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En Caleta Olivia, una causa judicial que intenta echar luz sobre la desaparición de un vecino dio un giro tan inesperado como cinematográfico en las últimas horas.
Tal como lo informó La Opinión Austral, la Prefectura Naval Argentina, en el marco de una serie de allanamientos ordenados por la Justicia, descubrió cuatro lingotes de oro puro valuados en la friolera de 1.200 millones de pesos, ocultos de la manera más insólita: sumergidos en el depósito de agua de un inodoro.
El trasfondo de este despliegue se remonta al 8 de diciembre de 2025, fecha en la que se perdió todo rastro de Mario César García, un hombre muy conocido en la localidad. Desde aquel momento, la incertidumbre sobre su paradero mantuvo en vilo a la comunidad.
Las primeras líneas investigativas y la falta de resultados concretos motivaron incluso que el Gobierno nacional ofreciera una recompensa de cinco millones de pesos para quienes aportaran datos útiles, un pedido impulsado por el Juzgado de Instrucción N° 1, a cargo del juez Marcos Pérez Soruco.
La hipótesis principal que desvela a los investigadores es categórica: se investiga un presunto homicidio. Fue precisamente en la búsqueda de elementos vinculados a este luctuoso suceso que los efectivos irrumpieron en dos inmuebles de la zona.
En el primer domicilio, las sorpresas se acumularon rápidamente. Además de identificar a tres personas mayores de edad, el personal halló los lingotes de oro que pesaban más de dos kilos y medio.
El inventario incautado incluyó también un automóvil, un equipo de grabación de cámaras de seguridad, teléfonos celulares, 38 vainas servidas, sobres con hisopados tomados sobre una heladera y diversos objetos de interés.
Un segundo procedimiento en otra propiedad de la ciudad permitió identificar a cuatro personas -dos adultos y dos menores- y secuestrar más aparatos móviles. Por el momento, los involucrados quedaron supeditados a la investigación, sin que se hayan formalizado imputaciones ni llamados a indagatoria.
El revuelo no tardó en instalarse en la opinión pública, y las voces de la defensa comenzaron a cuestionar el rumbo de los operativos. En diálogo con Canal 2, el abogado Marcelo Fernández, representante de la familia Álvarez -uno de cuyos domicilios fue allanado-, alzó la voz para criticar el criterio de los secuestros. El letrado detalló que los procedimientos incluyeron la toma de pericias e hisopados, además del secuestro de un auto utilizado por su clienta para concurrir a su trabajo.
Fernández hizo hincapié en la paradoja temporal de la medida: los teléfonos celulares retenidos habían sido adquiridos recientemente -uno en marzo por cuestiones laborales de la docente y otro apenas unos días antes-, ya que los aparatos anteriores les habían sido requisados en febrero.
“En estos celulares nuevos no tiene sentido buscar porque fueron comprados con posterioridad al primer allanamiento, por lo que por más que se pericien no se va a encontrar nada relacionado con el hecho del 8 de diciembre de 2025”, indicó.
Según explicó el abogado, la vinculación de Álvarez no responde a una relación de amistad estrecha con la víctima, sino a cruces ocasionales en un club de pesca o en distintos puntos de la ciudad. Sin embargo, el único anclaje técnico que ubica la pesquisa en esa cuadra es que la última antena del celular de García registró actividad en las inmediaciones de una escuela local.
Fernández advirtió que el radio de cobertura de una antena abarca entre 150 y 200 metros a la redonda, por lo que la ubicación es imprecisa y pudo haberse tratado de cualquier punto cercano.
Con todo, el gran enigma que desvela tanto a los sabuesos judiciales como a los vecinos de la región es la procedencia de los lingotes de oro.
Si bien en un principio se especuló con la posibilidad de que estuvieran vinculados a un resonante robo cometido en Patagonia Gold en 2023, fuentes federales consultadas por La Opinión Austral descartaron de plano esa teoría, aclarando que los metales sustraídos en aquel entonces respondían a la modalidad Bullion D’ore y diferían sustancialmente de las piezas halladas en el sanitario.
La gran incógnita que flota en el aire es de dónde salió semejante caudal de riqueza, a quién pertenecen verdaderamente y por qué nadie denunció su faltante.
Entre lingotes ocultos en el agua de un baño, teléfonos que serán sometidos a los peritajes correspondientes en busca de información clave para la causa, reclamos por los tiempos procesales y la angustia perpetua de una familia que sigue sin hallar respuestas, el expediente sigue abierto.
Las preguntas se acumulan sin piedad en el horizonte en una causa que conmocionó a Caleta Olivia y a toda la provincia de Santa Cruz: ¿A quién pertenecen los lingotes de oro? ¿Cómo llegaron a parar a ese depósito de agua? ¿Qué secretos esconde esa cuadra de Caleta Olivia? Y, por encima de todo, ¿dónde está Mario?
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