El “Yin y Yang” de la economía: Inflación a la baja vs. Costo de servicios
El análisis de Tiscornia desmenuza la aparente contradicción entre la desaceleración inflacionaria y la persistente dificultad de los hogares para llegar a fin de mes.
La clave, según explica, radica en una distorsión que arrastra un cuarto de siglo: el precio de las tarifas públicas (luz, gas, agua y transporte).
La herencia de las tarifas pisadas
Desde la salida de la convertibilidad en 2002, los sucesivos gobiernos (con la excepción de la gestión de Macri) utilizaron el poder político para congelar estos valores. Esto beneficiaba el bolsillo inmediato del consumidor, pero destruía las cuentas públicas del Estado.
Respecto al mercado laboral, Tiscornia relativizó el salto de la desocupación comparándolo con crisis anteriores: “Si te vas a la década del 90, en el 95 ya tenías 12% de desempleo y saltó al 17%, para terminar en 2002 arriba del 20%. No es ni por casualidad el tipo de situación que estamos viviendo”.
Además, anticipó que el empleo del futuro mutará hacia los servicios y los complejos vinculados a las ventajas comparativas del país (cadena agroindustrial, minería y energía), dejando atrás estructuras manufactureras rezagadas tecnológicamente o sostenidas por un proteccionismo artificial con precios astronómicos.
El dilema cambiario y la escasez de crédito
Consultado sobre el debate del atraso cambiario y la permanencia de restricciones financieras (cepo), el director de Tiscornia & Asociados relativizó el impacto de la brecha cambiaria actual, que se ubica en torno al 5%. Para el economista, el destino final de la economía argentina debe ser un régimen de flotación libre, un objetivo hacia el cual se avanza de manera gradual.
Por otra parte, explicó que la falta de crédito bancario en el país -que apenas representa un 10% del PBI- excede las decisiones de tasas del corto plazo y responde a una profunda desconfianza histórica y a la falta de seguridad jurídica.
Balance y asignaturas pendientes
Para concluir, Tiscornia justificó su calificación de 8 para el equipo económico señalando que se modificaron variables esenciales que explicaban el declive de los últimos 50 años.
Para alcanzar una nota de excelencia, el analista concluyó que el Gobierno requiere avanzar decididamente en dos frentes específicos: acelerar la convergencia hacia la total flotación cambiaria sin restricciones y mejorar de manera sustancial la gestión operativa y la eficiencia del propio Estado.