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Por Alejandro Carrizo (Diario Crónica)
La ciudad de las oportunidades, la del progreso. La del viento fuerte. La que te recibe sin preguntarte nacionalidad, origen ni etnia. La de los cortes de agua. La que produce para muchos y recibe casi nada.
Duele, que te pase todo esto, Comodoro.
Hace daño con mucha fuerza. Sacude, lastima, zamarrea, cachetea y apena. Apena muchísimo ver a mi ciudad de este modo.
Por Valeria, que sólo salió a caminar. Duele.
Por Diego, que buscaba trabajo y no volvió más. Duele.
Por Juana y Pedro, que se subieron a una camioneta y nadie sabe nada de ellos. Duele.
Por los barrios Sismográfica, El Marquesado, Los Tilos, Médanos. Por las familias sin techo y sin mañana. Por los perritos asustados. Duele, mi Comodoro.
Pero del dolor nace la vida. Roguemos que de ese alumbramiento se termine pariendo resiliencia, reconversión y credibilidad. Que estos padecimientos no pasen sin dejar huellas de enseñanza y sobre todo de fe.
Porque a pesar de todo, somos muchos los que te valoramos, los que te bancamos con tus vientos, cortes de agua y calles complicadas.
Porque nos duele, seguiremos desafiando a cada tormenta que se venga.
Dolés tanto, Comodoro, que jamás vamos a dejarte solitariamente indefenso.
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