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La decimoquinta audiencia del juicio por el hundimiento del ARA San Juan volvió a poner bajo la lupa el accionar de la Armada y del Ministerio de Defensa en las horas clave posteriores a la desaparición. Testimonios de alto nivel revelaron inconsistencias, demoras y presunto ocultamiento de datos sensibles, tal como viene ocurriendo de las audiencias anteriores, y tal como lo informó La Opinión Austral en su cobertura exclusiva.
En el Tribunal Oral Federal de Río Gallegos, con la presencia de los jueces Mario Reynaldi, Luis Giménez y Enrique Baronetto, se desarrolló este miércoles una nueva jornada del juicio oral por el hundimiento del submarino ARA San Juan. La audiencia, que ya suma quince encuentros desde el inicio del debate, contó nuevamente con la participación del querellante Luis Tagliapietra en la ciudad, acompañado por la abogada Lorena Arias, mientras que Valeria Carreras siguió el proceso de manera remota.
La primera en declarar fue Graciela Villata, quien en 2017 se desempeñaba como secretaria de Servicios Logísticos para la Defensa y Coordinación Militar en Emergencias. Su testimonio reconstruyó las primeras horas tras la pérdida de contacto con el submarino y dejó en evidencia la fragmentación de la información que circulaba en ese momento.
Villata relató que fue informada el jueves sobre la falta de comunicación con la nave, cuando apenas restaban minutos para cumplirse el horario previsto de contacto. Según le indicaron, el submarino había sufrido un blackout, pero se presumía que continuaba navegando en superficie. Con ese dato, se trasladó al Ministerio de Defensa, donde le señalaron que existía una probabilidad “70/30″ de que el buque estuviera en esa condición.
Sin embargo, su declaración expuso un dato que encendió alarmas en la sala. Durante una reunión en Mar del Plata, donde se analizaba la situación mediante presentaciones, surgió por primera vez la mención a un principio de incendio en el submarino. Ante esa revelación, Villata interrumpió la exposición. “Interrumpí porque no me habían informado que tuvo un principio de incendio“, afirmó. Según su relato, tampoco el entonces ministro de Defensa, Óscar Aguad, tenía conocimiento de ese episodio. La respuesta fue el silencio: la exposición continuó sin aclaraciones.
La exfuncionaria también explicó que, con el correr de las horas, se declaró el protocolo SARSUB, destinado a la búsqueda y rescate de submarinos, y que se estableció comunicación con autoridades internacionales, incluyendo al Reino Unido.
Esa línea fue profundizada por el testimonio de Horacio Chiguizola, quien se desempeñaba como viceministro de Defensa al momento de la tragedia. Su declaración fue directa y crítica respecto de la gestión de la información. Según sostuvo, la activación del operativo de búsqueda no fue inmediata y respondió a presiones externas. “No se decía la verdad“, expresó, al referirse a los datos que recibían desde la Armada.
Chiguizola remarcó que el protocolo de búsqueda y rescate fue activado tras reiterados pedidos del agregado militar de Estados Unidos. “La búsqueda se activó, a pedido e insistencia más de 4 o 5 veces“, afirmó, y agregó que eso evidencia que “la Argentina tuvo que esperar que venga Estados Unidos a decirle que activen el SAR”. En su análisis, ese dato refleja no solo una demora, sino también una falta de transparencia en la información disponible.
El exfuncionario también cuestionó la calidad de los datos que recibían desde la Armada. “Cuando a mí me avisan, me constituyo en la Armada el día 16 y solamente me decían que faltaba contacto con el submarino“, explicó, y añadió: “Nunca me informaron que estaban sin conexión de internet en la Armada, no me dijeron que había un principio de incendio en el sector de baterías, todo eso nos enteramos 5, 6 días después”. En ese sentido, fue contundente al señalar que “la búsqueda se activó a los 2 días y medio, es decir, tarde”.
La jornada sumó además el testimonio de Osvaldo Vernazza, responsable del área de comunicaciones de la Armada, cuya declaración obligó a interrumpir momentáneamente la transmisión oficial. Su exposición retomó un punto que ya había generado controversia en audiencias previas: los problemas estructurales en los sistemas de comunicación.
Según se detalló, el 15 de noviembre se intentó enviar al submarino instrucciones para conectarse a un sistema alternativo –LAR-A- mediante un paquete de datos. Ese procedimiento implicaba transmitir un conjunto de instrucciones complejas para que la tripulación pudiera reconfigurar el sistema en plena navegación. Sin embargo, el mensaje nunca llegó. La razón, nuevamente, apunta a fallas en tierra: el sistema principal no funcionaba por problemas de conectividad.
El dato refuerza una hipótesis que se viene consolidando en el juicio: la existencia de deficiencias técnicas y operativas que excedían a la tripulación y que estaban vinculadas a la infraestructura y a la gestión en niveles superiores. Este jueves será la última audiencia hasta los primeros días de mayo.
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