inteligente” y agregó: “En nuestros pibes siempre hay un sueño, hay como un motorcito interno. Yo digo que hay un héroe dormido, y a veces hay que despabilarlo al héroe dormido, pero está adentro. Y, entonces, igual que este paralítico que quiere ver a Jesús, tenemos que avivar la llama que hay adelante, adentro de nuestros pibes, porque aún en las ‘roxanas’ de la vida”.
“Hay cuatro hombres de los que no conocemos su nombre tampoco, personas que trabajan en equipo, ponen un objetivo común, ayudar a que el paralítico se encuentre con Jesús. Y no existe en la mente de ellos el ‘no se puede’. Por más que haya mucha gente, dicen, ‘algo tenemos que hacer’. Y con creatividad y con audacia levantan todos los techos.” explicó.
En la última parte de su intervención, el arzobispo remarcó que el mensaje cristiano no puede reducirse a respuestas materiales, sino que propone una transformación integral de la vida.
“Jesús los ama, Jesús los perdona siempre, Jesús siempre te da otra oportunidad”, afirmó, al destacar que la fe constituye un elemento fundamental de los proyectos destinados a acompañar a los jóvenes.
Finalmente, recordó las últimas palabras que le dirigió a la adolescente durante su visita al hospital: “Dios te ama, te regaló una nueva oportunidad”. Según contó, ella respondió entre lágrimas: “Lo voy a intentar”.
“Cuando terminé de hablar con Roxana, le dije: ‘Roxana, Dios te ama, te regalo una nueva oportunidad’. Te pido, por favor, que creas de verdad que Dios te quiere mucho. Se le llenaron los ojos de lágrimas y me dijo, ‘Lo voy a intentar’. Intentémoslo todos para que las Roxana de la vida se pongan de pie. Y, si alguna vez se vuelven a tirar, sea como aquél paralítico en el brazo de Jesús “, cerró García Cuerva.
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