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Por Ismael Tebes (Especial para La Opinión Austral)

La muerte de Ángel López, de apenas 4 años, en Comodoro Rivadavia, sacudió a la ciudad y reabrió una herida reciente en la memoria colectiva: la del caso de Lucio Dupuy. Dos historias distintas en geografía, pero con inquietantes similitudes en los hechos, en los indicios previos y, sobre todo, en las fallas del sistema que debía protegerlos.

Ángel no murió en un hecho aislado sino que lo hizo en un contexto donde, según denuncian familiares y personas de su entorno, hubo señales claras de maltrato que no fueron atendidas.
Lorena Andrade, pareja del padre y quien lo crió durante años, lo resume con crudeza: “Quiero justicia por Ángel, quien fue asesinado y maltratado. Las autoridades y defensores no hicieron nada a pesar de las señales de abuso. Nadie denunció a tiempo, y ahora Ángel está muerto”.

El reclamo no es solo emocional: es también institucional. Apunta directamente a organismos de protección, a decisiones judiciales y a la intervención —o falta de ella— de quienes debían actuar.

Un niño que pedía ayuda

Los relatos reconstruyen una escena repetida en ambos casos: un niño que cambia, que muestra miedo, que deja de ser el mismo. “El nene estaba asustado, el nene colapsó. ¿Qué le hicieron? No me vengan a decir ahora que no presenta nada”. Según Lorena, Ángel llegó al hospital en estado crítico y nunca volvió a despertar: “Ya llegó en coma, Ángel no despertó más. ¿Qué pasó con los días previos? ¿Qué le hicieron jueves, viernes, sábado? El cuerpito colapsó”.

La reconstrucción que hacen quienes lo conocían es la de un niño que venía mostrando signos de deterioro físico y emocional, visibles para su entorno cotidiano. Una de las críticas más duras apunta al silencio o la inacción de quienes veían a Ángel en su rutina diaria. “La gente veía que Ángel iba golpeado ¿por qué no denunciaron? ¿Por qué dicen ahora?”.
Incluso se mencionan ámbitos donde el niño habría dado señales explícitas: “En taekwondo veían que iba con golpes, él les decía cómo le pegaba la mamá… y nadie hizo nada. ¿Cómo no te vas a dar cuenta que el nene viene golpeado, que viene con marcas?”.

En esa línea, Antonella, mamá de otro niño del jardín, refuerza esa percepción de alerta ignorada. “Angelito no estaba bien. Se notaba en cómo iba vestido, en cómo estaba. Esto se podría haber evitado. Siempre fue un niño alegre pero ya al final no quería hacer nada, lloraba y estaba distinto”.

Decisiones judiciales bajo la lupa

El punto más crítico, y el que más vincula este caso con el de Lucio Dupuy, es la intervención del sistema judicial y de protección de menores. Según denuncian, Ángel fue entregado a su madre biológica pese a los cuestionamientos previos. “Tenían el poder de decir ‘vos no sos nada, firmo acá y se va con la madre’ y lo entregaron”. La decisión incluyó, además, restricciones para quienes lo habían criado: “Teníamos una perimetral por 3 meses, no nos podíamos acercar a Ángel”. Esa combinación —traslado de tutela y alejamiento de figuras de cuidado— aparece como un punto de quiebre en la historia del niño.“Si nos hubiesen escuchado, Ángel hoy estaría vivo”. Y suma una acusación directa contra funcionarias del sistema. “Ejercieron abuso de poder. Se nos cagaban de risa cuando advertíamos lo que pasaba”.

La escena posterior a la muerte es tan cruda como reveladora del nivel de indignación. “Lo estamos velando todo roto… todo cosido. ¿Por qué? ¿Cómo lo mataron?”, dijo durante el velatorio que se realizó en una sala de la Servicio Solidario de Sepelios de la Sociedad Cooperativa Popular Limitada en calle Canadá.

El dolor se mezcla con la impotencia frente a la falta de detenciones. “¿Por qué no están presos? ¿Por qué no los detienen?”. Y con el temor de que la historia pueda repetirse. “Tienen un bebé de meses… ¿quién sigue ahora?”.

El paralelismo con el caso de Lucio Dupuy no es solo mediático: es estructural. En ambos casos hubo advertencias previas de maltrato; existieron intervenciones del sistema judicial o de protección y se tomaron decisiones que terminaron alejando al niño de su entorno protector. Y finalmente, el desenlace fue fatal.

El caso de Lucio generó condenas judiciales, reformas y un fuerte debate nacional. Sin embargo, la muerte de Ángel vuelve a instalar una pregunta incómoda. ¿Qué cambió realmente en el sistema de protección de la infancia?.

Una justicia en discusión

La causa por la muerte de Ángel avanza en la Justicia, pero en paralelo crece el cuestionamiento social. No solo se busca determinar responsabilidades penales, sino también responsabilidades institucionales. “Quiero que los responsables den la cara y expliquen por qué no actuaron”, reconoció su “mamá del corazón”. La historia de Ángel, como la de Lucio, deja una marca profunda. No solo por la brutalidad del final, sino porque todo indica que hubo tiempo para evitarlo. Y esa es, quizás, la herida más difícil de cerrar.

Según las primeras evaluaciones del personal forense, presentaba lesiones internas en la cabeza. Durante la autopsia además se tomaron múltiples muestras patológicas que intentarán determinar las causales que derivaron en su deceso en medio de éste conflicto familiar.

La Brigada de Investigaciones efectuó una inspección ocular en la vivienda que ocupaban la madre del menor y su pareja, situada en la Extensión del barrio Máximo Abásolo. No se conocieron detalles del procedimiento que se habría efectuado sin la presencia de los moradores de la precaria casa en la que Ángel había sido trasladado por una disposición de la Justicia.

La madre biológica abandonó al niño al año de vida para emigrar hacia el norte del país, quedando el menor a cargo de su padre y su pareja. Ángel llamaba a su madre “por su nombre” y no como “mamá”. Y como quedó expresado en una serie de videos que se viralizaron en redes sociales, el niño lloraba y se expresaba negativamente cuando funcionarios públicos formalizaron el trámite dispuesto por la Justicia de Familia. Los familiares cuestionan que la madre biológica lo “dejó” en la Unidad de Terapia Intensiva Pediátrica para luego retirarse a su domicilio hasta ser anoticiada de su fallecimiento.

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