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Una vecina de la localidad de Caleta Olivia, llamada Mariela Andrea Araya (48), acudió a La Opinión Austral para contar su historia y solicitar la ayuda de los vecinos y vecinas de la provincia de Santa Cruz. Tiene discapacidad a raíz de un trastorno neurológico progresivo que le impide salir a trabajar, espera una pensión hace más de dos años y necesita ayuda urgente para pagar sus anteojos: “Puedo perder la visión de un ojo“.

La mujer, madre de tres hijos, abuela de un nene de 3 años y con una familia escasa que la sostiene en lo que puede, busca ayuda para hacerse anteojos de alta graduación, importantes para su salud. “Hace poco fui a la oftámologa Nancy Hughes en el Hospital Zonal, me miró la vista y lo que me dijo es que si yo no compro los anteojos, puedo llegar a perder la visión del ojo izquierdo, dado a que tengo una grieta”, comentó.

La receta para hacer los anteojos de la vecina caletense.

Necesita anteojos bifocales o multifocales, dado a que le recetaron dos –para ver de lejos y de cerca– con una graduación alta que resulta urgente para sostener su visión por unos años. La vecina cuenta con presupuestos de distintas ópticas de Caleta Olivia y los costos van desde 300 a 400 mil. “Apelo a la solidaridad de la gente, que me ayude con lo que se pueda, siempre lo voy a agradecer”, dijo.

Para ayudarla, pueden contactacta al 2974437773 (su celular personal). En caso de querer contribuir con donaciones -que “serán agradecidas”, según le dijo a este medio- su alias es mariela.araya1977 y su CVU 0000003100071821896471 que corresponden a la cuenta de Mercado Pago de Mariela Andrea Araya

“Estoy pidiendo ayuda para costear los anteojos para ir corrigiendo mi vista, mi vista es muy importante para mí porque sino ¿Cómo voy a andar? y más con esto que tengo. Mariela padece ataxia hereditaria, trastorno que le causa una pérdida de coordinación muscular, principalmente en la marcha, las manos y el habla. Las limitaciones le impiden salir de su casa para trabajar y tener una vida normal.

Es paciente del Hospital Zonal de Caleta Olivia. (FOTO: TAMARA MORENO/LA OPINIÓN AUSTRAL).

Su vida cambió rotundamente cuando le diagnosticaron el trastorno, en 2021: “Siempre tengo que andar acompañada de alguien, no puedo caminar sola porque el desequilibrio me tira; si no tomo tres litros de agua por día tengo que sufrir terribles dolores de calambres en todo el cuerpo; es algo que yo no se lo deseo a nadie, es feísimo, ya cuando me agarró esta enfermedad yo noté que la vista me había cambiado mucho”.

El profesional que la atiende es el neurólogo Pablo Bringas, del centro de salud caletense. Mariela cuenta con el Certificado Único de Discapacidad y espera una pensión nacional por invalidez desde julio del 2023. “Hago reclamos todo el tiempo a la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDis), pero no tengo respuestas o  me dicen que está estancado“.

El expediente por la pensión de Mariela no avanza desde el 2023.

“Saco fuerzas de donde sea para seguir adelante”

En diálogo con La Opinión Austral, Mariela contó su historia de vida luego de su diagnóstico. “Me cambió totalmente la vida porque yo de haber sido una deportista terrible, una persona que trabajaba todo el día, desde ahí no pude seguir trabajando, que es lo más horrible que me pasó en la vida. Fue algo que cambió mi vida al 100%”, contó.

Y agregó que con el paso del tiempo “No pude hacer nada más. No pude hacer ningún deporte. Se me vino la vida abajo, tuve depresión, estuve medicada y con mucha angustia porque no podía hacer mi vida como siempre la hice”. Mariela trabajó en limpieza de oficinas, atención al público en locales comerciales, masajista y cuidadora gerontológica.

Aunque le costó aceptar su trastorno, relató que con el tiempo entró en razón: “Dije no, Dios está conmigo y tengo que salir adelante. Empecé a hacer rehabilitación de en casa, ejercicios físicos y del habla porque en un momento no se me entendía lo que decía“. Mariela manifestó que tener ataxia hereditaria es muy triste y duro, pero consideró que “uno tiene que seguir intentando“.

Finalmente, contó que sus hijos adolescentes “me dicen deja mami que yo lo hago, pero yo tengo que poder hacerlo sola, les digo que no, que me dejen hacerlo sola, necesito ir entendiendo que yo lo tengo que hacer, que tengo que sacar valor y fuerzas de dónde sea para seguir adelante, tengo que ser fuerte y no quedarme sentada a esperar que la enfermedad avance, aunque sea quiero mejorar un 50%”.

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