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Una historia de resistencia, dolor y miedo conmociona a la comunidad de la localidad de Caleta Olivia. Betiana Herbsomer, una joven de esta ciudad, decidió alzar la voz y hacer pública su experiencia como sobreviviente de violencia y abusos sexuales sufridos durante su niñez a manos de quien fuera pareja de su madre.

La joven autorizó a La Opinión Austral a publicar lo que ella llama “su historia” debido a que siente que “mientras más difusión mejor” y tiene la necesidad de “ayudar a que otras personas (que estén viviendo lo mismo que ella pasó en su infancia) se anime a hablar, pedir ayuda o sentirse menos sola“.

En un desgarrador relato, Betiana explicó que todo comenzó cuando tenía apenas seis años. “Vivía con mi mamá, mis hermanas menores y quien en ese momento era la pareja de mi mamá, Víctor Javier Reyes. Aunque no era mi padre biológico, ocupó un lugar de autoridad en mi vida. Me obligaba a llamarlo “papá”, a pedirle permiso para todo y ejercía un control absoluto sobre mí”, contó.

En un hogar donde ya imperaba la violencia contra su madre, la pareja de ella comenzó a someterla. “En mi casa había violencia. Crecí viendo episodios de violencia física, psicológica y verbal contra mi mamá. En ese contexto comenzaron los abusos hacia mí. Yo era apenas una nena, me sometía a tocamientos, manoseos, exhibicionismo y otras situaciones abusivas“.

Ante esas situaciones de abuso, Betiana dice que “No entendía lo que estaba pasando ni por qué” y recordó que el hombre, su padrastro, el que la obligaba a llamarlo “papá”, la amenazaba con que si llegaba a hablar y develar lo que ocurría puertas adentro o no hacía lo que el quería “iba a golpear a mi mamá o hacerles daño a mis hermanas menores” por lo que vivía con miedo.

Además, los hechos fueron escalando en gravedad una vez que creció y comenzó a tener su periodo menstrual: “Ese día me escribió una carta en la que me felicitaba por haberme convertido ‘en una mujer’. Mientras aparentaba celebrar, fue también el momento en que los abusos escalaron y comenzaron los accesos carnales”, relató.

Y agregó que al mirar hacia atrás puede entender el cinismo de ese gesto y que mientras el terror sucedía dentro de su casa, “(Reyes) hacia afuera proyectaba una imagen completamente distinta”. “Siempre estaba bien vestido, era visto como una persona responsable y se mostraba como un padre preocupado. Asistía a mis actos escolares, a las reuniones de la escuela y aparentaba interesarse por mi educación. Muchas personas conocieron esa imagen. Yo conocí otra realidad”, añadió.

Betiana logró romper el silencio a los doce años. Reunió pruebas, denunció y declaró en Cámara Gesell, logrando que el agresor fuera condenado y cumpliera una pena de prisión. El juicio se realizó el 20 de abril del 2015 en la Cámara Criminal, presidido por el juez Juan Pablo Olivera y el fiscal Carlos Rearte.

En ese entonces, Reyes fue condenado a 11 años de prisión como autor penalmente responsable del delito de abuso sexual con acceso carnal doblemente calificado por ser encargado de la guarda y contra un menor de dieciocho años conviviente en concurso real por ser de carácter reiterativo. 

De acuerdo a información a la que tuvo acceso La Opinión Austral, la madre de la joven declaró en esa instancia: “Yo me entero en la mañana de lo que pasó, me siento a hablar con ella y se quiebra en llanto, me dijo que abusaba de ella hacia un tiempo y le creí inmediatamente. Reyes empezó a llamarme que no era así, a la mañana siguiente seguía negando y al cuarto día me dijo que la nena consentía las relaciones sexuales y no lo consideraba abuso por eso“.

El temor tras su liberación

Sin embargo, la calma fue temporal: “Hoy esa persona recuperó la libertad y vive en la misma ciudad que yo. Saber que puedo cruzármela en cualquier momento me genera un miedo constante”, contó y sumó que su miedo es porque actualmente “mantiene una relación con una persona que integra la fuerza policial y porta un arma reglamentaria“.

“Esa situación aumenta mi sensación de vulnerabilidad y el temor por mi seguridad, la de mi hija y la de mi familia”, explicó y señaló que aunque no afirma que vaya a ocurrir algo, “después de todo lo que viví, convivir con ese miedo es parte de las consecuencias que todavía cargo”.

La joven señaló además que no es un hecho aislado y que el sujeto cuenta con otras denuncias en su contra: “Existen otras denuncias presentadas por otras mujeres que también manifestaron haber sido víctimas de conductas similares. Lo menciono porque, para mí, fue importante comprender que lo que viví no fue un hecho aislado“.

Finalmente, Betiana dijo que comparte la historia porque “el silencio nunca protegió a quien sufrió; solo protegió lo que ocurrió” y que siente que así puede ayudar a que “otra persona se anime a hablar, a pedir ayuda o a sentirse menos sola“.

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