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En 1940, en una planta de apenas mil metros cuadrados en el barrio de Saavedra, comenzó a funcionar una fábrica con un nombre largo y técnico: Fábrica Argentina de Telas Engomadas. Nadie podía prever que aquella sigla —FATE— terminaría convirtiéndose en uno de los nombres más conocidos de la industria pesada argentina.

Al principio no había neumáticos, sino telas impermeables y artículos de caucho. El salto llegaría cinco años después, cuando la empresa ingresó al negocio que marcaría su identidad durante más de ocho décadas. Desde entonces, su historia quedó ligada a la expansión del parque automotor, a la sustitución de importaciones y a los vaivenes de la economía nacional.

De telas engomadas a símbolo de la “burguesía nacional”

Durante las décadas del 50 y 60, FATE se expandió al calor de políticas de sustitución de importaciones. En esos años, la empresa se vinculó con el histórico dirigente empresario José Ber Gelbard, quien fue accionista minoritario y luego ministro de Economía en el tercer gobierno de Juan Domingo Perón.

El proyecto industrialista de esa etapa buscaba consolidar una “burguesía nacional” capaz de competir con multinacionales y fortalecer el desarrollo productivo. En ese contexto, FATE amplió su capacidad instalada y avanzó hacia nuevos sectores estratégicos.

La planta de San Fernando se transformó con el tiempo en el corazón industrial de la compañía. Cuarenta hectáreas de predio, más de 157.000 metros cuadrados cubiertos y una capacidad superior a cinco millones de neumáticos anuales la convirtieron en el complejo más grande del sector en el país. Durante años llegó a abastecer aproximadamente una cuarta parte del mercado interno. Pero su ambición no se limitó a las fronteras argentinas.

Casi dos tercios de su producción —alrededor del 66%— se destinaron a la exportación, con Europa y Estados Unidos entre los principales destinos. No era un dato menor: implicaba competir en mercados con estándares técnicos exigentes y fuerte presión de costos. Para sostener esa competitividad, la empresa firmó acuerdos estratégicos con multinacionales del sector. En 1994 estableció vínculos con la francesa Michelin; en 1999 avanzó en un acuerdo tecnológico con la alemana Continental AG; y en 2010 sumó a la brasileña Vipal a su red de cooperación industrial.

Mucho antes de esas alianzas, FATE ya había marcado hitos tecnológicos. En 1969 produjo el primer neumático radial para automóviles fabricado en la Argentina, un desarrollo que la posicionó como proveedora de equipo original para la industria automotriz nacional. Décadas después, en 2003, puso en marcha la primera y única planta argentina de neumáticos radiales de acero para camiones y ómnibus, desarrollada con tecnología de Continental. Fue un paso clave en un segmento dominado históricamente por importaciones.

Calculadoras Cifra

La vocación industrial de la empresa no se limitó al caucho. En los años setenta creó una División Electrónica que produjo calculadoras nacionales bajo la marca Cifra, con el impulso del empresario tecnológico Carlos Varsavsky. Incluso se proyectó el lanzamiento de la computadora Cifra 1000, con la ambición de competir con gigantes como IBM. Fue una experiencia pionera en América Latina. Aquella incursión tecnológica, que incluyó exportaciones a países vecinos, permanece como uno de los capítulos menos conocidos y más singulares de su trayectoria.

Serie de calculadoras Cifra fabricadas por FATE.

Dictadura, beneficios estatales y trabajadores desaparecidos

La historia de FATE también quedó atravesada por la última dictadura cívico-militar (1976-1983). Investigaciones y testimonios de trabajadores reconocen al menos cuatro empleados desaparecidos vinculados a la planta del grupo durante ese período.

En FATE trabajaban 920 empleados directos.

Diversos análisis académicos, como los del economista Eduardo Basualdo, sostienen que el conglomerado FATE–Aluar pasó de representar a la “burguesía nacional” a integrarse a lo que denomina “oligarquía diversificada”, en sintonía con el modelo económico implementado tras el golpe de 1976.

Durante esos años y en etapas posteriores, la empresa accedió a créditos y beneficios estatales. Trabajadores y delegados gremiales han señalado históricamente que la firma creció al calor de políticas públicas favorables, tanto en gobiernos militares como democráticos.

De las canchas al mercado global

La marca también supo salir del ámbito estrictamente industrial. Entre 1985 y 1989 apareció en las camisetas de Boca Juniors y River Plate, un gesto publicitario atípico para una empresa de neumáticos, que buscaba instalar su nombre en el imaginario popular más allá del taller mecánico o la ruta.

En paralelo, avanzó en la fabricación de neumáticos radiales y en acuerdos tecnológicos con compañías extranjeras para abastecer tanto al mercado automotor como al transporte de cargas, siendo durante años la única productora nacional de radiales para camiones y ómnibus.

La alianza con Aluar y el grupo Madanes

Fábrica de aluminios Aluar.

La expansión industrial derivó también en la creación de Aluar, la principal productora de aluminio del país, que terminó integrándose al mismo grupo empresario. Con el paso de los años, el control quedó en manos de la familia Madanes, actualmente encabezada por Javier Madanes Quintanilla, uno de los empresarios más acaudalados del país según rankings internacionales.

Además de FATE y Aluar, el grupo controla activos energéticos vinculados a la hidroeléctrica Futaleufú y empresas de ingeniería. La facturación anual de FATE fue estimada en alrededor de 230 millones de dólares en determinados períodos, con cerca de 2.000 empleados en su planta principal.

Javier Madanes Quintanilla, dueño de FATE y Aluar.

En 2012, esa combinación de industria y proyección internacional tuvo una postal simbólica: la presentación de neumáticos desarrollados junto al estudio italiano Pininfarina en el Salón del Automóvil de Ginebra, equipando el concept car Cambiano. Desde Saavedra a Suiza, el recorrido condensaba décadas de expansión.

Conflicto sindical y denuncias laborales

La planta de San Fernando se caracterizó por una intensa vida sindical. Los delegados del gremio del neumático han protagonizado conflictos prolongados, cortes de acceso y reclamos por condiciones de trabajo.

Entre 2006 y 2008, según publicaciones sindicales, se registraron alrededor de 1.750 accidentes en el sector diagonal, sin contar enfermedades profesionales. En los últimos años también hubo denuncias sobre protocolos sanitarios y condiciones de seguridad.

La empresa, por su parte, sostuvo que su operatoria se ajusta a la normativa vigente y que los conflictos se enmarcan en negociaciones paritarias y discusiones sobre productividad y costos en un mercado atravesado por la competencia internacional y la volatilidad cambiaria.

El 18 de febrero de 2026 llegó el anuncio que cerró el ciclo: el cierre definitivo de la planta de San Fernando y la afectación de 920 empleados, en un contexto de caída del consumo, incremento de importaciones y conflicto sindical. Así terminaba la historia de una compañía que había comenzado fabricando telas engomadas y que, durante más de ochenta años, fue sinónimo de neumáticos argentinos.

Una historia que refleja el modelo argentino

La trayectoria de FATE sintetiza tensiones clásicas de la economía argentina: desarrollo industrial versus primarización, protección del mercado interno versus apertura importadora, y puja distributiva entre capital y trabajo.

Desde su nacimiento como fábrica de telas engomadas hasta su consolidación como gigante del neumático, pasando por la fabricación de calculadoras y su presencia en las camisetas de los clubes más populares del país, la historia de FATE es también la historia de los vaivenes políticos, económicos y sociales de la Argentina contemporánea.

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