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Con apenas 11 años, Oriana ya se convirtió en una de las grandes promesas del tenis de mesa argentino. Su historia con este deporte comenzó cuando tenía siete años.
“Empecé a jugar a los siete años. Apenas llegaba a la mesa”, recuerda. En ese entonces practicaba distintas disciplinas en el gimnasio Benjamín Verón: fútbol, gimnasia artística, ballet, vóley, básquet, handball e incluso música. También había conseguido podios en varias de ellas, pero el tenis de mesa terminó siendo su verdadera pasión.
“Me quería acoplar al tenis de mesa, me gustó y me quedé solo con este deporte. Dejé todos los demás“, cuenta.
Hoy, la rutina de Oriana está marcada por la constancia. Asiste a la escuela de 7 a 11 de la mañana, almuerza, realiza ejercicios específicos y, los lunes, miércoles y viernes, entrena desde las 18.30 hasta las 21.30 bajo las órdenes de Sebastián Paredes, quien está a cargo de su preparación técnica y física. Antes de cada torneo nacional también suma trabajos de entrenamiento funcional.
“Es mucho sacrificio llegar al número uno del ranking nacional, pero me pone muy contenta“, asegura.
Pese a la exigencia deportiva, no descuida sus estudios. “Siempre pido la tarea porque no me gusta que la carpeta me quede a medias”, afirma.
El camino hacia el alto rendimiento también implica renuncias. Muchas veces debe faltar a cumpleaños y reuniones familiares para entrenar o competir.
“Mi familia me apoya siempre. Igual les pido perdón por no estar. Me da un poco de tristeza perderme esos momentos”, reconoce.
Uno de los recuerdos más emocionantes de su carrera ocurrió durante el Abierto de la República, en Buenos Aires, donde consiguió el ansiado lugar en la Selección Argentina.
“El último partido fue contra Aitana (NdeR: Aitana Bibbo, de Santa Fe, número 2 del ranking nacional en U11). Estaba demasiado nerviosa. Íbamos iguales, pero en el último punto respiré y pude ganar. Ahí entré a la Selección Argentina. Lloré de la emoción“, relata.
Además de sumar numerosos títulos nacionales, Oriana también logró un importante triunfo internacional al quedarse con el primer puesto en un torneo disputado en Chile. Su crecimiento se complementó con la participación en campamentos de alto rendimiento realizados en Buenos Aires, Rosario y Salta, donde entrenó junto a otros integrantes de la selección y profesores especializados.
Cuando habla del futuro, no duda: “Ojalá siga haciendo este deporte toda la vida. Lo amo tanto que no creo dejarlo nunca“. Y agrega cuál es su gran objetivo: “Me gustaría llegar a los Juegos Olímpicos“.
El próximo gran desafío será el Campeonato Panamericano, que se disputará en Houston, Estados Unidos, en septiembre. Para poder representar a la Argentina, su familia organiza rifas y distintas campañas solidarias que permitan afrontar los costos del viaje, la estadía y la competencia.
“Los compañeros de trabajo de mi mamá ayudan con las rifas, también mi familia y mucha gente que colabora”, destaca.
El tenis de mesa de alto rendimiento demanda una inversión constante. Solo una de las gomas profesionales de la paleta cuesta alrededor de 150 mil pesos, a lo que se suman la indumentaria, los traslados y las inscripciones a los torneos.
Oriana viajaría a Houston acompañada por su entrenador, Sebastián Paredes, y otra integrante de la Selección Argentina. Quienes deseen colaborar para que la joven pueda cumplir este nuevo sueño deportivo pueden hacerlo mediante una transferencia al alias Oriana.Panamericano.

A tan corta edad, Oriana Alvarado ya alcanzó un lugar de privilegio en el tenis de mesa argentino. Su presente confirma un talento que ilusiona al deporte nacional y que, con el acompañamiento necesario, buscará dar un nuevo paso en el escenario internacional defendiendo los colores de la Argentina.
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