La emergencia desatada por los incendios forestales en la zona de Villa Lago Rivadavia (Chubut), ubicada sobre la Ruta Provincial 71 a unos cuatro kilómetros del acceso al Parque Nacional Los Alerces, genera una profunda preocupación entre vecinos, productores y prestadores turísticos. Desde hace semanas, la comunidad convive con el avance incesante del fuego, el humo persistente y la incertidumbre ante la posibilidad de perder viviendas, emprendimientos y años de esfuerzo.

En diálogo con el programa “Buen Día Comodoro”, que se emite por Seta TV, Diego Jiménez, oriundo de Comodoro Rivadavia y dueño de cabañas en el lugar, además de integrante de una familia histórica de la zona, describió con crudeza el escenario actual y la dimensión de una tragedia que, según afirmó, no registra antecedentes similares en la región.

Lo de ayer fue una locura”, expresó al referirse a una de las jornadas más críticas. De acuerdo con su relato, en apenas media hora se levantaron dos columnas gigantes de humo que avanzaron hacia ambos lados del asentamiento. “Parecían volcanes levantándose al oeste de la villa. Afectó la estancia Los Murmullos y toda la zona que está atrás de Villa Lago Rivadavia”, señaló.

Si bien el viento se desplazaba de manera paralela al poblado, las llamas en la montaña alcanzaron alturas cercanas a los 200 metros, generando un contexto de riesgo extremo. “El fuego se sintió más fuerte ahora en enero, pero en realidad empezó el 9 de diciembre dentro del Parque Nacional. Desde ahí no paró”, precisó.

La proximidad del incendio derivó en evacuaciones preventivas, una medida especialmente sensible para adultos mayores y residentes permanentes. La familia de Diego integra ese grupo. Sus padres se conocieron en la universidad y eligieron radicarse en la zona hace cuatro décadas, cuando pusieron en marcha un pequeño complejo de tres cabañas.

Mi papá falleció hace dos años y mi mamá, Alicia, tiene 76 años y vive ahí todo el año”, relató. En el momento de mayor tensión, la indicación de los bomberos fue clara: debía abandonar la vivienda de inmediato. “La subieron a una camioneta con su perra. Ella me dijo que se fue llorando todo el camino hasta Cholila, por la angustia de ver la magnitud del humo y sentir que podía perder todo lo que construyeron en 40 años”, lamentó.

Alicia encontró resguardo primero en El Cajón, en la casa de amistades cercanas, y luego se trasladó a Cholila, donde permanece a la espera de novedades. “Ahora está en Cholila, esperando ver si hoy mismo puede volver”, comentó Diego, todavía atravesado por la incertidumbre.

“Un caballo se prendió fuego

El frente de fuego llegó a situarse a solo 300 o 350 metros de la vivienda familiar. “Subí a medir la distancia porque no lo podía creer”, contó. En el sector, al menos una casa resultó alcanzada por las llamas durante la jornada del miércoles, en un área comprendida dentro de la reserva. El resto de las construcciones logró mantenerse gracias al esfuerzo permanente de los equipos de emergencia.

Un caballo se prendió fuego y bajó corriendo desesperado. Eso obligó a los helicópteros a tirar agua muy cerca de la villa”, recordó. El despliegue humano resulta masivo. “Ayer había cerca de 300 brigadistas y se hablaba de que podrían llegar a ser 500”, indicó.

La logística se concentra en la escuela local y funciona bajo una presión constante: “El cocinero me contaba que pasaron de preparar 160 viandas a 300 en un solo día. Los brigadistas llegaban, comían en dos minutos y volvían a subir a la montaña, incluso de noche”.

Brigadistas realizan una labor incansable para contener las llamas.

El imparable trabajo de brigadistas

Pese al compromiso, Jiménez advirtió sobre las limitaciones materiales y el desgaste físico acumulado: “En 40 años viviendo acá nunca vimos algo así. El incendio de 2015 en Lago Cholila fue muy grande, pero ocurrió en una zona menos poblada. No se vivió esta sensación permanente de amenaza, de humo constante y fuego tan cerca de las casas”.

Asimismo, detalló: “Estoy trabajando con mi cuñado y un amigo limpiando pinares y material combustible alrededor de la casa. Encima se nos rompió una motobomba y estamos tratando de arreglarla como podemos”. Las consecuencias del incendio también golpean con fuerza a la fauna y a los animales de la zona, afectados por el fuego, el humo y la escasez de alimento. “Los animales huyen, se queman, se pierden. Es devastador”, resumió.

Por último, el vecino reclamó mayor acompañamiento y visibilidad para lo que ocurre en el lugar. “Los brigadistas están haciendo un trabajo heroico, pero necesitan más apoyo. Esto no es algo menor ni pasajero. Está en juego el patrimonio natural y la vida de quienes vivimos acá”, sentenció.

(Con información de ADNSur)

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